sábado, 25 de noviembre de 2023

José Carlos, el cronista

En una era preinternet, antes de que el mundo estuviera conectado de manera instantánea como ahora, José Carlos Mariátegui escribió sabrosas crónicas internacionales ya estando de regreso en el Perú, después de una valiosa estadía y aprendizaje de cuatro años por Europa. Haciendo acopio del servicio cablegráfico de noticias, aquel que utilizaban todos los diarios del mundo para informar lo que sucedía en el planeta, el Amauta analizó y diseccionó la realidad del Viejo Mundo y del Oriente con la experiencia y el amplio dominio que poseía de la escena mundial.

Asombra y admira la sagacidad y agudeza con que se mueve por entre los sucesos y los personajes que hicieron la historia de esos continentes hace cien años. José Carlos escudriña la realidad internacional con una versación y puntillosidad insuperables. Nada escapa a su perspicaz mirada de cazurro observador de los vaivenes políticos de una época signada por la insurgencia del fascismo, la consolidación del comunismo en la Unión Soviética, el problema de las reparaciones de la posguerra, la dictadura de Primo de Rivera en España y también de los sucesos del lejano Oriente, como el conflicto ruso-chino y la lucha por la independencia de la India.

El ensayista peruano, muerto de manera prematura a los 36 años, publicaba sus crónicas en las revistas de entonces, como Variedades y Mundial. Tenía una sección, que titulaba “Lo que el cable no dice”, pues era consciente de que los servicios cablegráficos de las agencias de prensa daban un enfoque a las noticias con un sesgo ideológico definido. Todo ese conjunto de artículos periodísticos se publicó posteriormente en la colección de obras completas del autor, en tres volúmenes y bajo el título de Figuras y aspectos de la vida mundial. José Carlos se detiene en cada país para auscultar su devenir político, su práctica parlamentaria, la dinámica de los partidos y coaliciones luchando por el poder, lo mismo si es Alemania o Francia, Suiza o Grecia. Casi ningún país europeo está ausente de sus lúcidos análisis.

Los artículos van desde el año 1923 cuando, como decía líneas arriba, el Amauta regresa de su periplo europeo al Perú, habiendo desposado, como afirmaba en algún texto autobiográfico, una mujer y algunas ideas, hasta marzo de 1930, semanas previas a su deceso en abril de aquel año. Fue fecunda la estadía en el Viejo Mundo de este hombre dotado de una curiosidad infinita, dueño de una mente preclara que le permitía abarcar con gran clarividencia la menuda marcha de un continente que venía de atravesar por un conflicto bélico que lo había dejado devastado. También están los asuntos económicos y sociales, por supuesto, pero supeditados a la constante de los forcejeos políticos que hacen la vida de todo país moderno.

Premunido de una ideología y una fe, sus apuntes sobre la confrontación entre capitalismo y socialismo en el panorama mundial no lo distraen de los particularismos que subyacen en cada movimiento que, bajo la bandera de una lucha ideológica, pueden esconder intereses contradictorios, que conspiran a la larga contra la propia dirección de su mandato doctrinario, como es el caso de los partidos socialistas europeos, arropados muchos de ellos de prácticas reformistas, concesivas y abiertamente contemplativas frente al avance de la extrema derecha. Los tiempos siguientes le darían la razón, cuando el fascismo y su encarnación alemana, el nazismo, tomarían la dirección de una Europa que desembocaría pocos años después en una de las conflagraciones más fatídicas del siglo XX.

Con una prosa transparente, periodística en el mejor sentido del término, pues yo creo también que el periodismo es uno de los modernos géneros literarios, Mariátegui va desgranando ante nuestros perplejos ojos, todo un paisaje que el mundo vivía hace exactamente un siglo y que, según constan en los sucesos de estos días, parece que volviera como en un reflujo cíclico, como es el caso, por ejemplo, del resurgir de los partidos de ultraderecha que vienen alcanzando el gobierno en varios países de Europa y América.

Una relectura que, en estas semanas, ha sido gratificante y enriquecedora como siempre.


Lima, 24 de noviembre de 2023.   

sábado, 4 de noviembre de 2023

Mujeres, vida, libertad

 

El 16 de septiembre del 2022 fue asesinada Jina Mahsa Amini, una joven iraní de origen kurdo detenida en las calles de Teherán por la policía de la moral -un anacronismo flagrante- por no llevar correctamente el hiyab, el velo islámico de uso obligatorio para todas las mujeres según lo dictamina la sharía. Estuvo algunos días en manos de sus captores, hasta que repentinamente se anunció su muerte. Al parecer, todo indica que en la comisaría fue maltratada, torturada de tal manera que perdió cruelmente la vida.

