sábado, 19 de noviembre de 2011

El oro o la vida

A raíz de las discusiones sobre la viabilidad del proyecto de explotación minera Conga, en el departamento de Cajamarca, se ha puesto sobre el tapete del interés nacional el problema de las inversiones que en ese rubro tienen numerosas empresas en diversas regiones del Perú, cotejadas con el legítimo derecho de las poblaciones originarias para defender sus tierras ante la codicia desmedida del gran capital.
Las compañías mineras pretender alterar la geografía, erigirse en dioses todopoderosos que pueden modificar a su antojo la tierra que no han creado, y todo con el único propósito de saciar su pantagruélica voracidad usurera. Van a cambiar el curso de los ríos, trasladar las lagunas a reservorios, desplazar poblados enteros; un poco más y nos mueven también las montañas, sin necesidad de fe alguna.
Nos dicen para convencernos, los muy cínicos, que de esa manera van a beneficiar a una población que de otra manera siempre vivirá en la pobreza y el abandono. Y esperan contar con la anuencia y el visto bueno del nuevo gobierno, a pesar de que el presidente expresó durante su campaña que estaría siempre del lado de los más débiles, es decir, de los pueblos que ahora sufren la embestida de las empresas transnacionales en sus propios suelos.
Hay una corriente mundial, alentada por el capitalismo rapaz y salvaje, que busca convertir todo lo que toca en oro, cual versión procaz y degradada del rey Midas, sin importar para ello si con eso se llevan por delante el cuidado y la preservación del medio ambiente, o si se tiene que expulsar de sus tierras a los pobladores ancestrales, o si la propia naturaleza tiene que ser modificada para que se acomode mejor al dictado de sus intereses.
Mientras tanto, el lobby minero está haciendo su trabajo tras bambalinas, agilizando las gestiones en el Congreso para que los empresarios nacionales, aliados con los extranjeros, puedan libremente proceder al saqueo indiscriminado de las riquezas nacionales pasando sobre los derechos inalienables de miles de compatriotas. Parece no importar que haya sido aprobada la Ley de Consulta Previa -que está en proceso de reglamentación-, pues quienes estuvieron en primera fila saboteando su nacimiento, ahora son los secretos asesores de los peones que el capital minero posee en el parlamento.
La madre del cordero es que se quiere ver el crecimiento de un país sólo y exclusivamente en términos económicos. Se sobreestima hasta el límite la importancia del PBI, de la balanza comercial, de las exportaciones. Pero jamás se piensa en la agricultura y la ganadería que se verán afectadas por su ambición, en la vida natural de cientos de miles de peruanos que desean vivir ajenos al tráfago infernal de la contaminación y la depredación de su hábitat.
Se dice que el consumo ha crecido y seguirá creciendo; pero no se ha preguntado a quién beneficia y qué entraña esa atractiva trampa embustera. Creen, los muy filisteos, que los índices de compra y venta son los señuelos perfectos de la calidad de vida y del progreso de los pueblos, aun si ello significa arrasar con la pacífica y metódica existencia de quienes ahora son tratados peor que animales.
No nos engañemos, lo que persiguen es lucrar y sólo lucrar, pues esa es su filosofía rastrera y mezquina. Allá los gonfaloneros de la prensa nacional que etiquetan de “antimineros” a quienes se oponen al abuso y a la amenaza latente, como si ellos también no protestarían si estuvieran en el pellejo de aquestos. No se trata, tampoco, de oponerse porque sí a la minería, sino de hacerlo cuando su práctica implica un grave peligro para el sustento y la vida de personas como nosotros. La aparente disyuntiva del oro o la vida no parece ofrecer un complejo desafío a la cabeza menos racional.
Sucede, sin embargo, que el poder de estas corporaciones, ante el cual este gobierno parece también rendirse, a pesar de las promesas y el compromiso explícito del primer mandatario al asumir el gobierno, terminará imponiéndose, como lo ha venido haciendo desde la colonia, pues en muchos aspectos prevalece en nuestro país una mentalidad colonial, que se doblega con gran facilidad ante los poderes que sostienen el sistema.

