sábado, 31 de diciembre de 2022

El infierno de Maruja

 

Corrían los despreocupados e irresponsables años 80 del siglo pasado, cuando llegó a la cartelera del desaparecido cine Colonial de Jauja la película Maruja en el infierno (1983), del cineasta peruano Francisco Lombardi. La efervescente publicidad en la marquesina de la sala atrajo inmediatamente mi atención, sobre todo por la imagen de su protagonista principal, una joven y desconocida actriz cuyo nombre luego daría que hablar en los medios del espectáculo nacional: Elena Romero. Han pasado sus buenas casi cuatro décadas y siempre estuve tentado de saber algo más de aquella cinta que exploraba los vericuetos de la marginalidad en la caótica Lima de la segunda mitad del siglo XX.

La visión del film tuvo un efecto catártico para el joven adolescente que yo era por ese entonces. La cruda realidad de una gran ciudad, con sus zonas de miseria, sordidez y codicia burda y superficial palpitaba en cada escena de la historia. Con la magnífica actuación de Elvira Travesí, toda una leyenda en el teatro peruano, la trama se deslizaba tortuosa entre los desvencijados canchones sucios y grises de una casucha abandonada de la zona industrial de la capital. La doña administraba un antro de reciclamiento de vidrios, para lo cual había reclutado un puñado de orates a quienes hacía trabajar bajo el látigo de un zambo de carácter volcánico. Los locos seleccionaban, de entre toda la chatarra que acumulaban, las botellas por colores, que luego eran negociados en las farmacias del centro.

Lo que en ese momento no sabía era que la película se basaba en una novela publicada en 1958 por el escritor peruano Enrique Congrains Martin, titulada No una sino muchas muertes. Perteneciente a la generación del 50, este autor siempre apostó por el perfil bajo, dedicándose a publicar y promocionar él mismo su obra, para lo cual hizo recurrentes viajes por diversos países del continente. Dueño de una prosa exquisita y original, publicó otros libros, pero fue esta su única novela la que le valió el reconocimiento de la crítica. He tenido la ventura de leer ahora esta ficción y luego ver nuevamente la película, para entender los puntos de contacto y hacer el cotejo correspondiente, dejando sentado por supuesto que se trata de dos obras de arte muy diferentes. Se trata, como primera impresión, de la misma historia, aunque contada con ciertos detalles que difieren una de otra. El guion de adaptación para la cinta corrió a cargo del estupendo poeta nacional José Watanabe, lastimosamente ausente de este mundo ya van a ser quince años.

La novela discurre a través de la historia de Maruja, una joven humilde que trabaja en la fábrica abandonada al servicio de su madrina, la vieja que es la dueña del negocio. La inocencia inicial de la protagonista se va tiñendo de sucesos anodinos y truculentos que gradualmente la van despojando de su aire de niña impávida y soñadora. Conoce a Alejandro, un muchacho que provee de locos a la vieja, pero que es parte de una pandilla de zamarros que han visto en este trabajito una oportunidad para obtener ganancias extras. La extraña conducta del joven, oscilando entre la duda y la cobardía, se convierte en desafío para una Maruja que ve despertar en ella los primeros escarceos del amor y del deseo.

El comportamiento de una típica patota de los barrios periféricos, el descubrimiento de la ambición y del crimen, la conciencia de la propia entidad corporal y moral, jalonan el desarrollo vertiginoso de Maruja, ante la soberbia y avaricia de una mujer que ha hecho de la explotación de seres disminuidos mental y socialmente una forma de vida. Mientras tanto, el grupo de mozalbetes va diseñando su propia estrategia para hacerse del negocio, con el concurso diligente y sagaz de una muchacha que no tiene nada que perder. Cuando el plan trazado avanza hacia su consecución, algunos integrantes del clan defeccionan momentáneamente, con el fin de obtener resultados más inmediatos. Pero las cosas les salen muy distintas a como la habían imaginado. El zambo ha asesinado a la vieja y ha fugado con el botín.

En la película los pormenores son ligeramente diferentes, aunque el resultado es el mismo. Es decir, por tratarse de dos lenguajes distintos, el guionista se ha permitido una licencia al variar el detalle de las circunstancias en que se produce el crimen. Sin embargo, lo que le da mayor consistencia a la novela es también la serie de reflexiones vitales en que se sumerge Maruja, tratando de esclarecer su propia existencia, así como en busca de un sentido a todo ese embrollo de episodios que le ha tocado presenciar y vivir. Sabe que no tiene alternativa, a menos que apueste por una salida radical y violenta.

En conclusión, diré que la novela es incisiva en el plano introspectivo sobre la trayectoria del personaje principal: una mujer joven y oprimida, mientras que en la película el acento recae en la peripecia truculenta del asesinato que pone fin a ese pequeño infierno que había rodeado a Maruja, para entregarla tal vez a otro, el de la gran urbe que la espera con sus dientes ansiosos, como el monstruo que saborea ante la vista de su próxima presa. Es justamente este hecho el que ha destacado la crítica de la obra: un personaje femenino enfrentado al destino con las agallas de una persona en el pleno sentido de sus potencialidades. En fin, dos experiencias rotundas y fundamentales que se complementan en la visión de una sociedad con múltiples grietas y roturas, retos permanentes para el individuo y la colectividad, puntos de inflexión en nuestra cabal comprensión del infinito camino que nos espera como país a construir.

