sábado, 12 de marzo de 2022

Imagen de Jauja (II)

Como se quedaron varios sucesos en el tintero de aquello que relaté en la primera parte, pretendo completar con esta segunda entrega algunos apuntes que no podían quedar relegados en el olvido. El primero de ellos se refiere a la visita que hicimos a los murales tunanteros de Yauyos. Fuimos dos veces. La primera fue una noche en que tomamos el rumbo del puente para ingresar por la Av. Primero de Mayo, la principal que da acceso a la plaza principal del distrito. Cerca ya a la plaza se podía divisar en las fachadas de las casas que bordean el recinto imágenes alusivas a la fiesta más importante del pueblo, pinturas de chutos, huatrilas, príncipes, tucumanos y otros en una seguidilla que se prolongaba por el Jr. Cuzco, cuyas calles empedradas y en cuesta me hicieron recordar inmediatamente al famoso barrio de San Blas en el Cuzco. Sin embargo, como ya había oscurecido, no pudimos apreciar en todo su esplendor estos murales temáticos. Así que el regreso se produjo unos días después, pero muy temprano por la tarde. Lo que no contamos es que una vez hecho el recorrido, con mejores vistas que la anterior, se precipitara en la ciudad una torrencial lluvia que nos obligó a guarecernos en una tiendecita que casi daba frente a la plaza. Una señora de trato amable nos albergó en su local y nos sirvió humeantes cafés con empanadas y arepas venezolanas. Nos contó que hace como tres años llegó al Perú, huyendo de las condiciones difíciles de su país, al que añora volver alguna vez porque allá quedaron sus padres, hermanos y otros familiares. La plática fue amena, mientras afuera resonaban los truenos y los relámpagos azotaban el cielo con sus látigos de luz, y una lluvia tenaz convertía las calles en riachuelos torrentosos que discurrían ciudad abajo.

Otro día tocó la visita a la feria. En realidad, fueron varias las veces que paseamos por sus instalaciones, pues es bien sabido que en Jauja éstas se realizan los días miércoles y domingos. Recuerdo a esta ocasión, que cuando era colegial hacía el recorrido todos los días por las calles céntricas de la ciudad, y los miércoles, días de feria –pues en aquella época ésta se ubicaba en la plaza principal y jirones aledaños– tenía la suerte de pasar por donde se ponían las vendedoras de pescado frito, cuyo olor a esas horas que volvía del colegio me hacían agua la boca, un aroma único que siempre he asociado a lo delicioso de esos platillos de nuestra culinaria nacional. Lo curioso es que nunca pude probar lo que aquellas señoras vendían, conformándome con ese aliento que halagaba mi olfato, pues sabía que en mi casa me esperaba el almuerzo puntual  que esa mujer maravillosa que era mi abuelita preparaba con la sazón insuperable de su generoso corazón. Así que siempre me quedó pendiente esa incursión en la comida callejera que jamás había realizado. Por lo que esta vez, caminando por la feria, que ahora se ubica en el barrio El Porvenir, entre las avenidas Bruno Terreros, Mariscal Cáceres y calles transversales, y siendo la hora del mediodía, estuve dispuesto a cumplir ese antiguo deseo. Pues la verdad que no me arrepiento, valió la pena esperar cuarenta años para este cometido. Nos ubicamos en un toldito donde dos fornidas señoras tenían lista la sartén con el aceite hirviente para cocinar el pescado elegido. El festín fue increíble, un plato de arroz, yucas, y cubriéndolo todo un generoso trozo de pescado frito despidiendo el mismo olor de antaño. Todo ello acompañado con un platillo de salsa criolla más ají al gusto. Terminado el banquete, me fue dado saborear el dulce de caya más increíble en muchos siglos de sibarita contumaz. Una vendedora de dulces, a unos pasos de la pescadera, ofrecía estas delicias de la repostería jaujina, y como hacía un montón de años que no saboreaba de las que hacía en casa la abuelita bendita, pues no lo pensé dos veces y me llevé una buena porción para degustarla con mayor fruición una vez pasado el almuerzo.

La feria de Jauja es todo un caleidoscopio de productos de la más diversa naturaleza, uno encuentra ropa, calzados, sombreros, abarrotes, frutas, verduras, artefactos eléctricos y digitales, etc. Al pasar por uno de estos puestos, me encantó un aparato de radio modelo antiguo, pero con todos los aditamentos de los que fabrican hoy en día, incluido conexión a Bluetooth, que permite escuchar música o lo que uno quiera utilizando un celular con internet. El precio era módico, así que me hice con él y ahora disfruto toda la riqueza del YouTube a través del sonido especial de esta radio que me hace recordar al que había en mi casa cuando era niño, y donde estoy seguro oí por primera vez una emisión radial. Reminiscencias personales, o fijaciones infantiles, dirían los psicoanalistas, mas una buena forma de integrar el pasado con el presente a través de un símbolo con todas las connotaciones de calor familiar, recuerdos de niñez, nostalgia y recuperación de la memoria ancestral.

Y algo más, que tal vez debí contar al inicio: el aeropuerto Francisco Carlé, el único de la región, envidia tal vez de otras provincias o motivo de fricciones con la provincia de Huancayo, cuyas autoridades se empeñan en construir uno en Orcotuna, sabiendo que es imposible por los múltiples estudios que han demostrado hasta la saciedad su inviabilidad. Además, es absurdo duplicar esfuerzos tratando por capricho de tener uno propio, cuando perfectamente el de Jauja puede mejorarse e implementarlo para convertirlo en uno de rango internacional, que permita el servicio de aviones de mayor calado y por supuesto con mayor tráfico que beneficiaría a toda la región. Huancayo está a sólo treinta minutos en automóvil, por lo tanto para qué buscarle tres pies al gato empecinándose en otro teniendo uno prácticamente a la mano. Cuando uno llega al aeropuerto de Lima, el trayecto hasta nuestro domicilio varía en ese rango de media hora a una hora, o quizás más, lo cual demuestra la necedad de quienes tercamente se encastillan en su inútil proyecto. En fin, por lo visto los objetivos políticos de algunos personajes están totalmente divorciados de la realidad, no tienen la suficiente perspectiva de miras para detectar cómo alcanzar el desarrollo con un mínimo de esfuerzo y una dosis más de cooperación.      

No podía faltar, el último día de estadía, una breve visita a la laguna de Paca, para saborear una suculenta pachamanca y sentir de paso la brisa encantada de la mítica deidad provincial. Observar la superficie de las aguas, rielando a esa hora de la tarde, teniendo como fondo las onduladas colinas de los cerros contiguos, nos devuelve una imagen perenne en los ojos de todos los hijos de estas tierras, para quienes este paisaje adquiere el símbolo por excelencia de su identidad jaujina, la referencia indubitable de su ser y su sentir, el escenario más entrañable de su espíritu hecho naturaleza.