Lima, 19 de noviembre de 2011.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Prisma internacional (II)

Decía la semana pasada que algunos asuntos de la realidad mundial merecían un análisis y comentario, pues describían de forma fehaciente la marcha tortuosa del mundo contemporáneo. Aquí van los tres restantes:

SIRIA. El régimen de Bachar El Assad se tambalea desde hace varios meses pero no da visos todavía de llegar a su fin, a pesar de la fuerte presión que ejercen los gobiernos europeos y el norteamericano. El presidente sirio ha llegado incluso a amenazar a los que piden su cabeza, que si ello sucediera, y su país cayera en manos de alguna fuerza invasora que apoyara a los opositores, el asunto se convertiría en un nuevo Irak o Afganistán; es decir, que a las claras se expresa la vocación suicida o la voluntad por el martirologio de un gobernante que pretende entornillarse para siempre en el poder. Ni las decenas de muertes habidas en los últimos meses en las revueltas callejeras en Damasco y otras ciudades, hace retroceder al empecinado mandatario, que no escarmienta o no quiere escarmentar lo sucedido en otros países de la región y con otros personajes que resistieron hasta el límite de sus fuerzas sólo por el prurito del falso orgullo o la vanagloria ultrajada. No querían darse por enterados de los profundos cambios que comenzaba a experimentar una sociedad tradicionalmente letárgica, pero que salía de su marasmo por impulso de los movimientos de liberación que ha corrido como reguero de pólvora por todo el Medio Oriente.

GRECIA. La dimisión del Primer Ministro Yorgos Papandreu, cierra sólo un capítulo de esa saga siniestra en que se está tornando la crisis financiera del país de Homero y Platón, de la Nana Moskouri y de Mikis Theodorakis. Miles de griegos han salido a las calles para manifestar su indignación y malestar por una situación que los coloca en el nada cómodo papel de tener que encarnar el sacrificio más agudo para enfrentar el problema. La crisis de deuda en la zona del euro ha llevado al borde del colapso a Grecia, país que al no poder asumir sus pagos de deuda corriente ha amenazado a su vez en desatar una catástrofe financiera de escalas continentales. A pesar de haber recibido sucesivas tablas de salvación a través de los llamados rescates financieros, aprobados por los principales países de la Unión Europea, el gobierno de Papandreu no ha podido sujetarse a los planes severísimos de restricción y ajustes económicos que eran las condiciones que debía asumir, razón por la que en la última semana había ensayado una jugada estratégica que ha terminado reventándole en las manos. La pretendida consulta ciudadana vía referéndum que ha querido implementar su gobierno, ha ocasionado una reacción de rechazo entre los poderosos socios europeos, lo que finalmente ha desencadenado su renuncia. Una coalición de partidos, encabezada por el economista Lucas Papademos -entre los que se encuentra el propio PASOK de Papandreu-, asumirá las riendas de la nación helena hasta la convocatoria de nuevas elecciones, presumiblemente para febrero de 2012.

ISRAEL-IRÁN. Las tensas relaciones políticas entre el régimen fascista de Benjamín Netanyahu y el fundamentalista de Mahmoud Ahmadinejad, amenazan nuevamente con hacer estallar el polvorín en que se ha convertido el Oriente Medio desde hace unas décadas. Ambos gobiernos sostienen posiciones inflexibles e intransigentes con todo lo que se refiera al otro, llegando incluso a poner en peligro la misma existencia de sus pueblos a través del probable uso del arma nuclear, que desarrollan preventivamente ambos regímenes. El gobierno de Teherán ha sido más explícito en su disposición al uso de las armas para eliminar a su archienemigo, pero Tel Aviv no se ha quedado corto al momento de responder a esas directas amenazas a su soberanía que ha proferido la teocracia iraní. Se trata, sin duda, de un peligroso atolladero por la que tendrá que pasar la comunidad internacional para allanar el camino de unas relaciones pacíficas y civilizadas entre ambos países. Mientras tanto, el estallido inminente de una conflagración nuclear en esa región del mundo se cierne como una tromba apocalíptica sobre la humanidad.