 

Lima, 29 de diciembre de 2022.    

Tantas veces Pedro

El extraño golpe de Estado propinado por el expresidente Pedro Castillo, el pasado miércoles 7, debe estar catalogado entre los más tontos del mundo. Sin tener el apoyo de nadie, excepto tal vez del minúsculo círculo que lo indujo a medida tan desatinada, su propósito estaba destinado al fracaso más absoluto. El Congreso de la República, que amenazaba decretar su vacancia esa tarde, y que no estaba seguro de reunir los votos suficientes para su objetivo, apresuró los trámites y votó inmediatamente, destituyendo del cargo a alguien que prácticamente se había infligido un suicidio político, dándose el caso paradojal de ver cómo mataban a un muerto.

El presidente estaba acorralado desde hace tiempo, con acusaciones abiertas por diversos casos de corrupción y, no está demás decirlo, por el capricho de una clase política que representa a las élites económicas y sociales de este país, que jamás aceptó, desde antes incluso de jurar el cargo, que un hombre que era ajeno a sus círculos de poder, que provenía del mundo andino y había llegado al poder sin los planes y el programa que ellos preveían, se quedara en un cargo que siempre habían detentado en doscientos años de vida republicana.

Es cierto que la administración adolecía de muchos defectos, era un gobierno errático que caminaba a la deriva, con cambios repentinos de ministros y cuestionamientos constantes de muchos de sus integrantes, pero esa no era la razón verdadera de una oposición, en coro perfecto con la prensa concentrada, que exigía un día y otro también la salida de palacio de gobierno del señor Castillo. La causa de fondo tenía que ver con un asunto de racismo y clasismo que todavía, después de siglos de coloniaje, es fuerte y resistente, sobre todo en la capital, en esta Lima que arrastra el dudoso prestigio de aquella Ciudad de los Reyes que fundara Pizarro. Para comprobarlo, basta revisar los comentarios en las redes sociales del mismo día del fallido intento de golpe. Al saberse que Castillo ya había sido destituido, un cargamontón de vómito inmundo salpicó las principales plataformas de la internet, una pestilente exhibición de la más abyecta indigencia moral de gente con muchas pesetas en el bolsillo, pero una miseria clamorosa en el alma.

Inmediatamente se preparó la juramentación de la vicepresidenta, quien en un mensaje por twitter se había desmarcado de la actitud de Castillo, a quien acusó de haber asumido posiciones antidemocráticas, con las cuales evidentemente no estaba de acuerdo. En unos días tuvo su flamante gabinete, de perfil aparentemente más técnico y competente de los que nombraba su predecesor, pero que también lastraba algunas sombras sobre varios de ellos, situación que al parecer no tuvo en cuenta la nueva presidenta, pues en su invocación para jurar al cargo a cada ministro incorporó una fórmula anticorrupción. El propio presidente del Consejo de ministros arrastra una acusación antigua de acoso y maltrato, así como un nexo con un exmagistrado en proceso de extradición por haber conformado una red de corruptelas al interior del Poder Judicial.

Pero el asunto no terminó allí, sino que el malestar empezó a crecer entre la población, que veía cómo los congresistas celebraban un triunfo pírrico ante las cámaras, totalmente ajenos a la demanda mayoritaria para que también ellos dejaran el poder. El descontento se hizo furor, y en los días que siguieron marchas multitudinarias salieron por diversas ciudades del interior del país, especialmente del sur, como Arequipa, Ica, Cuzco y Ayacucho, donde el grito era unánime exigiendo el cierre del Congreso, la convocatoria a nuevas elecciones y a una Asamblea Constituyente. La represión no se hizo esperar, cobrándose hasta el momento cerca de una veintena de muertos, en una secuela dolorosa de sangre y desolación que afecta principalmente a los sectores más humildes de la sociedad, cuyos hijos han perecido en estas jornadas de lucha bajo las balas de una policía que termina otra vez convertida en verdugo de un pueblo al que debe más bien protección y seguridad.

Vidas jóvenes segadas por la necedad y la desidia de una clase política totalmente divorciada de las aspiraciones y necesidades de un pueblo al que ya no representa. Tal vez nunca lo hizo, por lo demás, pues el método de elección de los candidatos al parlamento que realizan los partidos políticos está viciado en sus orígenes y vaciado de legitimidad. Los que resultan elegidos de esta manera no representan en verdad a la ciudadanía, sino a los intereses del jefe del partido y, por último, a sus propios intereses. Desde la crisis de los partidos políticos de los años 90 del siglo XX, lo que existe en la actualidad son entidades que usufructúan ese nombre, porque en realidad son apenas clubes de amigos u organizaciones de dudosa naturaleza, conducidas por un caudillo que, por lo que se ha visto en todos estos años, más tiene de cabecilla que de otra cosa. No en vano muchos de estos personajillos tienen procesos abiertos ante la justicia por encabezar una organización criminal.