Al revelarse la noticia, miles de jóvenes iraníes se volcaron a las calles para expresar su protesta por el crimen. Fueron semanas enteras en que hombres y mujeres tomaron las vías públicas, culpando al régimen fundamentalista que los gobierna, por el a todas luces alevoso asesinato de una chica de 22 años que sólo había cometido la falta de no usar como debía la prenda que el poder identifica con la moral y las buenas costumbres. Es increíble que, a estas alturas de los tiempos, todavía existan países donde alguien puede ser penalizado por la forma como va vestido.

Por otro lado, la primera semana de octubre la Academia sueca anunció que la ganadora de este año del Premio Nobel de la Paz era Narges Mohammadi, una activista iraní por los derechos humanos, encarcelada en la prisión de Evin de la capital, por su lucha de tantos años en favor de los derechos y las libertades de las mujeres que viven bajo el opresivo régimen teocrático del país islámico, una realidad que precisamente saltó a la vista de todo el mundo a raíz de la muerte de Mahsa Amini.

Los dos hechos guardan una estrecha relación, no sólo porque la activista promovió desde la cárcel -donde purga una pena injusta impuesta por las autoridades judiciales, que obedecen al poder omnímodo del Ayatola Ali Jamenei-, una valiente protesta quemando el bendito velo islámico junto a sus compañeras de cautiverio, sino porque al ser reconocida por un premio de categoría mundial, se coloca su caso en un lugar visible para escarnecer la política autocrática y ortodoxa que caracteriza a la dictadura religiosa del país persa.

La situación de las mujeres en los países del Medio Oriente, específicamente en Irán, parecen ancladas en la Edad Media, donde una férrea legislación perseguía todo atisbo de libertad para cierto grupo de personas en la sociedad. Es de no creerse que en pleno siglo XXI, cuando en buena parte del planeta se van conquistando gradualmente los derechos a una plena participación de las mujeres en la vida nacional, haya remanentes de una visión estrecha y restrictiva en torno a la forma cómo el género femenino debe regir sus vidas. Me recuerdan, a veces, a esas disposiciones absurdas que imperan aún en algunos centros de enseñanza de Occidente, donde con el pretexto de la disciplina, se obliga a los estudiantes a cumplir reglamentos obsoletos en materia de libertades humanas.

Cómo puede ser posible, además, que, por exigir la plena vigencia de estos elementales derechos humanos, un ser humano, una mujer como Narges Mohammadi en este caso, sea encarcelado en nombre de una moral que fija sus parámetros en aspectos externos, superficiales, de las personas. Todo indica que las concepciones religiosas que pretenden normar la vida secular de los ciudadanos en cualquier sociedad, pecan de ingenuidad o ridiculez, o ambas cosas a la vez, para no mencionar los caprichos inverosímiles que pueden nacer de supuestos textos sagrados escritos hace siglos.

La familia de Narges ha tenido que huir del país hace varios años, víctima del acoso permanente y la hostilidad de las autoridades. Su esposo y sus dos hijos, a quienes no ve desde hace catorce años, viven actualmente en Francia, esperando el momento en que el gobierno de los ayatolas, presionado por la comunidad internacional, por los organismos de derechos humanos, por galardones como el mencionado, decida conceder la libertad a una mujer víctima de disposiciones retrógradas y totalmente desfasadas de época. Esto en paralelo al esclarecimiento de la muerte de Mahsa Amini, cuyos ejecutores deberían terminar en los tribunales y finalmente condenados por el delito cometido. Apuntala esta exigencia, la reciente concesión del Premio Sájarov a esta enésima víctima de la censura, la persecución, la opresión, que desgraciadamente aún imperan en algunos países de nuestro planeta.

