viernes, 24 de octubre de 2014

Los premios Nobel 2014


     Constituye un auténtico acontecimiento cultural cada año cuando se dan a conocer los galardonados con el Premio Nobel, en las cinco especialidades estipuladas por el mismo Alfred Nobel en su testamento, más el agregado en la década del 60 por los administradores de la Fundación que instituyera el científico sueco. En el mes de octubre, como es costumbre ya desde sus orígenes, se anuncian a los ganadores, quienes luego son premiados en una ceremonia especial en Estocolmo el 10 de diciembre, aniversario del nacimiento de su benefactor, con la presencia de los reyes de Suecia, los académicos, científicos, escritores y personalidades diversas invitadas para la ocasión.

     Siguiendo la tradición, este año se comenzó con el Premio Nobel de Medicina, anunciado el lunes 6, otorgado al estadounidense John O’Keefe y a los esposos noruegos May-Britt y Edvard Moser, quienes han investigado sobre las células del cerebro encargadas del posicionamiento: las de lugar, halladas por el primero, y las de red, encontradas por estos últimos, que en conjunto se encargan de establecer nuestra ubicación y la forma como nos manejamos espacialmente. Se dice que dicho hallazgo será importante para profundizar en los estudios sobre cómo detener el Alzheimer y sus secuelas devastadoras en el cerebro humano.

     El martes 7 se anunció el Premio Nobel de Física, que en esta oportunidad ha recaído en tres científicos japoneses, Isamu Akasaki, Hiroshi Amano y Shuji Nakamura, culpables de las investigaciones para la obtención de las luces LED, una fuente de energía alternativa a la luz tradicional y cuya variante está en consonancia con estos tiempos preocupados por la conservación medioambiental. Dicha energía es utilizada por la tecnología de los teléfonos celular, televisores y otros aparatos de la moderna industria cibernética.

     El miércoles 8 le tocó el turno al Premio Nobel de Química, que este año ha premiado a los estadounidenses Eric Betzig y William Moerner y al alemán Stefan Hell por sus trabajos para desarrollar la microscopia fluorescente, conocida también como nanoscopia, pues permite la observación de dimensiones hasta ahora imposibles de ver para la ciencia tradicional, con lo cual se podrán realizar importantes descubrimientos sobre las enfermedades del Alzheimer y el Parkinson, además de la factibilidad de poder analizar los procesos cognitivos de las moléculas de las neuronas en el cerebro.

     El jueves 9 nos trajo una sorpresa, pues mientras todos esperábamos que el premiado de este año fuera uno de los nombres barajados por los medios de comunicación y por los conocedores de los entretelones de la Academia Sueca, entre los cuales estaban el escritor estadounidense Philip Roth, el japonés Haruki Murakami –voceado insistentemente desde hace varios años-, el checo Milan Kundera, el sirio Adonis, y otros más, la decisión del jurado se ha orientado esta vez hacia el francés Patrick Modiano, novelista nacido en 1945, de padre italiano y madre belga, autor de más de 30 novelas, pero que tiene como tema obsesivo y reiterado la ocupación alemana de su país durante los años de la Segunda Guerra Mundial, y que el autor ha sondeado como nadie desde todos los ángulos, presentado una visión casi completa de un periodo particularmente sensible para la historia contemporánea.

     El viernes 10 la sorpresa ha sido igualmente grata, pues el Comité Noruego –encargado de otorgar el Premio Nobel de la Paz- ha decidido galardonar a dos luchadores incansables por los derechos de los niños, los adolescentes y los jóvenes a la educación y a una vida digna: la joven activista paquistaní Malala Yousafzai y el veterano líder indio Kailash Satyarthi. Malala se hizo conocida en el mundo entero cuando hace dos años fue baleada por los talibanes en un ómnibus escolar en el peligroso valle del Swat, al noreste de Pakistán, que los extremistas islámicos controlaban entonces. Al borde de la muerte fue trasladada a un hospital en el Reino Unido, donde le salvaron la vida. Desde ese instante ha recibido la solidaridad y el reconocimiento de numerosas organizaciones y personalidades a su valiente lucha por conquistar el derecho a estudiar de las mujeres, especialmente en países como el suyo, donde una absurda interpretación ortodoxa del integrismo musulmán les veda esa posibilidad. Por su parte, Satyarthi es conocido por su lucha de años en contra de la explotación laboral de los niños en la India y en el resto del mundo.