La crisis en el Perú es tan profunda que la salida debe ser radical. El nuevo pacto social pasa por una Carta constitucional que recoja las demandas más perentorias de las grandes mayorías, un diseño inteligente acorde con los tiempos, una estructura jurídica que integre los avances significativos en derechos sociales, políticos y económicos de las sociedades igualitarias y auténticamente democráticas. Necesitamos no sólo juristas, sino también sociólogos, filósofos, economistas, pedagogos, antropólogos y representantes legítimos de los gremios, sindicatos, colegios profesionales y demás organizaciones de la sociedad civil para esta labor de refundación de una república que en dos centurias de existencia no ha logrado cuajar una entidad madura, eficaz y eficiente que responda a los intereses de todos sus miembros.

 

Lima, 16 de diciembre de 2022. 

domingo, 27 de noviembre de 2022

Pablo querido

 

Ha partido, la mañana del martes 22 de noviembre, Día Mundial del Músico, el gran cantautor cubano Pablo Milanés, figura icónica de la canción latinoamericana. Autor de inolvidables canciones como “Yolanda”, “Para vivir”, “El breve espacio en que no estás”, “Sueños”, “Yo pisaré las calles nuevamente”, “De qué callada manera” y tantas más de una dilatada trayectoria y de un rico repertorio que va desde la canción tradicional de Cuba, el son, pasando por la nueva trova, hasta el feeling, en una carrera de más de cinco décadas consagradas al mundo maravilloso de la música.



Cómo no recordarlo cuando vino al Perú en 1986, para el Cicla, festival de la canción latinoamericana de cortísima vida. En sendas presentaciones en la universidad de San Marcos, así como en el entonces Parque Zonal Túpac Amaru, pude verlo por primera vez, junto a otros representantes notables de la música popular como Silvio Rodríguez y la legendaria orquesta Irakere. El cantor lucía una abundante melena africana y una voz melodiosa y potente, de tintes metálicos. Sus versos y melodías, oscilando entre la ternura y la denuncia, son piezas únicas de una producción que abarca alrededor de cincuenta volúmenes.

Se había radicado en Madrid desde hacía unos años, a raíz de una dolencia oncológica que ha terminado acabando con su vida, mas no con su legado, que ya es inmortal. En el mes de junio de este año realizó una gira por su país, que en rigor sería la última, a manera de despedida, y estuvo sencillamente apoteósico, sobre todo cuando interpretó una de sus composiciones menos conocidas, pero de las más hermosas, como es “Comienzo y final de una verde mañana”, un himno intenso e inigualable al amor.

Su voz seguirá resonando en las estancias más entrañables de nuestra memoria, su poesía persistirá como un cactus indómito en el desierto impávido de estos tiempos extraños en que triunfan en ciertos escenarios los ruidos bastos, baratos e hirsutos, que estoy seguro pasarán a mejor vida como todo lo que impone el mercado y la moda. Pablo, o Pablito, como lo llamaban sus más próximos, también estaba convencido de ello, como lo afirmó categóricamente en más de una entrevista.

Nos ha dejado, pues, un artista excepcional, un hombre que en su actividad musical aunaba calidad, exquisitez y virtuosismo, tres condiciones difíciles de hallar en cualquier época, mucho más en ésta en que, como decía líneas arriba, predomina la ordinariez y el mal gusto. Fue una vida también ligada a los vaivenes políticos del continente, especialmente a los sucesos que marcaron la vida de Cuba, con la revolución y el surgimiento de los movimientos guerrilleros, y con Chile, como consecuencia de la ominosa dictadura de Pinochet y el exterminio de numerosos líderes políticos, como Miguel Enríquez, dirigente del MIR, a raíz de cuyo asesinato Pablo compuso esa conmovedora canción que habla de las calles ensangrentadas de Santiago.

Su obra ya es parte del acervo musical latinoamericano y mundial, al lado de las de Atahualpa Yupanqui, Víctor Jara, Violeta Parra, Mercedes Sosa y muchos más que son auténticas leyendas de nuestra patria grande. En esa gratísima compañía estará por siempre Pablo Milanés, un creador de cuya pluma brotaban canciones perfectas que engarzaban directamente con el exigente gusto popular. Artistas así cruzan el firmamento de la música muy de vez en cuando, es por eso que cuando se tiene el privilegio de gozar de su presencia y obra, uno no puede sino sentirse agradecido a los dioses por tan valioso regalo.

Adiós Pablo, querido Pablo, hermano, artista, trovador, juglar, te veremos en la eternidad, y te escucharemos hasta el fin para saber que no te has ido, que estás con nosotros porque ya eres parte del sentimiento y la memoria de un pueblo que anhela todavía soñar con los ideales de la libertad y del encuentro armonioso de todos los hombres y las mujeres en una mañana nueva que sea el comienzo de un mundo mejor.

 

Lima, 23 de noviembre de 2022.

sábado, 22 de octubre de 2022

Eterno retorno

 

Con el triunfo de la extrema derecha en las últimas elecciones en Italia, se confirma en el mundo una escalada que se inició tímidamente hace algunos años: las fuerzas más oscuras y nefastas del espectro político están de vuelta, las masas caen encandiladas ante el discurso saturado de promesas demagógicas del neofascismo redivivo. Cuando se cumplen exactamente cien años de la marcha sobre Roma encabezada por Benito Mussolini, hecho que presagió el ascenso al poder de los totalitarismos más siniestros en la Europa del siglo pasado, la candidata del partido Hermanos de Italia, Georgia Meloni, consigue un respaldo inusitado entre el electorado italiano, lo que la convierte virtualmente en la próxima primera ministra del país mediterráneo.