Al caer la tarde, vísperas ya del viaje de retorno, sufrí el asalto de las musas, quienes me dictaron los siguientes versos:

ÚLTIMO ATARDECER EN JAUJA

El sol poniente

ilumina nostálgico

tras de un rebaño

de nubes violetas.

El horizonte que corona

la cima de la montaña

deja adivinar en la lejanía

la luz agonizante del día.

Las torres de la iglesia

y los ocres tejados se parapetan

tras un bosque de eucaliptos

que mudos contemplan

las sombras que crecen

en la tarde estival.

Como un ojo de amarillo

antiguo, guiña desde su

veladura gaseosa

el astro que desciende.

 

Lima, 28 de febrero de 2022.



 

martes, 1 de marzo de 2022

Ucrania en la picota

 

Un conflicto largamente anunciado ha estallado en el este de Europa, el jueves a la medianoche tropas rusas han emprendido un ataque en toda regla en territorio ucraniano, contraviniendo todas las advertencias de las potencias occidentales y los llamados a la cordura de los organismos internacionales. Desde el mes de noviembre del año pasado el gobierno de Vladimir Putin ya tenía apostados en la frontera con Ucrania un importante contingente de soldados preparándose para una incursión inminente. El conflicto tiene larga data, es un asunto complejo que involucra a diversos actores, pero la invasión de ahora ha acaparado todas las portadas de los medios de prensa del mundo.

El presidente de la Federación Rusa, en el poder hace ya varias décadas, es un promotor declarado de una especie de nacionalismo paneslavo, con ansias de revivir no tanto lo que fue la Unión Soviética, sino el Imperio Ruso, el de los zares, vigente hasta hace poco más de cien años, cuando una revolución socialista precisamente terminó con uno de los imperios más importantes de Europa. Su ambición política es notoriamente imperialista, que esta vez se ha estrellado con otro imperialismo vigente, el de los Estados Unidos, que evidentemente no quiere perder sus zonas de influencia en el mundo, contando para ello con sus aliados del bloque occidental y que tiene en la OTAN un instrumento perfecto para sus fines. Dicha alianza militar tuvo razón de existir mientras el mundo era bipolar, cuando en el bloque del este el Pacto de Varsovia hacía la contraparte en medio de una Guerra Fría que se extinguió a la par que la disolución de la URSS en 1991.

Cuando la superpotencia comunista implosionó, los estados que la conformaban declararon su independencia, entre ellos Ucrania, ligado a Rusia desde los orígenes de la nación rusa, pues históricamente sabemos que el país tiene su cuna en el llamado Rus de Kiev. Sin embargo, cuando se produjo la desaparición de la república de los Soviets, Ucrania aún poseía armas nucleares, que por un pacto político pasó a manos de Rusia, con el acuerdo de que dicho país garantizaría la integridad territorial de su vecino. Mientras tanto, una población importante de ciudadanos prorusos fueron alentados por Moscú para reivindicar los territorios del este, en la región del Donbás, donde en el año 2014 se autoproclamaron repúblicas independientes Donetsk y Lugansk, no siendo reconocidas oficialmente por la comunidad internacional. Ese mismo año se produjeron las famosas revueltas que tuvieron su foco en la Plaza de la Independencia de Kiev, que la prensa internacional bautizó como  Euromaidan, donde se logró la expulsión del poder del presidente proruso Víktor Yanokóvich. Según testimonios y evidencias se conoce que detrás de dicho movimiento estuvieron fuerzas ultraderechistas y neonazis que habrían actuado directamente en la matanza del 20 de febrero de dicho año, desatando un baño de sangre con el objetivo preciso de crear las condiciones para la salida del gobernante. Estas fuerzas exigían la incorporación de Ucrania a la OTAN y a la Unión Europea (UE), algo que hasta ahora no se ha producido. Y ese es el peligro que justamente señala Putin como una amenaza para la nación eslava, pues significaría tener al enemigo a las puertas de su casa. En paralelo, Rusia se anexó la península de Crimea, zona clave por el puerto de Sebastopol en el Mar Negro.

Se trata, pues, del choque de dos poderes imperiales en pos de sus áreas de influencia, modificados radicalmente en los años 90 del siglo XX cuando el mundo pasó a ser unipolar. Putin no es precisamente un personaje admirable, es un tirano que aspira a eternizarse en el poder y cuyo objetivo más acariciado es, como ya dijimos, revivir un imperio fenecido hace más de un siglo. Y las potencias occidentales tampoco son un dechado de virtudes, pues tienen a sus espaldas un largo historial de invasiones, agresiones, ocupaciones y demás desafueros que no los califica para convertirse ahora en los abanderados de la buena conciencia del mundo. Pero más de ello, las únicas víctimas de esta guerra, como de cualquier otra, son los inocentes: niños, mujeres y ancianos que van a sufrir en carne propia toda la barbarie y la bestialidad de este juego macabro que los hombres se empeñan en librar cada vez que sus egos o sus intereses están en peligro.

Más de medio millón de ucranianos han tenido que salir de su territorio buscando refugio en algún país vecino, como Polonia y Rumania; otros miles duermen en los sótanos o en las estaciones de metro de las principales ciudades, mientras el ejército invasor arrasa todo a su paso, a pesar de su proclamada decisión de sólo destruir objetivos militares. La OTAN está atada de manos, pues al no pertenecer Ucrania a la alianza no puede intervenir enviando tropas; a lo más, Estados Unidos y sus socios han endurecido sus sanciones económicas a Rusia y están entregando ayuda militar al gobierno de Volodímir Zelenski. Una resolución en el Consejo de Seguridad de la ONU condenando la agresión rusa se ha caído la noche del viernes, por el veto de Rusia principalmente y con las abstención de China, el otro actor en la sombra, que mira de reojo los sucesos, pues sabe que en algún momento su injerencia será protagónica en una realidad política internacional con características multipolares. Las fuerzas de Putin han ingresado por el este, por el norte y por el sur, en una perfecta operación tenaza que pretende obligar a los militares ucranianos a deponer al presidente, pues considera que con ellos será más fácil entenderse. Esto constituye un abierto llamamiento a un golpe de Estado, que los países de occidente no se sabe hasta qué punto están dispuestos a tolerar.

No puede pronosticarse si esto es el comienzo de una nueva conflagración mundial, pero está claro que es la crisis más grave que enfrenta la humanidad desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, un estado que pone al mundo entero al borde del abismo, a cuyas simas podríamos precipitar siglos de civilización si los líderes de las grandes potencias no anteponen a sus ciegas ansias de poder un poco de lucidez que les permita entender que el camino que emprenderán bien podría ser el de la extinción absoluta de todo vestigio de vida en la faz de este planeta.