     Finalmente, el lunes 13 se dio a conocer al ganador del Premio Nobel de Economía, otorgado esta vez al economista francés Jean Tirole, por sus investigaciones en torno al poder del mercado y las regulaciones en una sociedad de intensa competencia. Resulta de gran actualidad el tema materia de premiación, en un mundo que se debate entre los viejos dogmas del liberalismo, acentuados por el sistema neoliberal imperante, y la sensata postura de aquellos que sostienen la necesaria presencia del Estado para evitar los desboques de una economía de mercado librada a su libre albedrío, como lo ha demostrado la reciente crisis del 2008, cuyas secuelas todavía se dejan sentir en las economías occidentales.

     De esta manera, se ha cerrado por este año la novedad de los premios de mayor relieve del mundo académico actual, aportes que seguirán ocasionando debates fructíferos y discusiones fecundas en los círculos universitarios o en los corrillos científicos, artísticos y literarios donde se ponen sobre el tapete los hechos más trascendentales de nuestro tiempo.

Lima, 13 de octubre de 2014.

La masacre de Iguala


     La desaparición de 43 estudiantes de una escuela normal del pueblo de Ayotzinapa, en el estado de Guerrero, al suroeste de México, ha sacudido a la opinión pública mundial, especialmente a la mexicana y latinoamericana, por la forma como se han producido los hechos, en medio de la vorágine de violencia que azota al país de Benito Juárez y Diego Rivera, de Octavio Paz y José Alfredo Jiménez.

     El pasado 26 de septiembre, salió un grupo de alumnos de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” a realizar sus habituales trabajos de campo, visitando algunas circunscripciones de la región, cuando fueron detenidos por una patrulla de la policía municipal del lugar, al parecer enviados por el alcalde José Luis Abarca, hoy prófugo, entablándose un altercado entre estudiantes y uniformados, producto del cual fueron muertos a balazos dos de los jóvenes, mientras que a otro lo desollaron y le arrancaron los ojos. A los demás los llevaron a una colina donde aparentemente fueron entregados a los sicarios de los cárteles que pululan por la zona. El resto ingresa en el terreno de las suposiciones, pues lo único que se ha hallado en el lugar es una fosa con 28 cuerpos, los cuales deben ser identificados en los siguientes días, por un equipo de forenses argentinos,  para determinar si pertenecen a los normalistas desaparecidos.

     La indignación ha cundido no sólo a nivel nacional, sino que ha saltado a las páginas de la prensa internacional, desatando el rechazo unánime a la abominable masacre del que han sido víctimas estos jóvenes y la consiguiente solidaridad con sus familiares. Organismos internacionales como la OEA y Amnistía Internacional han dejado sentir su protesta por lo que constituye, a todas luces, un crimen de lesa humanidad. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (ELZN), legendario grupo guerrillero que insurgiera hace dos décadas en el vecino estado de Chiapas, también se ha sumado a la protesta en San Cristóbal de las Casas, lo mismo que colectivos de Alemania, Estados Unidos, Argentina, España y otros.

     En la capital mexicana, el miércoles 8 se ha realizado una multitudinaria marcha que ha partido del Ángel de la Independencia, se ha deslizado por el Paseo de la Reforma, la principal avenida de México D.F., y ha terminado en el Zócalo, donde una cantidad de figuras representativas de la política, el arte y la cultura en general se han pronunciado con firmeza en contra del terrorismo de estado, poniendo en tela de juicio la responsabilidad tanto de las autoridades federales como estatales por su actitud displicente frente al accionar, evidentemente cuestionable, del alcalde y el gobernador ante la actividad del cártel de los Beltrán Leyva que prácticamente dominan la región.

     Los manifestantes exigían, entre otras cosas, que devuelvan sanos y salvos a los estudiantes desaparecidos, que renuncie el presidente Enrique Peña Nieto, como responsable político y moral de los luctuosos sucesos. El caso, definitivamente, va a convertirse en un dolor de cabeza para el gobierno del PRI, pues la imagen que México proyectará ante el mundo estará lastrada por un acontecimiento bochornoso que ha consternado a la comunidad internacional.