Lo sucedido en la primera vuelta en Brasil recientemente, también acentúa el temor de las fuerzas democráticas ante la eventual reelección del peor presidente que ha tenido el país amazónico, pues ello significaría cuatro años más del desastre en varios frentes que ha signado el régimen de Bolsonaro, una mezcolanza inverosímil de trumpismo y putinismo de la peor factura. Las encuestas que daban un triunfo holgado al candidato del PT, se han visto desmentidas con la arremetida en la recta final del presidente en funciones. Apenas cinco puntos separan a quienes el próximo 30 se enfrentarán en una segunda vuelta que será encarnizada.

Y en el Perú, las elecciones regionales y municipales del domingo 2 de octubre, también la realidad ha sido desoladora. La preferencia por candidatos con serios cuestionamientos ha sido una constante a nivel nacional. Un portal web publicó días previos a la votación la relación de todos quienes están en esa condición. Más que una elección política parecía que estábamos ante la persecución de una lista de buscados por la justicia. Y en Lima, la capital del país, el escenario fue más decepcionante aún, con dos aspirantes al sillón edil que nunca fueron garantía de nada, disputándose hasta el último minuto la mayoría ciudadana. Por fin, el resultado ha sido más o menos previsible: el ganador es un señor con las peores credenciales morales y éticas que uno pueda imaginarse.

La pregunta que es lícito hacerse es por qué una mayoría relativa de la población que ha acudido a votar puede decantarse por un individuo que exhibe sin pudor las taras más reprobables de una persona a estas alturas de los tiempos. Ya hace un tiempo he rastreado y comentado todas las lindezas que acostumbra regurgitar este sujeto en numerosas declaraciones ante la opinión pública. Pero, para resumir, sólo habría que mencionar su misoginia y homofobia, su zafiedad, xenofobia y aporofobia, credenciales que lo descalifican de plano para pretender convertirse en autoridad de nada, mucho menos para encabezar la alcaldía de la ciudad más importante del país. Pero así estamos, a los electores parece que no les importara la personalidad ni la conducta de quienes buscan dirigir sus destinos. El solo hecho de que posea algunos títulos universitarios o alguna otra especialidad técnica no es suficiente para ello, pues se trata de un cargo con un contenido de ascendencia moral y vecinal considerable.

Además, y este es el elemento perturbador que lo hace temible, con su gestión al frente de la comuna capitalina podrá erigirse en abanderado de posturas cuestionables en materia de derechos humanos, protección de comunidades vulnerables y defensa de los intereses de la gente más humilde. Sus antecedentes inmediatos no son precisamente halagüeños en ese sentido, todo lo contrario, cada vez que puede, y cierta prensa se presta para ello, no hace otra cosa que demostrar su ordinariez y vulgaridad más hirsutas; todo su discurso está lastrado de un odio y un desprecio absolutos hacia quienes no piensan como él, con un argumento reduccionista y efectista donde todo gira alrededor de su bestia negra favorita: el “comunismo”, que supuestamente se quiere implantar en el Perú.

En fin, con sentido democrático debemos aceptar estos resultados, pero no puedo dejar de decir que me apena profundamente que la ciudad que elegí para vivir, o tal vez ella me eligió a mí, sea gobernada por un tipo que es el mal ejemplo rampante, la imagen viva de la intolerancia y la zafiedad. Y no es que las autoridades deban ser santas ni impolutas, pero hay límites que no está permitido cruzar cuando se quiere asumir un cargo público de estas características.

 

Lima, 9 de octubre de 2022.

sábado, 24 de septiembre de 2022

La ronda de la muerte

 

Hay ocasiones en que la partida de este mundo de personas que uno conoce se acota apretada en corto tiempo, segadas por la muerte una tras otra con apenas unos días de diferencia. Se trata generalmente de personajes públicos, pues aquellos del ámbito familiar merecen más bien reservarse al fuero privado. En el caso que comento, el disparador fue la mundial noticia del fallecimiento de la reina Isabel II de Inglaterra, hecho de gran repercusión en la prensa de todo el mundo por la relevancia política de una figura que por siete décadas estuvo al frente de una de las monarquías más tradicionales de Europa. Tenía 96 años, vividos intensamente como parte protagónica de las relaciones internacionales de buena parte del siglo XX y de las primeras décadas de éste. Digamos que su muerte era hasta cierto punto previsible, sobre todo por la extensa trayectoria de una existencia que siempre estuvo en el foco de la atención pública global.

El mismo día que se conocía el fallecimiento de la soberana inglesa, nos llega la dolorosa noticia de la muerte de Marciano Cantero, legendario músico argentino, líder emblemático de la banda de rock en castellano Los enanitos verdes, fundada allá por los inicios de los años 80 por un grupo de muchachos mendocinos y de la cual era vocalista, baterista y tecladista. Autor de numerosas composiciones del grupo y figura visible de la misma, lo ha sorprendido la parca en medio de una gira que realizaba por diversos países del continente. Aunque estaba afincado en México desde hace algunos años, había regresado a Mendoza para someterse a un tratamiento de una afección renal que ha terminado acabando con su vida. He sentido mucho esta muerte, la de un artista de una voz inconfundible y mejor persona, querida y admirada por tantísima gente por su natural bonhomía y don de gentes. Una muchedumbre ha acompañado su féretro en su natal Mendoza, como muestra de ese reconocimiento público hacia uno de los exponentes más sobresalientes de la música argentina y latinoamericana.