 

Lima, 26 de febrero de 2022.



sábado, 19 de febrero de 2022

Imagen de Jauja

 

Luego de dos años de alejamiento por causas naturales, he regresado a Jauja a pasar lo que se suelen llamar unas vacaciones. Es la primera vez que llego por avión, después de haberlo hecho unas cuatrocientas veces por tierra, desde que salí de la ciudad hacen ya cuarenta años justamente. Lo hice para seguir estudios superiores cuando tuve la ventura de ingresar a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en 1982, un 4 de abril que no se ha ido de mi memoria. He vuelto cada año varias veces durante mi época de estudiante, en viajes tortuosos por una ruta que al principio fue interesante, pero que luego se hizo insufrible por los estragos del ascenso a las alturas en medio del invierno o en condiciones insalubres.

El descenso esta vez fue novedoso, luego de un vuelo de treinta minutos desde la capital. El clima era despejado, el aeroplano sobrevoló por breves minutos la verde campiña del valle del Mantaro, dejando entrever un paisaje impresionante con el hilo metálico del río corriendo en medio de feraces sementeras y de poblados diseminados a ambas orillas. Los ondulados cerros violados, ocres y parduscos enmarcaban una vista fabulosa a esa hora de la tarde, con un sol cenital que aún alumbraba la alegre faz de la provincia. Cuando la nave se posó en tierra, sabía que se iniciaban unas tres semanas de reencuentro entrañable con la tierra que fue testigo de mi irrupción en este mundo hace ya un buen puñado de años.

La ciudad ha cambiado muy poco desde que la dejé hace dos años, cuando acudí a ella para una cita familiar. Este año tampoco se celebra como siempre la fiesta del 20 de Enero, sin embargo los lugareños se las han ingeniado para realizar sus reuniones privadas y no perder la costumbre de escuchar, cantar y bailar los vistosos ritmos que acompañan a la afamada festividad del valle. Caminar por el casco histórico es una honda experiencia de añoranza y nostalgia, reviviendo momentos gratos, divertidos y tristes que hacen parte de toda vida. Apena comprobar que las aceras de muchas de las calles se encuentran en mal estado, cuarteadas y con grietas, mientras que otras tienen toda la apariencia de ser nuevas, con calzadas relucientes y lisas. Transitar por el histórico jirón Junín, convertido hace algunos años en una vía peatonal, es tomarle el pulso a la pequeña urbe con sus locales remozados, sus novísimos comercios y sus habitantes que discurren plácidos en medio de vendedores ambulantes, cantores y músicos de ocasión y algunos visitantes que se detienen a observar los detalles de ciertas casonas y construcciones antiguas.

Un recorrido por los cuatro puntos cardinales de la ciudad nos entrega vivencias renovadas de misterio, encuentros inéditos con paisajes y espacios que fueron parte de mi infancia, pero que vistos a la luz del tiempo adquieren una fisonomía inédita, como si los años transcurridos los hubieran dotado de significados y símbolos desconocidos. Explorar sus cuatro costados es una aventura fascinante. Por el oeste se sitúa el famoso cerro Huancas, en sus laderas se ubica el distrito de Yauyos, antiguo pueblo de mitimaes durante el Incanato. Por el otro extremo está el legendario barrio de La Samaritana, mi barrio, adonde ascendí para observar desde un collado el imponente escenario de la ciudad, dominado por los típicos tejados ocres, salpicados por algunos techos de calamina, un material que disuena en la andina arquitectura colonial, así como las ventanas de cristales azulados de ciertas construcciones modernas, un elemento de huachafería que disuena en el conjunto urbanístico de la ciudad. Pero en lontananza se pueden otear las líneas caprichosas de las colinas que en el fondo trazan la figura de un inca dormido, a cuyas orillas se encuentra la mágica laguna de Paca.

Por el norte caminé por el Jr. Junín hacia la salida de los pueblos ubicados en el valle de Yanamarca, que es también el camino que conduce a la provincia vecina de Tarma. Por primera vez tuve ocasión de ingresar al local de lo que en mi época se llamaba colegio 501, clásico rival del colegio 500, donde estudié toda la primaria. El local es amplio, conserva sus viejos pabellones al lado de modernas construcciones. Atravesando el patio principal se accede a un campo deportivo, donde un grupo de niños entrenaban bajo la guía de un profesor. Los truenos empezaban a sonar en la lejanía, el cielo se iba encapotando por el lado este, señal de que se avecinaba la lluvia, uno de los espectáculos más fascinantes de la serranía, aquel que siempre extraño cuando me encuentro en la desértica costa. Por la vía que va hacia la laguna se han levantado nuevas edificaciones, como el moderno local del Concejo Provincial de Jauja, casi enfrente de aquel que ocupa el del seguro social. Más allá está el recinto que alberga el Colegio Nuestra Señora del Carmen, construcción que tiene ya algunos años y donde funciona la primaria de dicho colegio de mujeres.

Hacia el sur la visita obligada es al Colegio San José, emblemático de la provincia, en cuyas aulas cursé la secundaria. Totalmente remozado, es casi otro al que yo conocí en los años 80. Posee nuevos pabellones, un comedor escolar, salas para talleres de música y un estadio muy bien conservado, con césped sintético y una vaquilla que nos recibe con miradas desconfiadas. De rato en rato muge de extrañeza, y cuando nos retiramos nos despide con un largo mugido como quejándose del abandono en que la dejamos nuevamente en esa su soledad desapacible. La avenida Ricardo Palma es la que conduce al centro educativo, a la vez principal ingreso a la ciudad. La antigua estación de trenes luce abandonada, por un tiempo funcionó como terminal terrestre, pero ahora está cerrada. Cuántas veces tomé el tren del ferrocarril central para dirigirme a Lima, o arribé esas tardes soleadas para pasar una temporada en el querido terruño.

Hacia el este se llega por el jirón Grau directo a la plaza Santa Isabel, donde parte una alameda hacia el cementerio general de Jauja. De allí continúa una carretera hacia los confines de la ciudad, se cruza un pequeño río llamado Yacus para internarse en los pueblos de Huertas, Molinos y otros. Los paisajes son majestuosos, con amplios sembríos de maíz y papas, mientras un variado ganado pace a sus anchas por entre la verdura de los campos. La visita al cementerio es un paso obligado por esta ruta, para visitar las tumbas de los familiares cuyos restos reposan allí desde hace décadas. Me detengo especialmente en los de mi madre y mi abuelita, dos mujeres fabulosas que se han convertido para mí en mis manes preferidos de una religión personal, llamémosla así, cuyo culto se escenifica en el recinto más íntimo de mis sentimientos.