     Se hace, pues, necesaria una profunda investigación, como lo ha exigido AI, para encontrar a los culpables de este espantoso crimen, pues la última deshonra para las presuntas víctimas sería que triunfe la impunidad como en tantos otros casos que han enlutado al país. Los culpables de este horrendo crimen deben ser hallados en el plazo más corto para que la justicia se encargue de imponerles el castigo correspondiente.

 

     Lima, 10 de octubre de 2014.

Una elección anunciada


Todo está consumado. La población limeña ha elegido al candidato de las mafias y de Comunicore como su alcalde para el próximo periodo de cuatro años. El resultado ya estaba cantado casi desde el inicio de la campaña, y muy poco se pudo hacer para revertir las cifras, por más que una insistente, pero limitada, labor de algunos comentaristas, trataron de hacer reflexionar al electorado sobre las implicancias éticas y morales de dicha opción. Tal parece que otros son los factores que inciden en el voto del elector común y corriente de esta urbe de 9 millones de habitantes.

     No debe asombrarnos una deriva de esta naturaleza, como dice el periodista César Hildebrandt en su columna semanal de la revista que dirige; tampoco debe extrañarnos  una conducta cívica de estas características, pues el historial de la corrupción en nuestro país tiene larga data, como se ha encargado de documentarla el historiador Alfonso Quiroz en su imprescindible Historia de la corrupción en el Perú (IEP, 2013). Es decir, un señor hace un gobierno –local o nacional- con muchas turbideces en el camino, no aclarando los serios cuestionamientos a una operación realizada durante su gestión y, pasado el tiempo, como si nada, vuelve a tentar ese puesto y resulta elegido nuevamente por ese pueblo que fue advertido del error en que incurriría. Hay un monto considerable en juego, existen los hechos jamás esclarecidos, están los nombres y las circunstancias del enredo delictivo, y sin embargo, nada de eso pesa en la decisión del elector, que se sigue moviendo por la famosa consigna de “roba pero hace obra”, en una demostración del más crudo pragmatismo, del más brutal sentido de las oportunidades inmediatas y a cualquier precio. Ni Maquiavelo se habría imaginado algo parecido.  

     Algo de psicopático se desprende de la consigna de marras, mucho de esa escuela de la impudicia y del cinismo contemporáneo que se enseña en los medios de comunicación, en los círculos de poder y en el entorno del exitismo empresarial que pregonan las instancias preclaras del sistema imperante. En un mundo donde se proclama, desde todas las tribunas  y a toda hora, que alcanzar el éxito a toda costa, aun pisoteando los derechos y la honra de los demás, avasallando todos los valores y los principios que una educación elemental ha depositado en nuestros primeros años de vida, es fácil entender una conducta colectiva como ésta.

     Porque el problema de la capital no es el único, sino que permea casi todo el territorio nacional, pues según los datos recientes que tenemos de los resultados parciales, en muchas regiones se habrían elegido  autoridades cuestionadas por asuntos de corrupción, o que enfrentan fundadas denuncias de delitos en el manejo del poder en el momento que lo ejercieron. El caso más emblemático es sin duda el de Waldo Ríos, un político de sinuoso recorrido, que fuera uno de los primeros tránsfugas de nuestra reciente historia parlamentaria, comprado como mercancía por el no menos inefable Vladimiro Montesinos en sus tiempos dorados.

     Pero lo novedoso de esta contienda es el repunte significativo del candidato aprista, quien contra todos los pronósticos se ha situado en un interesante segundo lugar, desplazando al tercero a la alcaldesa que buscaba la reelección. Malos tiempos para la izquierda, que como siempre no supo estar a la altura de las circunstancias y ha perdido protagonismo en el escenario de la política actual. Deben estar muy contentos todos aquellos que hicieron el cargamontón contra Susana Villarán –como aquel periodista de cuyo nombre no quiero acordarme-, acusándola injustamente de ineficaz e inepta, pues ella ha demostrado que hizo más obra que su antecesor en apenas un periodo municipal. Y sobre todo, que lo hizo sin robar, manteniendo la honestidad y la honradez como las banderas más notorias de su gestión.

