En el boulevard
Parra, signado con el número 101, se yergue la modesta casa de estilo
republicano donde nació, el 28 de marzo de 1936, Mario Vargas Llosa, tal vez el
arequipeño de mayor renombre en el mundo, el hijo que prestigió esa tierra, y
la del país entero, con el Premio Nobel de Literatura obtenido el año 2010.
Propiedad original de la familia Vinelli, quienes eran los dueños, los Llosa
alquilaban el segundo piso. Ahora es una casa museo. Estar en Arequipa y no
visitar este histórico inmueble tal vez sería apenas un descuido para cualquier
visitante, pero sería imperdonable para quien habiendo leído casi toda su obra,
admirado su trayectoria como escritor y tomado como modelo para el propio
ejercicio de la literatura, tiene la gran oportunidad de ingresar a ese espacio
original e íntimo de la vida del novelista.
Para ingresar
debemos pagar una cifra módica. La visita está organizada por turnos y a cargo
de un guía. La nuestra empieza a las 2 de la tarde. Nos reciben con calidez y
pasamos a una salita en al primer piso, donde están las oficinas. La encargada
nos explica en qué consiste la visita, el tiempo de duración y qué no está
permitido hacer en ella, como grabar, por ejemplo. Las fotos deben ser las
necesarias y nos presenta al guía. Nos dice su nombre, Rubén, y nos invita a
seguirlo. Subimos al segundo piso, donde debe comenzar el recorrido. El primer
ambiente es oscuro, nos sentamos en unas sillas, al costado de una escalera que
comunica con los altos. Rubén nos dice que esperemos, de pronto rechina una
cerradura y unos pasos resuenan taconeando el entarimado, como si alguien
descendiera por la escalera. Se enciende una luz a nuestra izquierda y aparece
Mario Vargas Llosa en un holograma, se presenta y nos da la bienvenida, explica
el significado que tiene para él la casa que vamos a conocer y nos invita a recorrerla.
Enseguida, Rubén
comenta que conoceremos la habitación donde nació el escribidor. Caminamos por
un pasillo e ingresamos a otro ambiente, decorado con objetos de época, como un
camastro de madera, un velador con lamparita, una mesa pequeña con jofaina y
lavabo, una bacinica y otros más. Nuevamente se enciende una luz y aparecen
tres mujeres, una recostada en la cama, y las otras dos a su costado. Es el
momento del parto de Dorita, la madre del novelista. La escenificación es
convincente, el recién nacido demora unos segundos en manifestar su flamante
presencia en este mundo y la alegría es compartida.
En la siguiente
estancia estamos en una sala que exhibe diversos objetos e imágenes que nos
llevan a los inicios de la carrera de escritor de Vargas Llosa, como su máquina
de escribir, fotografías de su época de periodista en el diario La Crónica a
los quince años, una victrola, discos de vinilo de la época, estantes con
libros, un escritorio y un aparato de radio. Toda una atmósfera que recrea el
ambiente propicio para la tarea del creador.
Luego nos toca
ingresar a un espacio ambientado como si fuera un vagón de tren, nos sentamos y
en el lugar que corresponde a las ventanas se encienden unas pantallas que nos
presentan un recorrido en el tiempo de la biografía del escritor. Las imágenes
se suceden como los paisajes de una vida, las estaciones vitales de la
trayectoria excepcional de un artista tras la consecución de sus sueños.
Desfilan ciudades y momentos, Arequipa, Cochabamba, Piura, París, Barcelona,
escenarios y circunstancias que fueron marcando un derrotero excepcional que
terminaría en el reconocimiento literario más deslumbrante: el Premio Nobel de
Literatura y, sobre todo, su incorporación a la Academia Francesa, un
privilegio reservado sólo a los más grandes.
El siguiente
espacio es llamado la “sala del boom”, donde reposan una serie de objetos e
imágenes relacionados a aquel acontecimiento literario de mediados de los años
60. Un conjunto de mesitas con sus sillas frente a una barra bien surtida de
licores, así como fotografías y libros de los autores más destacados de ese
fenómeno editorial que dio a conocer a un puñado de escritores latinoamericanos
al mundo. El ambiente es cálido e invita a quedarse y pedir alguna bebida para
seguir charlando de literatura, libros, autores y lecturas.
Luego pasamos a
una calle de Barcelona, aquella donde vivió un joven Vargas Llosa cuando
escribía su primera novela La ciudad y los perros. La sala está diseñada
para que el visitante sienta que está frente a la casa que ocupó el novelista,
con el piso empedrado de la ciudad catalana y las vistosas fachadas de las
edificaciones vecinas. Se ha sumado un grupo de señoras a nuestro recorrido y el
guía nos invita a sacarnos algunas fotos en determinados ángulos de la supuesta
calle, incluso una en la que hacemos ademán de ingresar a la casa poniéndonos
frente a la puerta.
Finalmente
ingresamos a la última estación de la visita, dedicada enteramente a la faceta
política del Nobel, cuando fue protagonista de una campaña presidencial en el
año 1990. Enormes reproducciones fotográficas de los mítines que encabezó en
diversas ciudades del Perú, en medio de encendidos discursos políticos. Y
también unos años antes cuando lideró un movimiento que se opuso a la
estatización de la banca decretada por el primer gobierno aprista de Alan
García en 1987.
Resultó ser una
experiencia fenomenal conocer de esta manera la casa natal de Mario Vargas
Llosa, con el soporte tecnológico de pantallas, hologramas y simulación virtual
de situaciones reales, además de los comentarios y datos aportados por el
diligente guía, que en todo momento se mostró muy asequible y dispuesto a
brindarnos todos los cuidados para hacer de esta visita una agradable forma de
acercarnos al conocimiento de la vida y la obra de quien sin duda es el hijo predilecto de Arequipa.
Lima, 1 de marzo de 2026.