Breves incursiones a algunos poblados de la margen derecha e izquierda de la carretera a Huancayo, marcan los días de esta visita anual. Esta vez le toca el turno al distrito de Mantaro, situado a 20 minutos de la ciudad, donde luego de recorrer la calle que conduce a la plaza, y de ser partícipes de una misa de difuntos en su pequeña iglesia, nos sorprende al retorno un chaparrón descomunal que nos obliga a ponernos a buen recaudo bajo el techado de una bodega. El clima en estos meses de verano es caprichoso, puede amanecer bajo un simpático sol que da a la atmósfera un aire caluroso, y de pronto cubrirse de nubes y precipitarse una lluvia con truenos, relámpagos y rayos atemorizantes. A veces es un verdadero diluvio, pues el agua cae a cántaros que convierten a la ciudad en una pasajera sucesión de riachuelos que descienden de occidente a oriente, o prolongarse toda una noche, sintiendo uno el monótono golpeteo de los tejados como una música natural que acompaña los sueños.

Otro día visitamos el cada vez más famoso y turístico cañón de Shutjo, situado en las márgenes del distrito de Canchayllo, una desviación de la carretera central cercana al pueblo de Pachacayo. Es un imponente paraje natural con inmensos farallones que flanquean un cristalino río que discurre por el medio de la quebrada. El ascenso a sus picos es agotador, el más elevado se sitúa por encima de los 3700 metros sobre el nivel del mar. Desde esta cumbre la vista del paisaje es impresionante y vertiginosa. Sobrecoge la manera cómo la naturaleza ha tallado estas moles gigantescas a lo largo tal vez de milenios. El recorrido completo se hace en dos horas aproximadamente, el desafío de la montaña y sus empinados desfiladeros constituyen todo una excitante aventura para el visitante.

Saliendo un poco de los límites de la provincia, el siguiente paradero es el centro arqueológico Wawi Wawi, una extraña y caprichosa formación rocosa que tiene la apariencia de bebés atamalados, pues en el quechua del centro el nombre significa precisamente bebé-bebé. Está localizado en el centro poblado de Matahulo, del distrito de Mito, provincia de Concepción, fronteriza con Jauja. Desde la cúspide de estas puntiagudas conformaciones geológicas se puede divisar todo el valle del Mantaro, incluso una parte del valle de Yanamarca, así como los místicos nevados del Huaytapallana hacia el sur, por la zona de Huancayo. Y aquí en esta ciudad, la capital de la región, conocí por fin el tan mentado Parque de la Identidad, un parque temático donde se exponen las figuras más notables del arte de la provincia, entre compositores, intérpretes y músicos que dieron lustre y resonancia al folclore huanca. Una lluvia menuda nos acompañó durante el recorrido, dándole un atractivo adicional a este paseo por un extracto de la cultura de la región.

Para concluir, haré notar la aparición de algunos cafés y restaurantes en Jauja, reconfortantes muestras del auge de la gastronomía y la tertulia en la provincia, así como alternativas de gran interés para el viajero que busca novedades culinarias y paisajísticas donde recrear y entretener sus horas de ocio. Esa es, pues, la imagen provisional de Jauja que entrego después de este último contacto con la tierra, de cuya savia y humus tomaré nuevos bríos para enfrentar los apabullantes retos que no dejará de ofrecernos el año que empieza.

 

Lima, 16 de febrero de 2022.



domingo, 13 de febrero de 2022

Castillo de naipes

 

La enésima crisis que vive nuestro país, propiciada por la clase política en general, nos plantea una realidad desafiante a todos los peruanos, quienes vivimos ya largos años inmersos en estos vaivenes estresantes y llenos de incertidumbre, pendientes todos los días de las decisiones, equivocaciones y metidas de pata de las autoridades en el Poder Ejecutivo, en el Legislativo o en cualquier otra instancia gubernamental. Es difícil encontrar otro país que tenga este nivel de caos, anarquía e inestabilidad permanentes, como si de pronto hubiésemos ingresado en un vórtice de incalculables dimensiones que sólo puede acabar en la disolución de todo atisbo de estructura mínima para la existencia de una sociedad organizada.

Desde el momento en que fue disputada la segunda vuelta electoral el año pasado, donde el partido político que perdió se negó a aceptar los resultados, entorpeciendo por más de un mes la proclamación de los resultados oficiales, no hemos parado hasta hoy de ir de tumbo en tumbo, de hoyo en hoyo, en una larga lista de hechos que lo único que lograban era hundirnos más y más en esta suerte de ingobernabilidad perpetua que nos mantiene a todos los ciudadanos en un estado de zozobra, lo que es una verdadera amenaza a nuestra salud mental, que repercute negativamente en las distintas actividades diarias que cumplimos como estudiantes, trabajadores o simplemente ciudadanos de a pie que tenemos el perfecto derecho de que quienes han recibido el encargo de conducir los destinos del gobierno nos garanticen niveles aceptables de tranquilidad y paz en nuestras vidas cotidianas.

El gobierno que el pueblo eligió para que conduzca los destinos del país a partir del 28 de julio del 2021, ha demostrado hasta el momento un nivel de precariedad e ineptitud tales que ha dado leña a la oposición, igualmente mediocre e inepta, para sumarse a la agenda de la vacancia desde el primer momento. El ciclo de la cuestión de confianza y la vacancia, vuelve a girar sobre nuestras cabezas, como un tira y afloje entre dos fuerzas irracionales que miden sus pulsos de una manera irresponsable en medio de un pueblo que contempla con perplejidad, indignación y rabia cómo la clase política en bloque, salvo rarísimas excepciones, juega a la guerra no importándoles para nada los reales intereses y expectativas de la gente que cada día se esfuerza, desde sus pequeñas trincheras, por labrarse una existencia con algunas dosis de dignidad y decencia. Pareciera que no piensan un minuto en todo lo que esto significa para una población harta de sus desavenencias, atosigada de sus pleitos minúsculos, cansada de esta guerrilla de pacotilla entre representantes que ya no representan a nadie, salvo a inescrupulosos intereses de pandillas y mafias que han tomado por asalto el poder.

Una vez instalado el nuevo gobierno, estuvo caracterizado por nombramientos inadecuados desde el primer gabinete de ministros, empezando por su presidente, Guido Bellido, un conocido militante de Perú Libre (PL), homofóbico y misógino. A pesar de la presencia de algunas figuras que sí eran idóneas para el cargo, y que estuvieron hasta hace poco en el Consejo de Ministros, muchas eran cuestionadas, ya sea por la carencia del perfil suficiente como por una trayectoria que no garantizaba decisiones acertadas en el sector respectivo. La insistencia de diversos sectores de la sociedad civil y de ciertos representantes de los partidos políticos logró que se recomponga el gabinete en el mes de octubre, con la presencia de Mirtha Vásquez, una mujer de reconocida solvencia moral y política de las canteras de la izquierda, a la cabeza de la PCM. Pero desde el Congreso empezaron nuevamente los ataques, tanto desde la derecha retrógrada como desde la izquierda fosilizada, quienes se unieron en una curiosa alianza para conspirar contra la conducción sensata de la primera ministra. Ahora sabemos que también el presidente, con su ineptitud y su indiferencia, socavaba a su propio equipo ministerial.