     Solo nos queda esperar y estar atentos al accionar de los nuevos inquilinos de la Plaza Mayor, pues con los antecedentes que todos conocen, se necesitan no solo dos sino miles de ojos para vigilar el próximo gobierno de la ciudad. La prensa y la ciudadanía toda deben conformar la mejor alianza de fiscalización y control para que no surjan en el futuro nuevos escándalos de corrupción que ensucien otra vez los hilos con que se conducen los impuestos de todos los vecinos.

Lima, 6 de octubre de 2014.

       

domingo, 21 de septiembre de 2014

Ética y política



     Las próximas elecciones municipales y regionales en el Perú ponen sobre el tapete numerosos casos de colisión entre los intereses de la lucha política y los principios de la ética, pues son muchos los candidatos que poseen serios cuestionamientos en relación a su hoja de vida, que exhiben en su trayectoria pública hechos que en algún momento se ventilaron en las instancias judiciales y que terminaron, a veces, en severas sentencias que los implicados cumplieron a medias o de las cuales salieron librados merced a la cercanía con los principales agentes del poder político.
     Por la importancia que reviste desde el punto de vista de su peso político y por ser la plaza más disputada en las elecciones vecinales, el caso de la capital de la República es particularmente interesante, pues lo que ahora tenemos en liza es la voluntad de reelegirse de la actual alcaldesa y el deseo de retornar al sillón municipal de quien ya fuera alcalde en el pasado inmediato, así como una larga lista de candidatos menores que sirven de comparsa a la lucha principal.
     En principio, uno no puede aspirar a tentar ser electo para un cargo público, sin antes haber esclarecido ciertos asuntos turbios de su pasado accionar político. Y este es el caso de Castañeda, el exalcalde que pretende conducir un nuevo periodo de gobierno. Sin haber aclarado su participación en el escandaloso caso de Comunicore, donde se esfumaron inexplicablemente más de veinte millones de soles, se presenta como si nada hubiera pasado y desde un inicio mantiene, increíblemente, un porcentaje considerable de ventaja frente a sus más cercanos competidores.
      Ya no importa si tiene el 57% o el 49% de intención de voto en las encuestas que se realizan en el medio, pues ello lo único que está revelando es la indiferencia o el desconocimiento de la ciudadanía de la forma cómo se ha ejercido la administración edil durante su gestión. Es el triunfo desmoralizador del pragmatismo más burdo en la conciencia política del elector, aquel que se resume en la fracesita remanida, que repiten cual virtuosas cacatúas las gentes que carecen de escrúpulos y que evidentemente no guían sus actos cotidianos por los principios de la ética: “No importa que robe, pero hace obra”.
     Es muy serio, para quienes aspiran a construir ciudadanía, que el bendito lema se haya extendido y calado hondamente en todos los estratos de la sociedad, para quienes el acto de gobernar está asociado ineludiblemente a un acto delictuoso, que sin embargo es perdonado por la interesada coartada de tener un hospital, un colegio, una carretera o una escalera más. Realmente bochornoso, pues la dignidad del pueblo no puede ser comprada con nada, y el delito debe ser castigado conforme a ley.
     El arrollador triunfo que se perfila en el horizonte electoral del candidato de la derecha, en medio de la mayor desidia ciudadana de los últimos tiempos, para quienes no tiene al parecer ninguna importancia la gestión honesta y transparente de la cosa pública, prefigura desde mi punto de vista el probable escenario del 2016, donde la candidata de la corrupción y del neoliberalismo más ramplón puede tranquilamente cosechar parecida votación, si tenemos en cuenta los sondeos de opinión que vienen circulando en la prensa.
     Todo esto, en medio de un panorama desolador de la lucha contra la corrupción, donde todas las investigaciones son entorpecidas, torpedeadas, obstaculizadas, boicoteadas, por un Poder Judicial obsecuente y muchas veces coludido con los delitos que debe castigar. Jueces que emiten dictámenes increíbles y absurdos, fiscales que no cumplen su papel a cabalidad en la defensa de los intereses del Estado, una institución que lastra un largo historial de ineficacia, podredumbre y venalidad.
     Es por ello triste comprobar lo que está a punto de perpetrar el elector limeño: la entronización por vía del sufragio, es decir a través de las armas lícitas de la democracia, de un personaje que está envuelto en un serio delito de lavado de activos, y que a pesar de que la justicia oficial, mil veces devaluada, lo ha exculpado repetidas veces, eso no significa que sea inocente de los duros cargos que pesan en su contra. Él tendría que someterse al escrutinio de la opinión pública, de la prensa independiente y de una judicatura de veras honorable, para siquiera pensar en hacerse elegir nuevamente alcalde de la provincia más importante de la República.
     Pero como los tiempos que corren están dominados por el más grosero pragmatismo, la gente se deja guiar, llevada de las narices, por lo que le dice cierta prensa comprometida con los poderes fácticos, que además ha sido la encargada de desatar toda esa campaña infame en contra de la actual gestión de la alcaldesa Villarán. Por eso no extraña los niveles de desaprobación que posee, pues más allá de algunos errores que pudo haber cometido en el ejercicio de su función, existe una nota distintiva, entre otras, que ha caracterizado su conducción al frente de la comuna limeña: la honestidad; una virtud que  hace la diferencia, la gran diferencia, con el candidato favorito de las encuestas.
     Este 5 de octubre la voz de orden, desde la ética y los auténticos valores democráticos, debe ser un voto consciente, limpio e informado. Hacer lo contrario es hacerle el juego a lo más nefasto del legado político de los últimos tiempos, aquel que ve en la impunidad y la desinformación sus principales armas para hacerse del poder.