Lima, 13 de noviembre de 2011.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Prisma internacional

Son muchos los sucesos que han remecido el panorama político mundial en las últimas semanas para que podamos tenderles una atenta mirada con el fin de comprender la cada vez más caótica y enrevesada marcha de este planeta:

LIBIA. El fin de la larga lucha de los rebeldes en contra de la dictadura del expresidente Muamar Khadafi se ha saldado de una manera brutal. Luego de una intensa búsqueda que ha durado varias semanas, ha sido hallado el coronel en su ciudad natal, Sirte, adonde han llegado los opositores para acabar con la vida de quien los gobernara por más de cuarenta años. Pero lo han hecho empleando los métodos que tanto recusaban y de los que abominaban en el régimen caído: la violencia más cruda y ruda en plena calle, donde un Khadafi derrotado e indefenso fue sometido a la vindicta pública, al escarnecimiento de la venganza y el odio irracionales. No contentos con haberlo capturado, para someterlo -como se debía- a un juicio civilizado que estableciera sus culpas y crímenes desde el poder, lo han arrastrado por esas calles, vejándolo inútilmente sólo para la saciedad demencial de una horda descontrolada de individuos que no creo que representen a las figuras que asumirán el gobierno de Trípoli. Las Naciones Unidas ya han pedido una investigación al respecto, pues de lo que se trata es de establecer la naturaleza de ese crimen, que a todas luces revela su triste condición de una ejecución extrajudicial. El Consejo Nacional de Transición (CNT), que ahora dará paso a las nuevas autoridades del país, debería asumir como una de sus tareas primeras, la de esclarecer este hecho que ha echado sombras a la nueva era que se inicia en Libia. Una era que no debería servir para que nuevamente los grandes intereses mundiales se enquisten tras bambalinas para medrar con la ingente riqueza de esa región del Medio Oriente.

ARGENTINA. El triunfo categórico de Cristina Fernández de Kirchner, con más del cincuenta por ciento de los votos -y con una distancia de más de 35 puntos con respecto a su más cercano contendor-, en las elecciones del pasado domingo 20 de octubre en la nación platense, le ha dado un rotundo mentís a los pájaros de mal agüero del neoliberalismo ramplón, que cada vez que puede anuncia el final apocalíptico de todo país que se aparta de las sacrosantas recetas que nacen de las cocinas malolientes del capitalismo decrépito. Con un crecimiento promedio anual del 9%, muy próxima a las de las economías más vigorosas del Asia, especialmente de China, el régimen iniciado por el difunto Néstor Kirchner, y continuado después por el de su esposa, la actual presidenta, ha demostrado que no existe incompatibilidad alguna entre el crecimiento económico y una política de fuerte contenido social, que tiene en la llamada inclusión y la preocupación principal por los más pobres a sus pilares más importantes. De otro modo no se puede explicar la aplastante mayoría de votos que le han dado a Cristina Fernández la oportunidad de afianzar dichas políticas en los próximos cuatro años.

EE.UU. La ola de indignación universal ha llegado hasta los propios muros del centro neurálgico del poder económico mundial: Wall Street, ese templo fenicio de las finanzas internacionales, ese cuartel privilegiado donde los poderosos del dinero hacen y deshacen el mundo a su antojo. Pues la conciencia de la crisis también ha tocado sus puertas, gracias a la sangre joven y vehemente de una masa de hombres y mujeres que han marchado por las calles de Nueva York, han bloqueado el puente de Manhattan y han elevado sus gritos de protesta e ira frente a los eternos culpables de todas las tragedias habidas y por haber. El movimiento que se inició en una plaza de Madrid se ha replicado en cientos de ciudades de decenas de países a lo largo y ancho del orbe, culminando simbólicamente en el corazón mismo de ese viejo sistema que se cae a pedazos, de ese orden mundial que ya no ordena nada, de esa bolsa de los valores más sucios y mezquinos de los tiempos presentes.
Otros temas acuciantes de la política internacional se quedan en el tintero para la próxima semana, como el caso de la convulsa Siria; la tragedia griega que tiene en vilo a Europa y el quemante entredicho entre el empecinamiento de Israel y el fundamentalismo amenazante de Irán.