 



 

Lima, 1 de noviembre de 2023.

viernes, 20 de octubre de 2023

Ojo por ojo

 

La violenta incursión del sábado 7 de octubre en Israel, perpetrada por el grupo radical islámico Hamás, ha sorprendido al propio sistema de inteligencia israelí, uno de los más sofisticados del mundo. La magnitud del ataque ha sido de tal envergadura, que un ministro del Estado judío lo ha comparado con lo que significó el 11 de septiembre para los Estados Unidos. Burlando unas fronteras con gran control militar, los milicianos palestinos han entrado por aire, mar y tierra a territorio hebreo. Se cree que sólo una preparación de mucho tiempo puede haber producido algo así, y lo curioso es que el servicio de inteligencia de Tel Aviv no lo haya detectado a tiempo, pues el control que ejerce el gobierno de Benjamín Netanyahu sobre la franja de Gaza es total. Lo tiene bloqueado de un modo absoluto, convirtiendo al pequeño territorio de 40 kilómetros por 15 en la prisión abierta más extensa del mundo.

Miles de cohetes y misiles han sido lanzados hacia territorio israelí desde Gaza, donde domina desde 2007 el grupo que ejecuta métodos terroristas. Pero la respuesta del país no se ha hecho esperar. Israel aplica a Palestina los métodos que los nazis utilizaron contra ellos. Una nueva shoá está en camino, o una nakba como dirían los palestinos, un exterminio masivo de la población gazatí a manos de estos verdugos que, validos de su condición de víctimas en el pasado, actúan ahora impunemente ante la vista y paciencia de Occidente, ante la pasividad de las llamadas democracias más avanzadas del mundo.

El señor Antony Blinken, secretario de Estado de Washington, ha tenido el impudor de declarar que su país siempre apoyará a Israel. No necesitaba decirlo, pues es bien sabido que la nación más poderosa del planeta ha estado siempre del lado del régimen sionista. Mientras tanto, el ejército se prepara para una invasión al norte de Gaza. Los palestinos huyen como pueden tratando de evitar una inevitable masacre. El único corredor habilitado para la salida, sin embargo, es bombardeado por las tropas israelíes, matando decenas de personas, entre niños, mujeres y ancianos. Si la acción de Hamás el sábado 7 es execrable por donde se le mire, cómo se puede calificar esta respuesta inicua y criminal de las fuerzas armadas judías, sobre todo si pensamos en las vidas de tantos inocentes que están atrapados en un callejón sin salida. El bombardeo de un hospital en Gaza, donde han muerto cerca de 500 personas, por ejemplo, es de una bestialidad sin nombre, un acto que nos devuelve de un solo plumazo a las cavernas.

Si el mundo sigue en este plan de ojo por ojo, la humanidad se quedará ciega, como dijo alguna vez el líder Mahatma Gandhi, figura capital de los derechos civiles del siglo XX, muerto también a manos de un fanático religioso. Ejercer el supuesto derecho a la venganza nos retrotrae a los tiempos en que las ciencias jurídicas estaban aún en pañales. Han pasado sus buenos siglos y, al parecer, hay naciones o individuos que las representan que siguen creyendo que esa es la mejor forma de hacer justicia. No podemos equiparar el accionar de una facción terrorista que tiene como objetivo aniquilar al adversario, con la de un Estado democrático moderno que, por lo menos en teoría, debe guiar sus políticas por valores que respeten los derechos humanos. Quienes arguyen que la contraofensiva israelí se justifica en su derecho a la defensa, no pueden pasar por alto los estándares del derecho internacional que están en juego.

La solución es aparentemente bien sencilla, ideada desde el inicio del litigio, a la caída del Imperio Otomano en 1917 y cuando, como consecuencia del reparto de las potencias vencedoras de la primera guerra mundial, todo el territorio de la Palestina pasó al poder del Imperio Británico, bajo la condición de un mandato. Y no es otra que la creación de dos estados, uno judío en Israel y otro árabe en Palestina. Sin embargo, tras 75 años de la creación del estado hebreo, no ha sucedido lo mismo con uno palestino. La complejidad del problema tiene que ver con los intereses de las grandes potencias en Medio Oriente, tal vez la región más convulsa del planeta.

El más monstruoso engendro creado por Israel, aquel que le sirvió para arrinconar al ala más moderada de la comunidad palestina, la recordada Organización para la Liberación de Palestina (OLP) cuyo líder histórico fue Yasser Arafat, y cuyo partido Al Fatah gobierna la zona de Cisjordania, es nada menos que este Hamás, la banda terrorista que ahora se alza contra su benefactor del pasado, como suelen hacerlo las entidades cuya existencia sólo se explica por razones utilizarías y pragmáticas.