Es en este contexto que se producen las primeras renuncias en el equipo de gobierno, empezando por el ministro del Interior, Avelino Guillén, quien había solicitado hacía semanas al presidente el pase al retiro del director de la PNP Gallardo, por su colusión con las redes de corrupción al interior de la entidad policial. En vista de que no eran atendidos sus reclamos, que eran respaldados por la propia presidenta de la PCM, en un gesto de dignidad, el exfiscal tuvo que abandonar el cargo de manera irrevocable. Unos días después, haría lo mismo la premier Mirtha Vásquez, quien en su carta de renuncia dejó entrever una serie de falencias y debilidades muy preocupantes al interior del gobierno del presidente Castillo y su equipo de asesores, que funcionaba en una especie de “gabinete en la sombra”, situación corroborada por la siguiente salida del secretario de la Presidencia. Es decir, el Ejecutivo se derrumbaba como un verdadero castillo de naipes, torpedeado por su propio líder, incapaz de darse cuenta de la magnitud de la responsabilidad que le cabe como presidente de la República.

La designación del tercer gabinete de su mandato fue un verdadero desastre. Encabezado por el congresista Héctor Valer, quien llegó al parlamento de la mano del ultraderechista partido Renovación Popular (RP), recibió el inmediato rechazo de todos los sectores de la población. La prensa sacó a la luz un pasado tenebroso del flamante primer ministro, con denuncias por maltrato familiar, deudas con el Estado y otras triquiñuelas que lo describían como un sujeto peligroso en la administración pública, alguien que no podía quedarse un minuto más en el puesto más importante del Ejecutivo después del presidente de la República. Lo curioso es cómo, a pesar de todo ello, pasó todos los filtros en el partido de López Aliaga para ser candidato al Congreso, nadie cuestionó su permanencia en la lista de candidatos, lo que demuestra una vez más los terribles vacíos en nuestra legislación de organizaciones políticas, que permite que una persona con esas características puedan postular a un cargo en el Estado.

Un gobierno sin rumbo tiene su contraparte en un Congreso igualmente desbrujulado, con mafias enquistadas en su seno que vienen destruyendo todo lo avanzado en materia de reforma educativa, reforma del transporte, derechos ambientales y otros aspectos fundamentales de políticas de Estado. La semana pasada aprobaron la ley que se trae abajo la reforma universitaria, menoscabando la labor que realiza la Sunedu en beneficio de la calidad de la educación. Los representantes de las universidades denegadas, pretenden otorgar un plazo más para que estas instituciones, que no cumplen con los estándares mínimos, puedan seguir funcionando, engañando y estafando a miles de jóvenes que buscan labrarse un futuro profesional en las aulas superiores. Semanas atrás dejaron las puertas abiertas para la proliferación del transporte informal, culpable en buena parte del caos de la ciudad y de los accidentes de tránsito que ocasionan miles de víctimas al año en las calles y carreteras del país. Quienes integran este poder del Estado, en su gran mayoría, lastimosamente tampoco reúnen las condiciones idóneas para el cargo que ocupan. La población tiene la sensación de que cada Congreso elegido es el peor que el anterior, en un descenso que no se detiene, ejemplificado esta vez por su propia presidenta, una señora con serios problemas comunicacionales y con posturas antidemocráticas y excluyentes que avergüenzan al otrora primer poder del Estado.

Qué penoso es que nuestro país, nada menos que en su bicentenario, se encuentre en esta situación calamitosa de desgobierno y división suicidas. La lideresa de la oposición, quien hasta ahora no acepta su derrota y mantiene el falaz discurso del fraude, pretende erigirse en una alternativa válida en este momento crítico, pero no hace más que sepultarse a sí misma cada vez que un medio de prensa le da cabida para sus discursos mendaces y torpes, amén de que su situación judicial se agrava con la entrega a la justicia de un testigo clave de los aportes de campaña, cuyo testimonio abonará unos legajos más al ya voluminoso expediente de un caso que el fiscal ha previsto sea visto en juicio a finales de año. Esa es la otra cara del problema político del Perú, el hecho de que las leyes sean tan laxas que permitan postular para el cargo más alto de la nación a una persona que está siendo investigada por el Poder Judicial, que acumula decenas de acusaciones delictivas y que lo demuestra en la práctica a través de su propio partido, cuyos miembros actúan en connivencia con otros grupos políticos en favor de las distintas mafias que quieren seguir lucrando con el atraso del país.

Estamos, pues, en un callejón sin salida, en uno de esos momentos críticos en que uno piensa seriamente en la refundación de la República, en una medida extrema de profilaxis moral, política y social para que esa promesa de la vida republicana, como lo soñara alguna vez el gran Jorge Basadre, sea una auténtica realidad, y no este remedo de republiqueta bananera, jaloneada por todos lados por hatos de malandrines que sólo buscan el poder para su propio beneficio.  

 

Jauja, 7 de febrero de 2022.



Nietzsche y el cristianismo

 Un libro fundamental en la bibliografía nietzscheana es sin duda alguna El anticristo, una requisitoria violenta contra el cristianismo, último texto que el filósofo dejó para su publicación cuando le sobrevino la crisis de su derrumbe espiritual en 1889. Franz Overbeck, amigo de Nietzsche, encuentra los papeles cuando acude a Turín donde el filósofo ha sufrido el repentino ataque de las fuerzas demoníacas de la sinrazón.

En el prólogo ya anuncia que este libro pertenece a los menos, típica muestra de la aristocrática postura de este discípulo de Dioniso. Los hiperbóreos y la modernidad son mencionados en el parágrafo primero, así como la fórmula de su felicidad. En el siguiente establece la moral aristocrática distinguiendo lo bueno de lo malo. Según su concepción, lo bueno es «todo lo que eleva el sentimiento de poder»; lo malo, «todo lo que procede de la debilidad». En el siguiente califica al cristiano como «animal doméstico», «animal de rebaño», «el animal enfermo hombre». La falsa idea del progreso, un pensamiento que recorre toda su obra, despunta también por estas páginas. Es contundente cuando remata su afirmación situando al cristianismo como enemigo de «los valores supremos de la espiritualidad».

El concepto de décadence es igualmente importante en toda la obra de Nietzsche; a partir de ello condena la compasión como un instinto que debilita la vida, en una crítica frontal a Schopenhauer, quien la convirtió en virtud. La filosofía alemana está corrompida, según el filósofo, por la sangre de los teólogos. El sacerdote es presentado como «negador, calumniador, envenenador profesional de la vida». Critica a Kant, quien hizo de la realidad una «apariencia», y valora a los escépticos, «el tipo decente en la historia de la filosofía».