Lima, 5 de noviembre de 2011.

domingo, 30 de octubre de 2011

Hildebrandt, columnista

Acaba de salir Una piedra en el zapato (Tierra Nueva, 2011), libro del brillante periodista César Hildebrandt, que reúne una selección de sus columnas de opinión publicadas en los últimos cinco años en el diario La Primera y en el semanario Hildebrandt en sus Trece. Se trata de un volumen de más de un centenar de artículos periodísticos que abordan los más variados temas del interés del autor, unidos por el común denominador de estar escritos desde la lucidez más penetrante y desde la agudeza más inalcanzable.
El ensayo periodístico, a través de la columna de opinión, es la forma más eficaz con que cuenta la prensa de hoy para transmitir aquello que otros medios ya han perdido irremisiblemente: el análisis y la crítica de la información, las ideas y los pensamientos de importantes firmas nacionales y extranjeras, cuya visión personalísima de las cosas y los hechos nos dan una mirada distinta de este mundo tan heterogéneo y volátil.
En un estilo originalísimo, en una prosa bizarra y combativa, con un manejo de la pluma que cabalga entre el radicalismo furibundo de un González Prada y el látigo estridente de un Alberto Hidalgo, el periodista desgrana todas nuestra lacras nacionales y todos nuestros vicios públicos y privados; pone el dedo en la llaga de esas heridas morales de un país que sigue supurando el líquido purulento de la podre y la corrupción crónicas.
Textos heterodoxos, disidentes, excéntricos, sublevados, corrosivos, lapidarios; escritos a contracorriente de las versiones oficiales, a contrapelo del peor de los sentidos comunes; textos que le escupen a la cara del lugar común, que le sacan la lengua a las frases hechas, que le dan una patada en el culo a la formalidad adocenada. En una palabra, textos que abominan de lo políticamente correcto tanto como del periodismo peinado y con corbata.
César Hildebrandt es, probablemente, y duela a quien le duela, el mejor periodista de estos pagos, no quizás el más influyente, como gusta repetir cierta publicidad engañosa, pues sino no se entendería tanta bobería instalada en el inconsciente colectivo ni tanto cretinismo galopante en las masas estupidizadas por la televisión nacional y sus bufones, pero sí el mejor informado -un “sabueso tenaz” lo ha llamado Vargas llosa-, el más valiente, el más leído, el más culto, vamos.
Quienes más sufren el escarnio demoledor de su látigo verbal son nuestros políticos, esos zafios hombres públicos que se encaraman a los lomos del poder para mejor exhibir sus saberes de poca monta, sus ridiculeces invencibles y sus nimiedades de callejón. Pero también están los empresarios televisivos, con quienes ha librado ardorosas batallas en defensa de su independencia y de la libertad de expresión, razón por la que no tiene en la actualidad ningún programa en el aire, siendo como es, una presencia imprescindible para formar la opinión pública a través de la televisión.
Enemistado con medio mundo, sólo por el prurito de tener la dignidad y el honor donde otros sólo tienen el bolsillo y la chequera; enfrentado a los poderes de turno que no comprenden el verdadero valor de la prensa independiente; crítico a perpetuidad de los grandes santones de la prensa nacional, Hildebrandt ha sido todo este tiempo una verdadera piedra en el zapato para todos quienes han querido medrar desde el abuso y la prepotencia, desde la indecencia y la felonía.
La lectura de este libro es obligatoria para quienes no quieren convertirse en el coro ovejuno del establishment, para despercudirnos de tanta costra fermentada por una mala educación y una peor cultura propaladas desde los centros burocráticos del poder. Leerlo ha sido para mí una agradable confirmación, un deleite renovado con el lenguaje, una forma de acceder a la felicidad, un secreto gozo frente a ciertos cuadros y escenas que el autor ha pintado con gracia y mejor humor, momentos en que me he sorprendido con la mueca malévola de Zaratustra en la mirada y con la risa disolvente de Shiva en el rostro.

Lima, 29 de octubre de 2011.

domingo, 23 de octubre de 2011

ETA: el fin de la lucha armada

El anuncio del cese definitivo de la actividad armada hecha por la banda terrorista ETA, no sólo constituye una declaración de gran relevancia histórica para España, sino que abre igualmente un abanico de perspectivas sobre el porvenir inmediato y el de largo plazo en la península.