El camino para encontrar una salida a este antiguo problema es peliagudo y espinoso, a pesar de su sencillez, como señalé antes. Lo terrible es que mientras tanto seguirán muriendo inocentes de uno y otro lado, se seguirá derramando sangre de manera inútil y descabellada, poblaciones enteras continuarán viviendo presas del miedo y la angustia, sobreviviendo en la peor de las incertidumbres, no sabiendo en qué momento un arma letal acabará con sus vidas ni cuándo serán empujados otra vez a la estampida. La sociedad occidental, que blasona de su condición de civilizada y cristiana, no puede permitirse esta barbarie en pleno siglo XXI. La situación humanitaria en Gaza es una afrenta inaceptable para los pocos rasgos de humanidad que aún nos quedan en este mundo.

 

Lima, 16 de octubre de 2023.



lunes, 16 de octubre de 2023

El camarada Eudocio

 

Yo era un muchacho de catorce años cuando los diarios publicaron la noticia de la muerte de Eudocio Ravines, una figura fascinante de la historia política del Perú. En uno de esos diarios, que ya leía con cierta frecuencia, fueron apareciendo fragmentos, a modo de capítulos por entregas, de la biografía del personaje. Como tenía la costumbre de leer todo el periódico, pues de esa manera me fui enterando de la vida y aventuras de quien ahora es el principal protagonista de la novela El camarada Jorge y el Dragón (Alfaguara, 2023), del escritor peruano Rafael Dumett. Era 1979 y tal vez en ese momento no reparé lo suficiente en la peripecia de este periodista y político de sinuosa y controvertida trayectoria.

La novela empieza con un Eudocio Ravines deambulando por el centro de Ciudad de México, pensando en volver a casa y llevar al circo a su mujer y a su hijo. Ha salido del periódico donde trabaja y siente que unas miradas lo siguen. Trata de escabullirse, para confundir a su hipotético perseguidor, internándose por las callejuelas que desembocan en la Av. Reforma, a la vez que busca un teléfono público para hacer una llamada y anunciar su llegada a su familia.

En el segundo capítulo la narración se desplaza a la infancia del protagonista en Cajamarca, donde vive con sus padres y sus hermanos. Un día su padre, Víctor, debe partir en busca de mejores oportunidades laborales, mientras su madre se ocupa de las labores caseras y se queda a cargo de los niños. Su abuelo José Manuel los visita con regularidad, y cuando éste muere, un pariente le consigue a su madre un puesto de preceptora en el pueblo de Matara, a algunos kilómetros de Cajamarca. Allí, mientras lidia con los abusos del hacendado, llega un día a la escuela la tía Adela, hermana de Víctor, para comunicarles que su hermano ha fallecido en una reyerta de caucheros en la frontera con Brasil.

Es el momento en que la vida de Shito, como lo llaman todos en casa, adquiere un rumbo que lo va a llevar por diversos escenarios que van preparando el increíble destino que tuvo. Pronto lo encontramos viviendo en la casa familiar de los Ravines en Cajamarca, con el tío Belisario a la cabeza. Por su intermedio ha conseguido un trabajo en la Casa Sattui, el centro comercial más importante de la ciudad. Shito ocupa la pieza de la biblioteca, donde pasará largas horas hurgando y leyendo la copiosa colección que aguarda en los anaqueles. Un libro que lo sorprenderá, y que será su texto de cabecera, es la Vida de Jesús, del escritor e historiador francés Ernest Renán.

También vive en aquella mansión la tía Laura y sus hijas, así como tía Adela, con quien vivirá y descubrirá aspectos perturbadores de la vida adulta, siendo todavía un joven que no ha pasado de los veinte años de edad, a pesar de los breves escarceos amorosos con Cuchita, una joven que conoce en la tienda y que un buen día le anuncia que no quiere verlo más porque su padre le ha dicho que no puede salir jamás con el sobrino del asesino de Llaucán. Conoce igualmente a Segundo, el hijo indio del tío Belisario, a quien imparte lecciones por encargo de este tío que goza en la localidad del prestigio y la gloria al haber sido uno de los héroes de las batallas de San Pablo y de Chorrillos durante la Guerra del pacífico. Exhibe ufano las medallas con que fue condecorado por el gobierno de Piérola.

La narración se centra luego en la figura de este soldado que ahora es una personalidad relevante en la vida política del departamento, como que ocupa el cargo de Prefecto. Siendo la primera autoridad de la región será partícipe de un hecho luctuoso que su sobrino tratará de soslayar cuando haga más adelante el recuento de su vida en su libro autobiográfico La gran estafa. Se trata de la denominada matanza de Llaucán, donde un grupo de campesinos arrendatarios del poderoso hacendado Don Eleodoro Benel, son reprimidos violentamente por las fuerzas del orden cuando expresan su protesta por el abusivo proceder del potentado, quien pretende subirles el alquiler de las tierras que él controla. Hay decenas de muertos que la prensa y los amigos del hacendado tratan de ocultar.