Nietzsche le quita al hombre el privilegio de ser considerado la corona de la creación, así como señala el carácter totalmente imaginario del cristianismo, sin ningún contacto con la realidad. Ya en otra parte había afirmado que el hombre es simplemente un puente entre el mono y el superhombre, es decir algo que tiene que ser superado. Critica el concepto cristiano de Dios, «el nivel más bajo en la evolución descendente del tipo de los dioses», a diferencia del budismo, que presenta como religión realista, que lucha no contra el pecado, sino contra el sufrimiento, donde el concepto «Dios» ha sido suprimido.

Ante todo, Nietzsche ve al cristianismo como una consecuencia judía, gracias a Pablo, ese demonio del disangelio. La desnaturalización del judaísmo a través de la inversión de la relación entre Yahvéh e Israel, de una relación natural a una impuesta por la noción del pecado. Sobre esto último insistirá varias veces, pues es capital en el cristianismo, mientras que para Nietzsche es un invento judío que el cristianismo ha prolongado para seguir ensombreciendo y envenenando la vida.

En otra parte satiriza el libro de David Strauss sobre Jesús, donde se describe al personaje como héroe y genio, características que Nietzsche no ve de ninguna manera, calificando por lo contrario al fundador del cristianismo con un término ahora tenido por insultante y despectivo, pero que pertenece originalmente al ámbito médico: idiota, «una sublime prolongación del hedonismo sobre una base completamente mórbida», «mezcla de sublimidad, enfermedad e infantilismo».

Los conceptos de «Dios único», «hijo único» son productos del resentimiento. El disangelista Pablo, que falseó la historia de Jesús con la mentira de la resurrección, se convertirá en protagónica en la evolución posterior de una religión que es esencialmente predicadora de la muerte, pues promete un más allá lleno de bienaventuranzas en nombre de un más acá trocado en valle de lágrimas, al cual el prosélito debe resignarse con la perspectiva engañosa y falsa de una esperanza que en realidad es simplemente una promesa paralizante. Un pasaje clave de los evangelios que Nietzsche cita como prueba de su crítica al cristianismo como religión del resentimiento es Pablo, I Corintios, 1, 20 y ss.

El Dios paulino se aburre, y para entretenerse crea al hombre, luego a los animales y, como el hombre también se aburre, crea a la mujer, por quien le es revelado a aquél el conocimiento, la ciencia, a través del árbol prohibido, pues Dios es contrario a la ciencia, para ello confunde las lenguas de los hombres (Babel); esto lo entienden muy bien los filósofos y los médicos. El mayor peligro del sacerdote es la ciencia, para ello inventa el «pecado», «esa forma par excellence de autodeshonra del hombre», cuyo propósito es «hacer imposible la ciencia, la cultura, toda elevación y aristocracia del hombre». El cristianismo prospera con la enfermedad, es enemigo de la salud.

En su elogio del escepticismo coloca a Zaratustra como la contraposición del creyente, aquel que pone en tela de juicio las convicciones, que según Nietzsche eran enemigas de la verdad más que las mentiras. Enseguida, muestra su aprecio por el Código de Manú, por Epicuro y por Lucrecio. Cree que el Imperio Romano fue destruido, corroído por el gusano cristiano. Resalta de igual manera su admiración por el Renacimiento y su posibilidad de una victoria sobre el cristianismo. Concluye este apartado mencionando lo que él llama «las grandes fatalidades para la cultura»: la Reforma, la filosofía alemana, las guerras de liberación, la fundación del Reich a finales del siglo XIX.

Finaliza con una «Ley contra el cristianismo», siete artículos del mayor anatema pagano lanzado por hombre alguno contra una religión. Tal vez una de las grandes imposturas de un pensador contemporáneo frente a una religión dominante en todo el ámbito de la cultura occidental, la rebelión de un hombre excéntrico que buscaba otros horizontes y otros cielos para el destino del ser humano.

 

Lima, 18 de enero de 2022.



 

jueves, 13 de enero de 2022

La conjura de los necios

 

Ya no es ninguna novedad de que el mundo vive una pandemia desde hace más de dos años, la agresión incansable e incesante de un virus que nos ha replanteado muchísimas de las cosas que hasta ese momento hemos venido haciendo como si fuéramos los reyes inamovibles de este planeta, los seres privilegiados que creíamos que la naturaleza estaba allí a nuestr0 servicio para hacer de ella lo que nos diera la gana. Pero todo mutó cuando a fines del año 2019 se reveló en China la aparición de un agente microbiano que causaba una enfermedad desconocida que inmediatamente se propagó por los cinco continentes.

Sin embargo, a pesar del tiempo transcurrido, muchas personas aún no han aprendido sobre lo que ello significa para nuestra especie. Vemos a cada paso actitudes, tomas de posición, comportamientos, que cuestionan lo que el viejo Aristóteles pronunció hace más de veinticinco siglos, aquella clásica definición de los seres humanos como animales racionales. Nos seguimos aferrando a  prejuicios, supersticiones, especulaciones absurdas sobre este mundo y sus múltiples manifestaciones, dejándonos llevar por creencias infantiles antes que por conocimientos fundamentados y por certezas que la investigación y la ciencia nos aportan de una forma verosímil.

Digo todo esto por lo que sucede actualmente con el asunto de las vacunas, una de las armas que la ciencia médica tiene a la mano para combatir las enfermedades. Está probado desde hace más de dos siglos que su uso es altamente beneficioso para defender a cualquier ser humano del ataque de los virus y las bacterias letales que existen. No es la panacea, su efectividad no es ciento por ciento segura, pero en realidad todas las medicinas tienen la misma condición, ninguna se considera que sea absolutamente segura. Pero lo importante es saber que nos ayuda a defendernos en un porcentaje bastante elevado, con el fin de evitar que la enfermedad se agrave o que requiramos ser internados en una unidad de cuidados intensivos y que, a veces, terminemos muriendo a pesar de todos los esfuerzos realizados.

Pero hay un grupo de personas que no cree en ellas, a quienes se les conoce como antivacunas, que sostienen argumentos verdaderamente risibles, basados en falacias, como pensar que a través de ellas se nos está insertando un chip para controlarnos a través de la moderna tecnología, o que sus efectos son mortales para quienes son inoculados con ella, o que es simplemente un destilado que los científicos han inventado para hacernos creer que nos salvará de la enfermedad. Exhibiendo un absoluto desconocimiento de ciencias especializadas como son la epidemiología, la infectología o la biología molecular, suelen elaborar explicaciones deleznables, sofísticas, que no resisten el menor análisis del conocimiento científico. Es decir, son puras mentiras e infamias que, paradójicamente, algunos «médicos» avalan. Arguyen también los muy mentecatos que esta vacuna es experimental, desconociendo todas las etapas que se cumplieron según los estándares científicos para la certificación de su validez.