Luego de más de cuatro décadas entregada a la violencia como método de lucha política, con un saldo de 829 muertos, miles de afectados directa o indirectamente y un clima permanente de zozobra y miedo institucionalizados -sobre todo en el País Vasco-, la organización radical más longeva de la Europa contemporánea, ha decidido de motu proprio poner punto final a su accionar delictivo, no sin la presión decisiva que en los últimos tiempos han obrado diversas fuerzas tanto nacionales como internacionales.


El inicio de sus actividades armadas se remonta al año 1968, cuando ETA perpetró su primer atentado terrorista, el cual seguiría su curso macabro de muerte y destrucción por los siguientes años, intercalados con breves periodos de tregua que enseguida eran violentamente levantados para sumir al país en una nueva oleada de incertidumbre y terror. Eran los años de la férrea dictadura franquista, cuando España vivía sus años más sombríos y aún no se vislumbraba el final de esa larga noche que unos años más tarde llegaría con la promesa del retorno de la monarquía y de la democracia.


Durante todo este tiempo, desde que se fundara ETA en 1959, una consigna autonomista espoleó el alma nacionalista de una facción extremista de los vascos en pos de la ansiada independencia de lo que ellos llaman Euskal Herria. Pero escogieron el camino más pedregoso, la vía truculenta de la violencia ciega y el golpe demencial. Eligieron equivocadamente el método más sangriento y homicida, aquel que los llevaría a un enfrentamiento absurdo e inútil con el gobierno y la sociedad españoles, obteniendo únicamente como seguro resultado el haberles salido el tiro por la culata de la desesperación.


Una trayectoria zigzagueante ha seguido la organización, con algunas escisiones en medio de la lucha, detenciones claves de varios de sus dirigentes principales y un objetivo que se escabullía a través de la ilusa pretensión de imponer sus objetivos por la sola razón de la fuerza. El rechazo de un amplio porcentaje de la sociedad española y vasca, no fue ningún impedimento para alargar por tanto tiempo una batalla absolutamente condenada a la esterilidad y al vacío.


Numerosos intentos de acabar con el terror se estrellaron tantas veces con un empecinamiento revestido de una coraza de soberbia y estupidez, como aquella del año 1988 cuando se firmó el Pacto de Ajuria Enea, que casi inmediatamente fue dinamitado por la furia irracional de un grupo cuya filosofía se entronca con la peor tradición del anarquismo cerril de la Europa decimonónica.


Hasta que en las últimas semanas se ha reunido la Conferencia de San Sebastián, con la participación de notables personalidades de la política europea y de la izquierda abertzale, aquella ligada ideológicamente a la banda en cuestión, pero que asume posiciones más racionales y reclama a su vez el cese definitivo del camino de las armas y la asunción de la lucha política a través de los medios democráticos.


Un punto que no puede ser soslayado en las semanas y meses siguientes, cuando se establezcan los canales adecuados para encuadrar el rumbo de los hechos, es el que se refiere a las víctimas de 43 años de imperio del miedo, para quienes es lícito reclamar una mínima exigencia de verdad y justicia, de memoria y reparación como condiciones ineludibles para una paz auténtica y una reconciliación nacional.


Hubiera sido deseable que en su declaración final, los miembros de ETA hubiesen también anunciado la disolución de la organización y la entrega simultánea de las armas, como medidas efectivas que garanticen su real propósito de asumir de manera concreta el camino de la negociación y el diálogo, reconociéndolos implícitamente como únicos medios de zanjar sus reclamos políticos de manera democrática y civilizada.




Lima, 23 de octubre de 2011.

sábado, 15 de octubre de 2011

Vargas Llosa y el teatro

Acabo de leer dos entretenidas piezas de teatro publicadas allá por los años ochenta por nuestro insigne Premio Nobel Mario Vargas Llosa: La señorita de Tacna (1981) y Kathie y el hipopótamo (1983). Ambas sondean problemas similares de la relación entre el escritor y la ficción, y en ambas se puede vislumbrar esa obsesión central que para el novelista peruano ha tenido siempre el asunto aquel de las mentiras y las verdades en el mundo de la literatura.