El tercer bandazo de la odiosa guadaña llegó el domingo 11, cuando revisaba por la noche la edición digital del diario El País de España. Sinceramente no podía creerlo, me sorprendió el anuncio de la muerte de Javier Marías, tal vez el escritor más importante en español de los últimos tiempos. Autor de un buen manojo de brillantes novelas, colaborador desde hace cerca de 20 años del suplemento del mismo diario, La Revista Semanal, articulista de fuste y polémico crítico de cuanto zafarrancho se armara en su país o en cualquier parte del planeta, por obra y gracia de la bendita clase política que no nos deja descansar un minuto. Detector privilegiado de la estupidez humana, se granjeó la enemistad de tanto mastuerzo que no le perdonaba su agudeza argumental, su punzante prosa siempre incisiva contra todos los entuertos y malandanzas de este mundo. En fin, un hombre singular que hará mucha falta en una realidad cada vez más signada por la necedad y la insidiosa mediocridad.

La cuarta estocada provino de Suiza, el martes 13, fecha por lo demás muy sospechosa. Lo cierto es que el cine está de luto, ha muerto Jean-Luc Godard, el abanderado de la Nouvelle Vague francesa, el hombre que revolucionó las pantallas del séptimo arte en los años 50 y 60 del siglo pasado. El suicidio asistido al que ha apelado significa que el gran maestro del cine no ha permitido que le corten la película, sino que, como todo un artista de la filmografía, ha decidido poner él mismo el punto final del guion del largometraje de su vida. Como ya no le veía posibilidades al personaje de la obra, lo ha retirado de la escena en el momento exacto y en el instante justo de una trayectoria de más de medio siglo dedicado a contar y reflexionar con la cámara la propia gesta y sentido de un arte joven del cual fue un indiscutido maestro.

Y para cerrar esta mala racha con que la pelona suele cebarse cada tanto, este sábado 17 ha despertado con el anuncio fatal de la partida de Carmina Cannavino, una extraordinaria intérprete y compositora de música peruana y latinoamericana. Hija de argentino y peruana, vivía en México desde hacía varios años, con un discreta pero importante carrera en el mundo del arte, donde exhibió todo el talento y la virtuosidad de que estaba dotaba, dueña de una voz exquisita que se prodigó sobre todo en la magistral ejecución del repertorio de nuestra queridísima Chabuca Granda, aparte de ser por supuesto pieza obligada en cuanto proyecto musical se embarcaran los músicos que formaban y forman esta pequeña legión de difusores del arte melódico de lo que con sentimiento abarcador llamamos la patria grande.

Todos ellos nos dejan un valioso legado, especialmente los artistas, pues la huella que dejan de su paso por este mundo será imperecedera, recordada por las generaciones sucesivas que tengan el privilegio de acercarse a una obra donde siga viviendo el alma y el genio de tan maravillosos seres que honran a la humanidad.

 

Lima, 17 de septiembre de 2022.

martes, 13 de septiembre de 2022

Werther o el amor romántico

 

Recuerdo la primera vez que leí Las desventuras del joven Werther, allá por los años mozos de la etapa universitaria, cuando la vivencia de lo que solemos llamar amor está a flor de piel, y las preguntas y dudas sobre aquella vivencia nos sumen en una perplejidad que ahonda los tantos misterios que atesora la existencia. Volver a recorrer la historia que narra esta exquisita novela de Goethe, me retrotrae a esos instantes en que, encerrado en mi habitáculo de estudiante, vivía de forma vicaria un drama común a tantos jóvenes de todos los tiempos. Narrada en forma epistolar, el protagonista le va contando a su amigo Guillermo el proceso de su pasión por Carlota, la joven que él conoce en Waldheim, una aldea a la que llega huyendo de la ciudad.


Werther es un muchacho amante del arte, sensible a los encantos y maravillas de la naturaleza, que se ha alejado de la ciudad para vivir en contacto con el campo, dedicado a pintar y a gozar de las delicias del medio natural. Pero al ser súbitamente herido por los dardos envenenados de Cupido, su vida sufre un trastorno que lo va a precipitar, gradualmente, en un fin prematuro. Lo que sucede es que Carlota está comprometida con Alberto, quien está de viaje para resolver algunos asuntos familiares. Lentamente Werther va cayendo bajo el hechizo de los encantos de Carlota, quien acaba de perder a su madre y ha quedado a cargo de seis hermanitos. Su padre es un funcionario que trabaja fuera y ella debe asumir el cuidado de los niños como si fuera su madre. Los dos jóvenes empiezan una amistad que los lleva a pasar muchas horas juntos, unas veces de paseo por los parajes del pueblo, otras por las calles bordeadas de árboles o, simplemente, en la humilde casa de Carlota jugando con los chiquillos que le han tomado cariño a Werther.