Durante los primeros años de la pandemia estos grupos propusieron tratamientos antojadizos contra el Sars Cov-2, como el dióxido de cloro, la ivermectina y otros, que las autoridades sanitarias descartaron como peligrosas para la salud. Y a pesar de las suficientes explicaciones que los especialistas sobre el tema brindan en los medios de comunicación y en otros foros académicos, los necios se mantienen en sus trece, negando con desenfado lo que la razón dicta. Se parecen en esto a los terraplanistas, que pregonan en distintas partes del mundo que la Tierra es plana, a contrapelo de lo que la ciencia astronómica ha demostrado hace mucho tiempo. El problema es que un fanático, cuyo grado de credibilidad hacia sus teorías y elucubraciones son dogmáticas, está totalmente cerrado a cualquier demostración o verdad que ponga en tela de juicio sus creencias. No contrastan información, no verifican fuentes, no hacen un trabajo de experimentación, o sea, para ellos el método científico es un galimatías que sólo sirve de estorbo para sus afiebradas mentalidades precientíficas. Cerca del noventa por ciento de las personas que se encuentran en las unidades de cuidados intensivos de los hospitales de todo el mundo, son aquellas que no han cumplido con aplicarse las dosis protectoras de las vacunas. Qué mejor demostración de que en verdad sirven para protegernos de los efectos letales del covid-19.

Un sencillo paseo por las calles nos hace comprobar que todas esas mentiras y desinformaciones en curso poseen un fuerte poder de convencimiento para miles de personas que se niegan a cumplir las medidas sanitarias que las autoridades establecen para combatir eficazmente la propagación de la pandemia. Usan las mascarillas debajo de la nariz, o en el mentón, no se distancian físicamente con gente ajena a su entorno familiar, organizan fiestas en espacios cerrados incumpliendo las normas respectivas y, lo peor de todo, se niegan a vacunarse, aduciendo falsedades y mitos, cuando en verdad es, como ya quedó dicho, un arma invalorable en este combate contra la muerte. Se muestran como esos soldados que, en una guerra, se niegan a usar las armas que les provee su ejército para enfrentarse al enemigo.

Todas las vacunas brindan una protección en un porcentaje considerable. Aquellas personas que no están vacunadas, se convierten en auténticas fábricas de variantes del virus, con lo que ocasionan que la enfermedad no amaine y que el virus se siga replicando para infectar a más gente y burlarse del efecto inmunizador de las dosis ya aplicadas de la vacuna. El propósito del virus es sobrevivir, para lo cual tiene sus aliados perfectos en aquellos que se resisten a la vacunación, que en nombre de una falsa libertad reclaman su derecho a no hacerlo. Si bien es cierto en teoría tienen ese derecho, en una situación de emergencia sanitaria, en medio de una amenaza grave a la salud pública, su argumento peca de mezquino y egoísta en el peor sentido del término, pues no toma en cuenta para nada el derecho de millones de personas a la vida. Si no nos salvamos todos, no hay salida para la pandemia, eso está clarísimo. Razón por la que estos colectivos lo que en realidad hacen es cumplir el tristísimo rol de agentes de la muerte, una verdadera conjura de los necios para evitar que podamos derrotar a la pandemia.

El caso más elocuente de las últimas semanas es el de Novak Djokovic, el célebre tenista serbio número uno en el mundo, que estuvo a punto de ser expulsado de Australia por no presentar su carné de vacunación, documento que las autoridades del país exigen para ingresar a cualquier ciudadano extranjero. La defensa del deportista respondió que él tenía una exención médica, motivo por el que los organizadores del Abierto de Australia le autorizaron participar en la competencia. Pero era una incógnita cuál era la condición de salud del tenista, hasta que acaba de revelarse que el 16 de diciembre pasado se había contagiado por segunda vez del covid, con lo cual ha agravado su situación, porque en esos días participó en varios eventos públicos sin el uso de las mascarillas de rigor. Un tuitero defensor de Djokovic se atrevió a decir que si a una estrella como él le pasaba esto –se refería al impedimento de ingresar a Australia– qué podía pasar con cualquiera de nosotros. Pues sencillo, sin ser yo una estrella ni nada parecido, hubiera ingresado tranquilamente no sólo a Australia, sino a cualquier país del mundo, porque simplemente cumpliría con las normas razonables y racionales que en todos ellos existen para combatir una enfermedad que nos atañe a todos a nivel global.

Otro caso reciente, más grave por supuesto, es el de algunos funcionarios del Ministerio de Salud del Perú, quienes estarían traficando con los carnés de vacunación haciendo figurar en los padrones respectivos a personas que jamás se vacunaron como sí lo hubiesen hecho. En otras palabras, existen seres tan necios que pagarían a dichos malos empleados públicos, en vez de inocularse de forma gratuita, para que en las listas oficiales que maneja el MINSA aparezcan como si hubieran cumplido con su inmunización, estafándose no sólo a sí mismos, sino erigiéndose en verdaderas amenazas públicas, pues de estar contagiados irían regando por allí los virus a diestra y siniestra. No puede haber conmiseración alguna de parte de las autoridades competentes para sancionar severamente a quienes son culpables de esta conjura criminal en contra de toda la población peruana. Aquí tenemos sólo unas muestras, de muchas más que existen, sobre la pertinaz necedad humana.

 

Lima, 10 de enero de 2022. 


       

jueves, 6 de enero de 2022

Un judío singular

 Escuché hablar hace muchos años de Baruch Spinoza, pero apenas había leído su famoso texto sobre Dios, difundido en la era tecnológica como lo más impactante de un filósofo del siglo XVII. Recuerdo que lo leí luego en mis clases a unas alumnas sorprendidas que por primera vez oían algo completamente original en materia religiosa. También estaba, por supuesto, el espléndido poema que Borges le dedicara el siglo pasado y que es, a mi entender, el mejor texto poético que se ha escrito sobre el pensador neerlandés. Hace unas semanas me topé nuevamente con él en un documental que el buscador automático de YouTube destinaba para mí. Me interesó más vivamente y en el acto estuve dispuesto a dedicarle mis mejores horas del tiempo que fuera necesario para conocer y entender mejor su filosofía. Y allí estaba a la mano un libro que lo tenía cuidadosamente guardado, esperando su momento para convertirse en leña para mi fuego lector. Se trata de Spinoza. La filosofía al modo geométrico de Joan Solé, un manual muy útil para adentrarse en los laberintos y los vericuetos de la visión spinoziana del mundo.