La historia de una distinguida dama del sur del Perú, que rememora sus años juveniles ante la mente aviesa y curiosa de su sobrino nieto, se erige en el asunto medular de una trama que se equilibra entre la sátira y el sainete. Cuando la Mamaé, una longeva mujer que espera sus últimos años en medio de recuerdos nebulosos y miserias del cuerpo, evoca sus esplendores y glorias pasadas, Belisario -el aspirante a escritor de la familia-, está ahí presto para canibalizar una biografía que puede ser fascinante para su exploración y explotación literaria.


De forma análoga, el deseo de una mujer de querer encarnar sus sueños y anhelos más desaforados en una buhardilla de París, teniendo como cómplice y amanuense a un escritor frustrado que se presta a auxiliarla en el arduo oficio de poner en palabras el relato de sus quimeras, se convierte en una bella estratagema para desarrollar el viejo entredicho que se suscita entre el mundo de la fantasía y el mundo real, entre la realidad de la ficción y la realidad real -según la famosa disyuntiva vasgasllosiana.


El propio autor ha confesado su perplejidad para entender, luego de tantos años dedicados al oficio, el misterioso proceso del surgimiento de las historias, ese dudoso camino que una vez empezado no se sabe muy bien a dónde nos conducirá. Pues si está más o menos claro para un autor de ficciones el tema que termina apoderándose de su obra, no lo está definitivamente el desenvolvimiento que tendrá, ni mucho menos quizá el fin con el que será rematado.


El teatro representa, en los casos comentados, el medio más apropiado para encarnar ese enigma singular que constituye la vivencia de una mentira, pero que sin embargo puede albergar verdades tan profundas como la que podemos extraer de una vida verdadera si sabemos observarla. Porque en el teatro, ese caos azaroso y oscuro de la vida adquiere un orden que nos permite entenderla, o por lo menos seguirla con más cuidado de que lo habitualmente hacemos con ella.


Tanto Belisario en la primera pieza, como Santiago en la segunda, nos ponen en el papel de protagonistas testigos del proceso de gestación y alumbramiento de una obra de ficción. Asistiendo al entramado mismo de donde brotan las historias, describiéndola con precisión de relojero y dejándonos el testimonio de su nacimiento, nos están revelando también el secreto mejor guardado del rol que juegan estos divertimentos que el hombre se ha inventado para salvarse de una vida que se niega rebeldemente a ser única y exclusiva.


Dice Vargas Llosa que así como los animales viven su vida de comienzo a fin, el ser humano no; que su inconformidad con la vida que le ha tocado vivir, que es fuente de infelicidades, insatisfacciones y rebeldías, lo empuja asimismo a la creación de un lujoso juego que se vuelve en la portentosa vía que le permite escapar a ese determinismo unívoco y gris, aunque sea a través de las elucubraciones afiebradas de la imaginación y la fantasía.


Es a ese juego de fingir las mentiras, que la vida no tiene para sentirse completa, que se entregan los personajes en estas dos ficciones fraguadas por nuestro mayor escritor. No olvidemos que el primer amor literario de Vargas Llosa fue el teatro, que su vida como escribidor se estrenó en plena adolescencia con La huída del Inca, una obra de teatro con la que obtuvo su primer premio en su ya dilatada carrera de creador. Y que si las condiciones hubiesen sido las propicias cuando se iniciaba en la literatura, probablemente su actividad principal sería la de dramaturgo. Mas aquí se reivindica, de forma espléndida con el género, con estas magníficas piezas teatrales que nos hacen sentir de la manera más viva que “nuestros apetitos y nuestras fantasías siempre desbordan los límites dentro de los que se mueve ese cuerpo mortal al que le ha sido concedida la perversa prerrogativa de imaginar las mil y una aventuras y protagonizar apenas diez.”


Ya quisiera ver representadas en escena los diálogos y las situaciones que dan vida a los personajes que encarnan en las obras, para confirmar una vez más que “la ficción es el hombre ‘completo’, en su verdad y en su mentira confundidas.”