De pronto regresa Alberto y es presentado a Werther, ambos se hacen amigos y comparten los tres gratos momentos de alegría y camaradería a la luz vertiginosa de una pasión que va creciendo en el alma enamorada de Werther. Sabe desde el comienzo que su amor por Carlota es imposible, pero nada puede contra esa fuerza turbadora que lo arrastra todo. Lucha por controlar sus sentimientos, mas es evidente que la batalla para él está perdida, pues lo que siente es demasiado impetuoso como para ser sujetado con las frágiles cuerdas de la razón. A veces pierde la calma y se trasluce con nitidez su delirio. Esto ocasiona el distanciamiento gradual con Alberto y las inevitables reconvenciones de Carlota. Nuestro héroe está atrapado en una red de la que ya no podrá salir airoso. Es allí donde comienzan sus penurias, sus intensas tribulaciones que le hacen pensar en una única salida. Las confesiones a Guillermo dan muestras de ello. En la carta del 30 de agosto anuncia su propósito: “No veo para esta miserable vida más fin que la muerte”.

Una vez, Werther y Alberto sostuvieron una pequeña discusión sobre el suicidio. Werther va a salir a pasear por las montañas y pide prestadas sus pistolas a Alberto y, en un momento, casi como jugando, se lleva el cañón encima de los ojos. Alberto se sorprende y amonesta a Werther para que no vuelva a hacerlo. Se sucede un escarceo polémico donde uno sostiene el legítimo desenlace del fin de la vida, mientras el otro replica que eso sería un acto de cobardía, argumento que el joven enamorado rechaza con convicción.

Luego lo encontramos desempeñándose en un cargo con un embajador al que detesta, pero donde encuentra al conde C., quien compensa las odiosas nimiedades del primero. Pero sobre todo conoce a la señorita B., a quien ve un parecido con Carlota y puede contarle ciertos detalles de ella. Pero no son sino simples paliativos, nuestro amigo tiene su corazón y su mente fijos en un objetivo inalcanzable. Nada es capaz de sofocar la pasión que devora sus entrañas. Es conmovedora al respecto la carta del 3 de septiembre: “Muchas veces no alcanzo a comprender cómo puede amarla otro, cómo se atreve a hacerlo, ¡siendo mi amor por ella tan inmenso, profundo y único! ¡No conozco, no siento, no veo más que a ella!”. Y otro día: “Me es suficiente ver sus ojos negros para ser feliz”, exclama embelesado el 10 de octubre.

Quién no se ha estremecido con el roce de unas manos, con el fuego de una mirada o con el aliento aromado de una voz. Quién no ha sido gloriosa víctima de esa hoguera placentera en que arden nuestros sueños y deseos, en que desfallece nuestra voluntad consumida por ese volcán desatado, cuya lava nos sepulta en un vórtice de celestes ensoñaciones y de purpurinas emociones. A eso es a lo que nos convoca la lectura del Werther, la obra más representativa del romanticismo alemán, novela que según dicen fue prohibida al poco tiempo de ser publicada, pues cundió en Alemania una ola de suicidios. Decenas de cuerpos jóvenes aparecían en las riberas de los arroyos o en los lejanos bosques, imitando el trágico final del personaje literario.

La última vez que la ve leen a Ossián, un autor del siglo III según su divulgador, el poeta escocés James Macpherson, la mayor impostura de la historia de la literatura según los datos que se manejan hoy. Luego vendrá el adiós definitivo a Carlota, la solicitud que envía con su criado para que Alberto le preste su pistola, la cena frugal a la luz de un candil en su cuarto, el disparo cerca de la medianoche, el alboroto entre los vecinos y el hallazgo del cuerpo moribundo que a los pocos minutos expirará sacrificado en el altar de Afrodita, la diosa que bendice a algunos con los parabienes del amor y condena a otros con los sufrimientos del mal amor.

Una espléndida historia que se lee con agrado y con empático sufrimiento, compadecidos del arrobo inexorable del protagonista que muere consagrado al ideal supremo que los dioses le han negado, víctima inocente de sus propios delirios que lo consumen hasta la extenuación.

 

Lima, 11 de septiembre de 2022.

sábado, 27 de agosto de 2022

De pie con Salman

 

El criminal ataque a mano armada perpetrado hace unos días contra el escritor angloíndio Salman Rushdie, en un pueblo cercano a Nueva York, nos plantea ahora más que nunca el delicado problema de la libertad de expresión constantemente amenazada por los fundamentalismos y los fanatismos de todo tipo. Desde hace un buen tiempo ya, todos quienes ejercen la labor de comunicar y de pensar a través de los medios y del libro, están en la mira de los poderes siniestros del oscurantismo y del crimen organizado. Periodistas y escritores son el blanco preferido de aquellos que no aceptan un pensamiento ajeno a sus dogmas anquilosados o a sus inicuos planes delincuenciales.

Revisaba la prensa ese viernes 12 de agosto, cuando una noticia en primera plana de la edición digital del diario El País de España me acogotó. Cuando se aprestaba a dar una charla en un centro cultural de Chautauqua, a pocos kilómetros de la colosal urbe estadounidense, un joven de 24 años saltó al escenario y acuchilló repetidas veces al novelista. Heridas profundas en el cuello, el vientre y el rostro lo dejaron ensangrentado en medio del desconcierto general. Un par de guardias de seguridad subieron inmediatamente y sujetaron al atacante, mientras Rushdie era atendido por los organizadores. Un médico, que se encontraba entre los asistentes, le pudo brindar los primeros auxilios indispensables. Enseguida, un helicóptero trasladó al herido a un hospital de Pensilvania para recibir la atención necesaria.