Cuando Belisario Ravines empieza a sentir los estragos de la enfermedad que lo carcome, la casa experimenta un remezón que pone de cabeza el orden establecido. El cancro va minando vertiginosamente la salud del oficial que combatió en las históricas jornadas épicas de la guerra contra el invasor. Shito contempla con pasmo el deterioro del hombre que se había erigido en su protector. Sabe que, en simultáneo con la desaparición física de su mentor, se vienen grandes cambios en su vida personal.  

La obra es la primera parte de un proyecto que formará una saga de la vida de quien fue en su juventud militante de los primeros movimientos revolucionarios del Perú, integrando alguna célula aprista cuando Haya de la Torre proclamaba su singular ideología. Luego pasaría a integrar el Partido Socialista de José Carlos Mariátegui, para, a la muerte del Amauta, convertirse en la figura número uno de la izquierda peruana y rebautizar su partido como Partido Comunista del Perú, organización que formó parte de la Tercera Internacional, bajo la égida de Moscú. Luego vendría el desencanto con el comunismo, a raíz de una visita a la Unión Soviética de Stalin, y su giro radical hacia la extrema derecha como anticomunista furibundo. Sus simpatías con los regímenes militares fascistoides de América Latina y su relación muy estrecha con la CIA, terminan por redondear esta imagen poliédrica y contradictoria del personaje central del proyecto novelístico de Dumett.

 

Lima, 19 de agosto de 2023.



Devorados por la selva

A casi cien años de su publicación, he tenido la oportunidad de leer una de las novelas que los críticos han considerado entre las cinco que fundaron la denominada narrativa de la tierra. Se trata de La vorágine, de José Eustasio Rivera, poeta, escritor y diplomático nacido en 1928 en Neiva, en el departamento de Huila, Colombia. Desde muy joven dio a sentir su inclinación por la poesía, siendo reconocido pronto como uno de los autores más prometedores en dicha carrera literaria. Estudió educación y posteriormente derecho y ciencias políticas. Como abogado, integró la delegación colombiana designada por el gobierno para el trazado de la frontera con Venezuela. Allí es donde tiene la ocasión de internarse por primera vez en las selvas del Orinoco y del Amazonas, sufriendo también los embates de una región inhóspita y salvaje.

También integró la representación de su país para la celebración de los centenarios de la independencia de México y el Perú, en 1921. Ese mismo año publicó su primer libro, Tierra de promisión, un volumen de 55 sonetos de estirpe modernista, a contrapelo de lo que en ese momento se imponía en el continente con la irrupción de los movimientos de vanguardia. Luego de visitar algunos países de Latinoamérica, se dirigió a los Estados Unidos, donde lo sorprendió la muerte en Nueva York mientras gestionaba la traducción de su novela al inglés. Los informes médicos diagnosticaron derrame cerebral ocasionado por la fiebre palúdica, enfermedad que habría contraído en sus incursiones por la jungla amazónica. Pero recientes estudios de su caso hablan de la posibilidad de una cisticercosis, una infección de los tejidos causada por parásitos.

La novela narra la aventura de Arturo Cova, un poeta bogotano que se enreda sentimentalmente con Alicia, una muchacha cuya familia la había prometido a un hombre mayor. Ante el escándalo que suscitaría en la familia y en la ciudad, ambos deciden huir, iniciándose la peripecia que primero los llevaría a la región de los llanos, para después penetrar en los bosques densos de la manigua, donde serían testigos de la explotación del caucho, que por esos años hacían de las suyas empresarios inescrupulosos como el peruano Arana. El relato combina de esta manera la denuncia social y la descripción lírica del paisaje; la vil explotación a que son sometidos hombres y mujeres para extraer la goma de los árboles, así como la cruda presentación de una realidad geográfica con el lenguaje refinado de un poeta citadino.