Lima, 21 de septiembre de 2014.    

sábado, 30 de agosto de 2014

Los doctores



    A raíz del reciente episodio protagonizado por un expresidente de la República, a propósito de sus grados académicos, buenas son algunas reflexiones sobre el problema que afronta la educación nacional y los serios cuestionamientos que se le hacen con respecto a su calidad y al papel que debe cumplir en el afianzamiento de la cultura y el desarrollo de la ciencia y las humanidades en el país.
    Que un expresidente, cuestionado desde diversos ángulos por su actuación al frente de su reciente gobierno, haya escamoteado a la opinión pública la realidad de su verdadera formación superior, sumándole a ello el hecho de haber sido nombrado para dirigir una escuela de post grado en una universidad privada, sin reunir los requisitos del caso, además de haber obtenido el grado de magíster en esa misma institución en tiempo récord o, por lo menos, cuestionable, es grave desde el punto de vista del cumplimiento de la ley y de la ética profesional.
    Para nadie es un secreto los abrumadores dilemas por los que atraviesa la educación peruana, situación que se agudiza, haciéndose clamorosa, en el nivel superior o universitario, donde la ausencia de estándares mínimos de calidad; la óptica empresarial que le han dado muchas instituciones privadas; la visión clientelista y comercial que prevalece en la gran mayoría de ellas, han hecho de la universidad peruana un organismo amenazado por la mediocridad y la intrascendencia, altamente vulnerable al afán de lucro de ciertos empresarios ladinos y en neto peligro de caer definitivamente en la insignificancia académica.
    En este contexto sombrío, es fácil entender cómo es que se pueden presentar casos como el mencionado, donde quizá lo más grave del asunto no radica tanto en el ocultamiento u omisión de una verdad a este nivel, sino en que quienes detentan títulos pomposos y grandilocuentes, expedidos por estas universidades de marras, no estén realmente a la altura de lo que sus pergaminos vociferan desde sus ampulosos curriculum vitae o desde sus cartones a nombre de la nación que exhiben muy ufanos en sus flamantes oficinas o escritorios de pacotilla.
    Escuchaba un día de éstos uno de esos debates que se promueven en la radio sobre el álgido tema educativo en nuestro país, donde expertos y estudiosos en la materia aportaban sus puntos de vista y sus interpretaciones para un análisis mayor de la problemática. Decía uno de ellos, por ejemplo, que muchas veces los tan pretensiosos estudios de post grado, como maestrías y doctorados, apenas lograban en el estudiante una buena educación primaria. ¡Terrible! Es decir, que ya podemos imaginarnos cuál debe ser el nivel de todos aquellos –con las excepciones del caso- que poseen títulos inferiores.
    Pero el asunto no se agota en consideraciones simplemente formales, sino que trasciende al ámbito concreto de la realidad, pues con cuánta frecuencia no me he cruzado, por motivos laborales, con profesionales que ostentan grados académicos que van desde el bachillerato y la licenciatura hasta la maestría y el doctorado, pero que sin embargo, en su desenvolvimiento cognoscitivo, rozan los niveles de la indigencia.
    Por lo contrario, cuántas oportunidades he tenido de conocer a personas que, sin andar premunidas de ningún rango académico, son a pesar de ello, o por eso mismo, más inteligentes, más lúcidas, más abiertas de mente, mejor informadas, más cultas, más cabales. Son esos seres cuyo saber, sabiduría y talante espiritual están más allá de los cánones habituales de tasación académico universitaria. No niego que entre aquellas otras también pueda haber gente con éstas cualidades, pues todo es posible en este mundo, pero ello confirma una vez más que, en todo caso, la formación de un ser humano, no depende exclusivamente de haberse sometido a la criba del rasero universitario y sus graciosos títulos, sino de una constante labor de perfeccionamiento en todas las dimensiones de su ser.  
    Para juzgar los méritos intelectuales de una persona no debemos guiarnos únicamente por el prurito formulista y formalista de la educación convencional establecida; así como quienes transitan por este mundo adosados a una etiqueta universitaria, deberían esforzarse un poco más para hacer honor a eso que tan orgullosamente cuelgan de sus laureles. Mi posición al respecto es clarísima desde hace mucho tiempo: yo juzgo intelectualmente a los seres humanos en el terreno de los hechos, pues la realidad me ha enseñado a ser suspicaz de los oropeles académicos en el papel. Es por ello que me gusta repetir, parafraseando a mi maestro Ernesto Sábato, una sentencia a modo de apotegma: “yo no soy un profesor y dios me libre de ser un licenciado”.  