Se sabe que el victimario tiene origen libanés y que habría militado en Hezbhollá, una organización radical islámica que se caracteriza por sus prácticas violentas. Pero la raíz de todo este embrollo viene de 1988, cuando Salman Rushdie publicó su polémica novela Los versos satánicos, donde según los censores musulmanes se ridiculiza y profana la figura de Mahoma, su máximo profeta. Es así que el Ayatholla Jomeini, extinto líder religioso iraní, lanzó una famosa fatwa condenando a muerte al autor del libro. Cualquier musulmán quedaba facultado para acabar con la vida de quien se había atrevido a tamaña blasfemia. Una jugosa recompensa, que al principio rondaba los 500 dólares, esperaba a quien ejecutara la sentencia. En la actualidad, se dice que dicha cifra bordeaba ya los 3000 dólares.

Desde ese momento, Salman Rushdie tuvo que contar con una escolta personal. Su vida pública se restringió notablemente, teniendo que desplazarse, viajar, vivir, en una palabra, con esa permanente protección que inevitablemente coactó su libertad y su tranquilidad. Aún así, se dio maña para seguir su actividad literaria que ya era reconocida internacionalmente. Sus conferencias y presentaciones no cesaron por completo, pero cada vez él sentía esa perturbadora incomodidad de quien no tiene la capacidad de gozar libremente de una existencia como la de todos, por lo que, en algún momento, sobre todo después de la muerte de Jomeini, su seguridad se relajó un poco, lo suficiente como para temer una embestida como la presente.

Lo cierto es que Salman estaba cansado de andar a todos lados con una guardia a su lado. Tal vez era lo natural, pero ante el peligro que corría, no había otra opción que someterse a esas limitaciones. Esa es la razón por la que se radicó en los Estados Unidos, el país que podía brindarle ese margen de libertad que tanto buscaba. Como gran paradoja, ese era justamente el tema de su charla de ese día aciago, en un local que pertenece a una organización que se dedica al cuidado y preservación de los asilados y refugiados. Treinta y tres años pudo burlar el asedio de la guadaña de la intolerancia y el dogmatismo. Cuando todo hacía pensar que la fatwa había sido revocada en la práctica, he aquí que la mano asesina surge inesperadamente y asesta de manera cobarde y alevosa este duro golpe a la integridad física de uno de los escritores más universales de estos tiempos, cuya obra ha sido premiada en numerosas ocasiones y cuya palabra posee el don de la clarividencia ante los males de este mundo.

Un elemento de suprema ironía ha sido conocer la identidad del victimario. Su nombre es Hadi Matar; pues, aunque ese nombre nada signifique en lengua árabe o inglesa, o quizás tenga un sentido muy diferente, en nuestro idioma posee una carga de terrible profecía, como si en su apellido estuviera cifrado el abominable designio de convertirse en el emisario perfecto de una odiosa fatalidad. En fin, un dato curioso de un hecho nimbado por la tragedia.

Una semana después de los hechos se han reunido, frente al local de la Biblioteca Pública de Nueva York, los amigos escritores del autor de Los hijos de la medianoche, para brindarle su apoyo moral y solidaridad frente al artero intento de acallarlo por parte de los esbirros de la sinrazón, de la tiranía y de la muerte. Desde estas páginas me adhiero a esta convocatoria colectiva para demostrar nuestra preocupación y empatía por, en primer lugar, un ser humano víctima de la insania terrorista; y, en segundo lugar, un artista de la palabra que con su creación honra a la especie. Estaremos pendientes de su recuperación, que sabemos será larga.

 

Lima, 23 de agosto de 2022.

sábado, 20 de agosto de 2022

Bogotá era una fiesta

 

Con motivo de la asunción al poder de Gustavo Petro en Colombia el pasado domingo 7 de agosto, surgen muchos símbolos que son importantes considerar para comprender la trascendencia de un hecho de esta naturaleza. Lo primero que debemos destacar es el triunfo, por primera vez en el país de Gabriel García Márquez, de un candidato de izquierda, que alcanza de esta manera la presidencia de la República después de 200 años de gobiernos en manos de las élites de siempre, como ocurre también en el resto de nuestros países de Latinoamérica. Otro rasgo inédito es que se trata de un exguerrillero, integrante del M-19, grupo armado que estuvo en actividad hasta fines del siglo pasado.

Si a esto le añadimos que en la vicepresidencia de la fórmula del Pacto Histórico figura una mujer como Francia Márquez -activista ambiental, feminista, afrodescendiente y natural de la región del Cauca-, el significado de dicho acontecimiento adquiere relieves de histórico, pues sólo ella encarna en toda su dimensión el gran salto adelante por la inclusión en una sociedad eminentemente conservadora como la colombiana. Poseedora de un poderoso mensaje de vitalidad, con un discurso que recoge las viejas aspiraciones de las clases menos favorecidas, con su apuesta rotunda y transparente por la igualdad y la justicia social, su presencia ahora en el poder es un primer ajuste de cuentas con la historia de su país, trajinada por la violencia y víctima de una estructura de exclusión y distanciamiento hacia las genuinas esperanzas de ese pueblo concreto que nombró el presidente en su discurso de investidura.