Al poco tiempo de errar juntos, un incidente separa a la pareja. Otros personajes se van sumando a la trama, haciendo de esta travesía una especie de inmersión en los infiernos para el protagonista, quien va conociendo a tipos diversos como el coronel Funes, el Cayeno, Barrera, Ramiro Estévanez y Clemente Silva, por un lado; y por el otro, a mujeres como la nativa Griselda, la turca Zoraida Ayram y la cautiva Clarita. Cada quien tiene asignado un papel en este tejido enmarañado de ambiciones y traiciones, de venganzas y crímenes. Por ejemplo, cuando Cova se entera de que Alicia ha caído en manos de Barrera, todo su derrotero apuntará a encontrarla y tomar venganza de su captor. Simultáneamente conoce a Clemente Silva, viejo conocedor de la intrincada región, quien vive con el objetivo de encontrar a su hijo Lucianito, perdidas casi las esperanzas de hallar a su hija, también extraviada desde que se fugó con un fulano.

El sorprendente relato de la leyenda de la Mapiripana, realizada por un personaje de la novela, simboliza todo el embrujo y el destino de quienes caen en las redes misteriosas de la floresta. Esta deidad fluvial subyuga y pierde a los hombres, los imanta con su poder irresistible, como a ese misionero abusador de niñas indígenas que, seducido por la belleza de la mujer, cae cautivo en sus brazos. Luego ella alumbra un ser monstruoso, vampiro y lechuza, que martiriza hasta la muerte al desgraciado. En ese mismo sentido se sitúa Zoraida Ayram, la turca que encarna en su salvaje sensualidad a la selva agreste y devoradora. Es el último escalón adonde desciende Arturo Cova, en esta odisea ctónica en la que es atrapado por la manigua.

Cuando al final se produce el reencuentro de la pareja inicial, Alicia está encinta y próxima a dar a luz, mientras en feroz contienda se produce la muerte atroz de Barrera, devorado por los caribes, peces carnívoros de los ríos amazónicos. Se separan definitivamente de don Clemente, a quien el protagonista deja sus manuscritos donde está contando su peripecia. Su decisión es dramática, pues significa adentrarse en lo más profundo del bosque. Y cuando el texto llega a las manos del cónsul, el único comentario telegráfico es que nuestros personajes se perdieron para siempre, devorados por la selva.

La vorágine es una narración que se lee como sugiere el título, lenta y pausadamente al comienzo, para hacerse al final vertiginosa, precipitándose el lector en un vórtice de hechos y acontecimientos que lo conducen al desenlace en un trágico final. Al filo de su centenario, la novela se yergue como un hito referencial de la novelística desmitificadora de la naturaleza, lejos de la visión idílica y bucólica del romanticismo e incluso del modernismo en boga.

Lima, 6 de agosto de 2023. 



domingo, 2 de julio de 2023

La madre de Pável


Una novela largamente postergada en mi lista de lecturas, de manera evidentemente injusta, ha sido La madre, de Máximo Gorki. La clásica obra del escritor ruso ha debido esperar este preciso momento para ser apreciada en su justa medida. Desde las primeras líneas, como sucede con las grandes creaciones, seduce de forma espontánea y concluyente al lector, envolviéndolo con su persuasiva y sugerente trama.

La historia del joven estudiante Pável Vlásov y su madre, nos presenta el panorama previo a los grandes acontecimientos que transformaron, para bien y para mal, a la esclerótica sociedad rusa de comienzos del siglo XX. Son los prolegómenos de la denominada gran Revolución de Octubre de 1917, que a la luz del tiempo y de una correcta interpretación histórica, no fue sino, como lo ha reafirmado varias veces el mismo Noam Chomsky, un anodino golpe de Estado, protagonizado por unos perspicaces políticos encabezados por Vladímir Ilich Ulianov, el legendario Lenin.


A la muerte del padre, un hombre violento e irascible que maltrata a la madre y oprime de manera autoritaria al hijo, la actitud de Pável da un vuelco radical. Cuando la madre lo ve un día leyendo un libro que había traído, una vaga inquietud estremece su alma. El joven ha comenzado a frecuentar los círculos revolucionarios y se involucra en la distribución de unas hojas sueltas con proclamas rebeldes.

Se reúne en casa con un grupo de amigos que comparten sus mismos objetivos, ante la mirada suspicaz de la madre, quien al principio recela de todos. Lentamente los va conociendo y va entendiendo que no son gente de mala entraña, sino jóvenes imbuidos de un espíritu purificador, que buscan cambiar la forma de vida de la gente más humilde, que vive sometida a una rutina vil y degradante.