Lima, 24 de agosto de 2014.
   

Historia de un aeropuerto



     El libro Aeropuerto Francisco Carlé de Jauja. Aportes y documentos para su historia (Soluciones Gráficas SAC, 2013), del joven historiador jaujino Carlos H. Hurtado Ames, relata la gesta colectiva de una comunidad en pos de un objetivo común: la construcción de un campo de aterrizaje para la provincia y la región del centro del país. Un caro anhelo de la ciudadanía jaujina había sido durante mucho tiempo contar con una vía de conexión moderna con la capital y con otros destinos nacionales, sueño que se pudo cristalizar merced al denuedo y al tesón que mostraron todos sus miembros, que a semejanza de la legendaria historia de Fuenteovejuna, se unieron para un noble fin y lo sacaron adelante a pesar de todos los obstáculos que tuvieron que sortear en el camino.
     El autor se ha sumergido en diversas fuentes históricas para este notable trabajo de investigación. El primero de ellos es el diario El Porvenir de Jauja, que día a día informaba del proceso de nacimiento y consolidación del aeropuerto, como se señala en la introducción; asimismo en los documentos de la época, muchos de ellos inéditos, que iban hilvanando la trama de esta magnífica jornada comunitaria. Igualmente, en discursos, cartas, ensayos y otros valiosos textos que ha logrado pesquisar en diversos archivos de la ciudad de Jauja.
     Inaugurado el 27 de septiembre de 1949; donado luego al Estado peruano en 1955, en un insólito gesto de desprendimiento popular, el aeropuerto jaujino es el personaje central de este recuento histórico que va hasta las heroicas jornadas del 29 y 30 de agosto de 2012, cuando el pueblo se levantó como un solo hombre para hacer valer sus derechos ante un gobierno indiferente a su destino y ante una autoridad regional que con prepotencia y malas artes quiso imponer su capricho sólo por satisfacer su retorcido ego. Relato que cubre un arco de más de medio siglo, que ejemplariza el pundonor y la entrega sin orillas de una población en defensa de sus sueños de progreso y desarrollo para todos.
     Los orígenes de esta gesta están asociados, según las investigaciones de Hurtado Ames, a dos militares del ejército peruano que, en agradecimiento por la cura, obtenida en la ciudad de Jauja, de la enfermedad de la tuberculosis, habrían sugerido al Padre Francisco Carlé, párroco de la provincia, la construcción de un aeropuerto. Otros personajes, no menos importantes, estuvieron también ligados a los inicios del campo de aterrizaje, entre ellos los más importantes fueron el Dr. Elías García Frías, director del Sanatorio Olavegoya y el Dr. Virgilio Reyes, Alcalde del Municipio.
     Pero quien indudablemente fue el auténtico protagonista de esta maravillosa gesta fue el pueblo de Jauja, merced al concurso desinteresado de sus distritos, sus comunidades y sus barrios, así como de las asociaciones de jaujinos residentes en la provincia y en la capital; los hombres y las mujeres que prestaron sus brazos y su esfuerzo para levantar en tiempo récord esta magnífica obra que serviría al desarrollo y el progreso de la región y del país. Por eso es que, cuando los hechos que amenazan su significancia se precipitan con motivo de los descabellados proyectos del presidente regional de construir un nuevo aeropuerto en Huancayo u Orcotuna, la población en  pleno se yergue imbatible para defender no sólo un campo de aterrizaje, sino un símbolo de su identidad colectiva.