Lo curioso de este filósofo, dice el autor, es que habiendo estado destinado a habitar el rincón oscuro de la historia de la filosofía, su pensamiento se ha revitalizado y ha cobrado un protagonismo inusual en los últimos siglos, admirado por filósofos contemporáneos como Bertrand Russell, Friedrich Nietzsche y Gilles Deleuze. No tuvo la hegemonía de la que gozaron un Erasmo en el siglo XVI, o un Voltaire en el XVIII, o un Hegel en el XIX y parte del XX, pero sus ideas renacen frescas y rozagantes para sorprendernos con su interpretación racionalista de la realidad, muy distintas sin embargo a las de Descartes o Leibniz, los máximos exponentes de esa corriente filosófica. Era judío de origen hispano-portugués –se dice que el apellido original era Espinoza, pero al migrar sufrió una pequeña modificación para ocultar su origen y evitar la persecución–. Sus padres y abuelos tuvieron que asentarse en los Países Bajos a causa de su religión, pues en el año 1492 los Reyes Católicos decretaron la expulsión de los judíos de España. Se trasladaron por tanto a Portugal, donde el rey Manuel I también decretó en 1497 que los judíos debían convertirse al cristianismo o dejar el país. Es entonces que se establecen en Ámsterdam, la capital del país con mayores signos de tolerancia en Europa, ciudad en la que nace Spinoza en 1632.

Muy joven Spinoza mostró sus discrepancias con el judaísmo ortodoxo, criticando sus dogmas más importantes, entre ellos el de ser el pueblo elegido, lo que significó primero la vigilancia de parte de los rabinos de la sinagoga de su ciudad, para luego sufrir el anatema y la expulsión de su comunidad cuando sólo contaba con 23 años. Los denuestos y los vilipendios de los que fue víctima, la maldición que sobre él se arrojó por sus ideas disidentes, deben formar parte sin duda uno de los capítulos más interesantes y ridículos a la vez de la historia de las ideas. Una religión que por principio tiene el respeto y el amor al prójimo, se ensañaba con un hombre de talante pacífico, de carácter tolerante y cuya interpretación del mundo era ajena a toda forma de persecución y violencia. Spinoza era además un científico, un hombre de ciencia, muy afamado y reconocido en su época, dedicado como oficio a pulir lentes, tanto para microscopios como para telescopios («Las traslúcidas manos del judío / labran en la penumbra los cristales / y la tarde que muere es miedo y frío.», dice Borges en su soneto), lo que a la postre lo llevaría a la muerte por tisis, a causa del polvillo de los cristales que fueron infectando sus pulmones. Había rechazado una invitación para enseñar filosofía en una universidad alemana, pues ansiaba mantener su independencia de pensamiento. Tenía apenas 44 años cuando murió en 1677.   

Los siglos XVI y XVII están dominados por la concepción matemática del mundo, una visión sobre todo geométrica, basados en los aportes de Galileo y en la filosofía de Descartes. Ese es el contexto donde emerge la figura de Spinoza, con sus conceptos de sustancia, atributos y modos, tomados de Descartes, pero en un sentido conceptualmente diferente. El monismo, la concepción de una sustancia única en la naturaleza, se conecta con la percepción naturalista de la realidad. La existencia de Dios, distinta a la visión racionalista o cartesiana, así como a la judeocristiana, está fundamentada en el argumento ontológico, que se refiere a su ser o esencia. No es el argumento cosmológico, que concibe a Dios como causa primera; tampoco el teleológico, que lo ve como explicación del universo; menos el moral, que lo toma como referencia ética, propios de las religiones monoteístas, caracterizados además por su dualismo filosófico. Más adelante, estas demostraciones a priori de la existencia de Dios fueron cuestionadas por el escepticismo de Hume y por el criticismo de Kant.

Para Spinoza la única sustancia es Dios o la naturaleza, razón por la que muchos lo califican de panteísta o ateo. Ahora, si la sustancia es Dios o la naturaleza, el cuerpo y la mente son modos finitos de los atributos de la extensión y del pensamiento, respectivamente. Es compleja la discusión sobre si el filósofo es determinista o necesitarista, pues amplios estudios abonan en una u otra dirección. El presente estudio se inclina por el segundo punto de vista, teniendo en cuenta que según la metafísica spinoziana el mundo existente es el único mundo posible.

Desde la óptica del racionalismo ético de Spinoza, el fundamente de su filosofía moral, la mente es una función de complejidad orgánica. Su monismo antropológico sostiene la unión indivisible de mente y cuerpo, una misma sustancia concebida por medio de los atributos del pensamiento y la extensión. La mente es la idea del cuerpo, sin embargo hay distintos grados de animación, según la complejidad de cada cuerpo.

En la epistemología spinoziana el conocimiento de primer grado es la imaginación; el de segundo grado, las nociones comunes y las ideas adecuadas de las propiedades de las cosas; el de tercer grado, el intuitivo o «ciencia intuitiva», que se dirige al conocimiento adecuado de la esencia de las cosas, es el superior, el conocimiento privilegiado, vía que conduce al amor intelectual a Dios, realización de la humana felicidad.

Dentro de la psicología de Spinoza destaca el concepto de conatus, expresado en la proposición 6 de la III parte de su Ética: «Cada cosa se esfuerza, en cuanto está en ella, por perseverar en su ser». Es decir, es el impulsor de las acciones humanas y de todo lo que existe. Según el conatus, hay tres afecciones básicas: el deseo o cupiditas, la alegría o laetitia y la tristeza o tristitia. Hay también tres leyes generales que producen los afectos: la asociación de estados mentales, la imitación de afectos y la anticipación de estados mentales.

Por último, en la ética de Spinoza el egoísmo es una virtud, en el sentido original del término latino virtus, capacidad de obrar según la naturaleza propia, de autodeterminarse, de vivir en libertad. Su concepto de libertad es eminentemente racionalista, identificado con el conocimiento y la razón, pues si una persona guiaba su existencia por lo que la filosofía llama el principio de razón suficiente, uno podía vivir liberado de las pasiones que nos esclavizan, pasiones que la gran mayoría de la gente considera que son expresiones de su libertad, en lo cual hay evidentemente un gran error, porque esas afecciones negativas son negadoras de la vida, conductoras directas hacia su precarización, hacia su destrucción, y no, como es el objetivo de todo el pensamiento del filósofo, hacia el aumento de las capacidades y las potencialidades de la existencia.

Como no tengo mucha fe en aquella convención social de que el año nuevo debemos renovar los deseos de éxitos, felicidades y prosperidades por venir, conquistas todas ellas abstractas y genéricas que deseamos a los demás y que por cierto recibimos como parte de una tradición muy arraigada en nuestra cultura, este año tengo el principal propósito de dedicarme a estudiar y conocer mejor la filosofía de Baruch Spinoza, a comprender cabalmente un pensamiento original que ya me ha seducido desde el primer momento. Será pues mi año de Spinoza, de cuya experiencia daré cuenta en estos mismos espacios.

 

Lima, 5 de enero de 2022.