Un día llega la policía y registra la casa de Pável. Se llevan detenidos a dos camaradas, entre ellos a Andréi, alias el Jojol, quien vivía con ellos. Pelagueia sufre cada vicisitud de cada miembro del grupo, su grado de identificación con ellos es cada vez más acusado, sus sentimientos maternales se extienden a quienes participan y colaboran con el hijo en su loable objetivo de alcanzar la verdad y la justicia para sus hermanos.

En los siguientes capítulos asistimos al lento pero seguro proceso de transformación de la sensibilidad de la madre hacia los quehaceres de agitación revolucionaria de su hijo. Esa mujer que vivía en función de su marido, principalmente, sometida a sus caprichos y dictámenes, se va emancipando moral y espiritualmente de sus fuertes lazos y va tomando consciencia de una realidad que en su rutina enceguecedora no veía. La prédica de Pável, las pláticas domésticas de su grupo, le han abierto el camino para su gradual ascensión a la cumbre de la consciencia social.

Es así que la madre, primero por devoción al hijo, pero luego por propia convicción, va propagando las nuevas ideas en una labor de proselitismo político por las aldeas y pueblos circunvecinos, llevando el mensaje de verdad y justicia a los mujiks que por siglos vivían bajo el régimen opresivo de los zares.

Cada vez más convencida de la causa que abrazan su hijo y sus camaradas, la madre ha perdido el miedo y se expone a todos los riesgos con tal de propagar la nueva fe en la verdad. Cuando ve que cada uno de los integrantes de la célula van cayendo, comprende que ese destino puede ser el suyo también.

Durante el juicio a Pável y los suyos, se muestra serena y reflexiva, anticipándose a lo que puede suceder. Y cuando los jueces dictaminan que todos deben marchar al destierro, comprende que esa es la lógica con que se maneja este mundo. El discurso de Pável ante el tribunal ha sido brillante, la madre está orgullosa de él y se apresta a distribuir ese mensaje por todos los rincones de la región. Pero la policía secreta le sigue los pasos, la va cercando cuando se encamina a propalar las palabras justas de Pável describiendo una realidad de iniquidad e injusticia. Al fin cae bajo el zarpazo de la autoridad, de los agentes que fungen de guardas del orden establecido. La madre es sometida al escarnio de la fuerza bruta que no repara en ninguna condición personal, que actúa ciegamente obedeciendo a una orden superior, que se ceba siempre con los más humildes y desprotegidos de este mundo.

Exponente mayor de la escuela rusa del llamado realismo socialista, corriente literaria erigida por el régimen soviético como la más idónea para propalar los principios y los dogmas de la revolución, la novela logra esquivar las trampas maniqueas y binarias de dicho movimiento gracias a la trama verosímil del autor y a una prosa que alcanza en muchos momentos ciertas alturas líricas que no se compaginan con la preponderante sequedad y utilitarismo de los preceptos de aquella. La pluma versátil y cautivadora de Gorki, puesta de manifiesto en sus hermosos textos autobiográficos, preside la ficción de cabo a rabo.

Ha sido sin duda una lectura reconfortante, más allá del final abierto donde vemos a la madre, que se ha convertido en una pieza fundamental en la labor de los jóvenes rebeldes, caer en las sucias garras de un poder abusivo y embrutecedor.

 

Lima, 30 de mayo de 2023.

lunes, 15 de mayo de 2023

El ojo moro

 

Un episodio extraliterario, un incidente más propio del mundo callejero que de los salones de la tertulia o el arte de las letras, ha servido de comidilla durante más de cuatro décadas, alimentando las especulaciones, desatando las hipótesis de periodistas, críticos, escritores, amigos y todo tipo imaginable de la fauna literaria, sobre los motivos, las razones o sinrazones de un acto violento protagonizado por dos de los autores más representativos de la literatura latinoamericana.

Este hecho ha sido materia de Los genios (Galaxia Gutenberg, 2023), la reciente novela de Jaime Bayly. El contundente derechazo que le propinó Mario Vargas Llosa a su, hasta entonces, mejor amigo, su compadre, el colombiano Gabriel García Márquez, mandándolo a la lona en un teatro mexicano, ha sido reconstruido con todos los pormenores que tanto los testimonios como la imaginación han aportado a su osado autor. La fotografía que Gabo se hizo tomar con el ojo moro con un amigo mexicano, se difundiría por todo el orbe literario y no literario como el símbolo y la seña de aquel incidente desagradable. Pero el colombiano lo tomó con humor y allí está para los anales del anecdotario latinoamericano.