     Las trágicas secuelas de las multitudinarias manifestaciones, que se sellarían con la muerte de un poblador, al parecer arrojado al río Mantaro por la policía enviada para reprimirlas, hicieron retroceder al gobierno central en su afán de convocar a concurso la construcción de un aeropuerto internacional en la región, aun habiendo un documento legal que facultaba la terminación y consolidación del ya existente aeropuerto en la pampa de Maquinhuayo. Un verdadero absurdo político administrativo que, sin embargo, muchos de los medios de comunicación y algunos periodistas de diarios limeños  no entendieron, como puede colegirse del análisis de dos columnas de opinión publicadas el 2 de septiembre de 2012 en el diario La República de Lima, pertenecientes a Augusto Álvarez Rodrich y Rosa María Palacios, citados en el libro materia de este artículo.
     En ambos, que puede servir de ejemplo de lo que una visión centralista y desinformada ha significado en nuestra historia nacional, se puede apreciar el total desconocimiento que muestran los periodistas de lo que realmente estaba sucediendo en el Valle del Mantaro. Álvarez cree ver un retroceso en aquello que simplemente es una vuelta a la cordura, pues era evidente que no podía llevarse ningún estudio para un aeropuerto en Junín cuando ya estaba el de Jauja; mientras que Palacios llega a deslizar la hipótesis de que quien habría estado detrás de los sucesos sería nada menos que César Cataño, un oscuro empresario de la aviación comercial relacionado al narcotráfico; algo totalmente falso, desmentido por los hechos, por la población jaujina y por el propio personaje.
     En la segunda parte reúne un conjunto disímil de crónicas, ensayos y poemas alrededor del tema del aeropuerto jaujino, donde destacan el discurso del profesor y escritor Pedro S. Monge sobre la inauguración de dicho campo de aterrizaje y una semblanza de Jauja Tambo del poeta y pintor Ernesto Bonilla del Valle. Y en la tercera parte se agrupan una serie de documentos, como las transcripciones de las notas que el diario El Porvenir publicaba a propósito de la inauguración del mencionado terminal aéreo y otros sucesos relacionados a  ello; asimismo las cartas que se han podido hallar del archivo del Padre Francisco Carlé, dirigidas a diversas autoridades, donde muestra su preocupación e interés por el destino de la obra que él coadyuvó a forjar.
     En su reciente Mensaje a la Nación por el 28 de julio, el presidente Humala anunció la adjudicación de un grupo de aeropuertos del país, entre los que figura el de la ciudad de Jauja, obra que debe concretizarse de una vez por todas en vísperas de cumplirse los 65 años de su inauguración, y en aras de una interconexión ágil y moderna que saque a nuestros pueblos de la postración y el olvido en que se encuentran. El libro de Hurtado Ames también apunta a lo mismo, motivo por el que debe conocerse la historia que narra a través de la lectura de esta publicación imprescindible para todo ciudadano de la provincia.

Lima, 16 de agosto de 2014.