Lima, 16 de octubre de 2011.

domingo, 9 de octubre de 2011

Un Nobel sueco

Aun cuando siempre sean discutibles las decisiones que cada año toma la Academia Sueca al otorgar los Premios Nobel, especialmente el de literatura, no se puede dejar de reconocer las acertadas veces en que su criterio ha dado en el clavo. En el caso del Premio Nobel de este año, entregado al poeta sueco Thomas Tranströmer, parece que ha sucedido esto último. Más allá de que el galardonado pertenezca precisamente al país que es la sede oficial de la Fundación Nobel, lo cual muchas veces ha avivado las suspicacias, tanto su trayectoria literaria como la calidad de su obra lo hacen legítimo merecedor al reconocimiento internacional que dicho premio significa.


Es muy poco lo que se conoce de la obra de Tranströmer en Latinoamérica -es la primera vez, por ejemplo, que oigo hablar de este poeta-, e incluso en Europa, donde al parecer disfruta de un justo prestigio entre el selecto público que lo sigue. Y a pesar de haber sido traducido a medio centenar de lenguas en el mundo, su poesía ha estado encerrada en un círculo elitista de profesores y académicos, además de poetas y escritores, que no ha tenido una difusión como quizás se merecía.


Estoy usando los condicionales porque no conozco la obra del poeta sueco, de quien recién he empezado a leer la poca poesía que se encuentra disponible por el internet. De la docena de libros publicados a lo largo de medio siglo, apenas un puñado de ellos leídos a vuelo de pájaro, no pueden dar una visión cabal de la totalidad de su obra. Lo que sí he apreciado de inmediato, tal vez por ser un tipo de poesía que valoro sobremanera, han sido los haikus, que este poeta de occidente también cultiva, al igual que otros tantos de este lado del mundo.


En el largo recorrido de sus ochenta años de existencia, numerosas han sido las vicisitudes del laureado vate, pero una de ellas ha sido la que ha alimentado con una tenacidad y una energía invencibles: su amor sin límites por la poesía, ese secreto y misterioso gozo por la palabra, ese combate sutil y amoroso con el lenguaje. Dicen que comenzó a escribir poesía a los trece años, y que a los diecisiete ya tenía su primer volumen, que publicaría algunos años después.


Entre los candidatos de este año al preciado galardón, figuraban igualmente notables exponentes de las letras contemporáneas, como el poeta, compositor y cantante estadounidense Bob Dylan, o el escritor japonés Haruki Murakami. Se afirmaba también en los pasillos secretos de los apostadores, que el poeta peruano Carlos Germán Belli habría figurado entre los posibles voceados al ansiado laurel. No hay duda de que Belli es actualmente el poeta peruano vivo más importante, y que su obra reúne de sobra los requisitos mínimos para alcanzar dicho reconocimiento mundial. Desde que lo supe, Belli se convirtió en mi candidato favorito, en la figura que mejor encarnaba la estatura del decir poético aunada a la calidad y maravilla del ser humano.


Sea como sea, lo cierto es que después de muchos años en que los consagrados eran mayoritariamente narradores o novelistas, este año es el turno de la poesía, probablemente el género que más cabalmente expresa tanto la profundidad como la belleza de una lengua. Y ello ya es motivo suficiente para sentirnos satisfechos cuando el nombre de un poeta es catapultado al primer plano de la admiración universal.


Qué mejor pretexto que una noticia así para acceder al ámbito más íntimo de un auténtico creador, al sereno hogar del alma de un ser en que se cuecen lentamente las palabras para luego brotar en chorros de espléndida sublimidad. Es lo que sucederá a partir de ahora con Thomas Tranströmer, el aeda nórdico que a los sesenta años sufrió un derrame cerebral que lo dejó hemipléjico, pero que en ningún momento se convirtió en un impedimento para su vocación poética.


Sabremos que además de psicólogo y profesor, labores que ejerció durante años, existe un reducto especial en su inquieto espíritu que lo impulsó a dedicarse a esta extrañísima e ingrata labor de juntar palabras, para decir lo que todos y cada uno de los hombres siente, piensa y quisiera decir. En una palabra, una forma de acercarnos a nosotros mismos, para sondear nuestros abismos y superficies de la mano de un ser investido por los dioses con un don inefable y místico.



Lima, 9 de octubre de 2011.