Bayly es un narrador entretenido, cuyas novelas se leen con agrado y curiosidad, pero la mayoría de ellas son de poco calado, exploran minuciosamente la superficie de las cosas, sin profundizar en el trasfondo de la condición humana, ajenas a ese poso subterráneo de la aventura existencial. Sin embargo, esta novela parece ser una de las excepciones.

La novela empieza precisamente con la memorable trompada, luego salta dos años atrás cuando el matrimonio Vargas Llosa se muda de Barcelona a Lima. Aquí precisamente, en el transatlántico que los traía de Europa, se produce el encuentro del escritor con Susana Diez Canseco, la joven modelo por la que abandona a Patricia ni bien arriban al Callao. Mientras ella se establece en la casa que Mario ha edificado en Barranco, él se va con su amante a California, ciudad en la que viven Dorita y Ernesto, los padres del escribidor. El día que se conocieron los futuros compadres, y la mutua admiración que ambos se prodigaban, queda claro, desde las primeras páginas, que fue en Caracas en 1967, cuando el peruano asistía a recibir el Premio Rómulo Gallegos por una de sus novelas, y el colombiano acudía a presenciar la importante ceremonia.

Posteriormente encontramos a las dos familias establecidas en Barcelona, pues el relato no sigue una línea temporal sucesiva, sino que alterna hechos diversos situados en tiempos diferentes. Como, por ejemplo, el feliz encuentro en Londres entre los García Márquez y un joven cantante andaluz llamado Joaquín Martínez, conocido mundialmente como Joaquín Sabina.

Después está el viaje de Mario a República Dominicana, para la filmación de un documental sobre Rafael Leonidas Trujillo, el dictador que más adelante sería el protagonista central de su novela La fiesta del chivo. Empalma con otro proyecto cinematográfico, esta vez a cargo de la Paramount, que ofrece a Carmen Balcells una fortuna por los derechos de Pantaleón y las visitadoras, a la sazón la reciente novela de Mario.

Hay otro salto temporal que nos lleva al casamiento de Mario y Patricia, en una iglesia de Miraflores y con apenas seis invitados. Intercala en este apartado un hecho poco verosímil: la irrupción en plena ceremonia religiosa del padre del novelista, pistola en mano, con el fin de interrumpir la boda alegando su nulidad.

El encuentro de los García Márquez con el poeta chileno Pablo Neruda en Barcelona, a inicios de los años 70, donde lo alojaron unas horas en su casa de paso a Valparaíso, está lleno del risueño humor que compartían el colombiano y el chileno. Sería la última vez que lo verían, pues el poeta regresaría a Chile, luego estaría brevemente en París y finalmente moriría en su país poco después del golpe de Estado de Pinochet.

Mientras tanto, Patricia fue convencida para viajar a Barcelona y pasar unas semanas con los García Márquez. Lo que no sabía era que en la misma ciudad se encontraban Mario y Susana, ella después de su regreso violento de Madrid, rescatada por su novio del tácito secuestro en la que la tenía su esposo Andrés, quien había intentado suicidarse y por eso Susana acudió a verlo.

Es en este escenario donde se habría producido el hecho en cuestión, es decir, a juicio de Mario, el acto de traición de Gabriel al haberse sobrepasado con Patricia en la noche que ella debía partir para Lima desde el aeropuerto de Barcelona. Pues, según la versión de García Márquez, a la que se ciñe el narrador, el suceso no habría tenido la connotación que luego se difundió como la verdad y que fue el motivo central para la furibunda trompada que acabó con una amistad y dio inicio a la mitología, a la leyenda que han tratado de rastrear, al parecer con poca fortuna, los numerosos periodistas y algunos biógrafos de ambas orillas del Atlántico.  

No sería extraño que ahora, Vargas Llosa, a sus 87 años cumplidos, tome un vuelo hasta Miami, busque al autor de esta novela y le aseste un derechazo, como el que derribó a García Márquez esa impávida tarde de 1976 en un cine mexicano, diciendo: "Esto es por lo que le haces a un Premio Nobel". Sería una respuesta natural de una persona que tiene la costumbre de resolver sus cuestiones personales, o eso cree él, de manera expeditiva. Es decir, todo este bolondrón pudo haber nacido de un malentendido, de un hecho que tal vez no ocurrió, pero las consecuencias ya se presentaron, la realidad ya tomó un rumbo definitivo, los personajes ya van dejando este mundo y más adelante sólo será una anécdota de esta singular historia de la cultura del siglo XX.

 

Lima, 30 de abril de 2023.