Desde muy temprano ese domingo las calles de Bogotá se prepararon para la fiesta, numerosos artistas tomaron las principales plazas de la ciudad para demostrar su regocijo y algarabía por la era de cambio que se inaugura con la llegada de Petro a la Casa de Nariño. Hombres y mujeres venidos de los distintos rincones de la patria, se agolparon en la Plaza de Bolívar para ser testigos e invitados de honor de esa jornada singular en que un presidente que representa la vuelta de página después de dos centurias de abandono, accede a la máxima magistratura de la nación para iniciar un período distinto en las vidas y los destinos de millones de colombianos y colombianas que siempre fueron sólo la comparsa anónima y olvidada de tantos gobiernos en todo este tiempo.

El gesto insólito de jurar el cargo y luego dirigir sus primeras palabras acompañado por la espada de Bolívar, traída por su expreso mandato ante la negativa inicial de su predecesor, reúne toda esa carga de gran simbolismo que mencionaba al inicio, pues entraña la presencia de una promesa: ella no podrá descansar en paz mientras subsista ese régimen de iniquidad y oprobio para millones de seres que después de 200 años aún no han podido vislumbrar las bondades de una real independencia y de una vida digna y justa para todos. La espada desenvainada seguirá siendo la imagen acusadora de una tarea incumplida.


Su discurso fue un sólido y rotundo alegato en defensa de los objetivos trazados en la campaña, como por ejemplo las imprescindibles reformas que reclama una población con grandes índices de desigualdad, una verdadera vergüenza y motivo de escándalo moral para cualquier sociedad que se precie de ser democrática, así como su firme propósito de brindar todo el apoyo que requiere la implementación de los acuerdos de paz, que implica tomar en cuenta las conclusiones y sugerencias de la Comisión de la Verdad, cuyo informe final fue entregado hace poco por su presidente, el padre Francisco de Roux.

Así como ocurrió con Chile en marzo, con motivo de la toma de posesión del presidente Gabriel Boric, la llegada de Petro a la presidencia despierta grandes expectativas en toda Latinoamérica, pues no sólo es la promesa de una campaña, sino un inmenso desafío para todo el equipo que llega con él a dirigir los destinos de un país asolado por décadas de guerra civil, por los cárteles de la droga y por una desigualdad clamorosa que es imprescindible restañar ya.

Abrigo firmes esperanzas en que este flamante gobierno pueda avanzar un trecho importante en favor de objetivos tan laudables. Es sin duda lo mejor que ha podido pasarle a Colombia, a despecho de quienes desde sectores retrógrados y reaccionarios de la sociedad siguen anclados en sus prejuicios ideológicos y sectarios que les impide vislumbrar horizontes más amplios y diversos para un país hermano que merece un futuro más justo y equitativo.

 

Lima, 13 de agosto de 2022.

jueves, 4 de agosto de 2022

Imagen del Perú


En 1963 la Universidad Nacional Mayor de San Marcos publicó la tesis doctoral del escritor jaujino Edgardo Rivera Martínez, intitulada El Perú en la literatura de viaje europea de los siglos XVI, XVII y XIII, reeditado el año 2011 por la Fundación Manuel J. Bustamante de la Fuente, libro que he tenido oportunidad de consultar con la avidez que siempre despierta en mí un texto del autor. Subtitulada «Relaciones de corsarios y filibusteros», son observaciones, impresiones e imágenes sobre el Perú de este segmento de viajeros según su ocupación, sobre todo franceses, ingleses y holandeses. El motivo principal de la investigación es, en palabras del propio Rivera Martínez «el estudio del Perú como tema y motivo en la literatura europea, con excepción de la española, en los siglos XVI, XVII y XVIII». La tarea le llevó varios meses de trabajo en las bibliotecas de París, donde realizó sus hallazgos más importantes. La amplia bibliografía que acompaña la publicación da fe de ello.

Lo primero que debemos hacer es distinguir entre pirata, corsario y filibustero, a partir de las motivaciones de cada uno de ellos, aun cuando compartan el denominador común de asaltantes de mar. Mientras el pirata es el bandido que actúa libremente por los mares a la pesquisa de alguna embarcación a la que desvalijar o tomar prisioneros para exigir el rescate, el corsario lo hace bajo la protección de una nación determinada, específicamente de un rey o reina, como fue el caso de Inglaterra durante los siglos mentados. En el caso del filibustero, nombre de origen holandés que significa «el cazador del botín», su acción se circunscribe a la zona del caribe y las Antillas, en la etapa posterior al crepúsculo de la piratería en el Mediterráneo y en las costas adyacentes. Sin embargo, en el libro El filibusterismo (FCE, 1957) de J. y F. Gall, la denominación alcanza a todo aquel que ejerce el dudoso oficio de ladrón de mar.

Un aspecto que sorprende de estas relaciones es que estos corsario, piratas y filibusteros, siendo hombres generalmente pragmáticos y de pocas letras, hayan tenido la voluntad de registrar por escrito sus aventuras, peripecias e incursiones. Esa impresión se atenúa un poco si consideramos que algunos de ellos pertenecieron a la aristocracia de sus países, fueron validos de la corte o caballeros de alguna orden, como es el caso de Francis Drake, el mítico corsario inglés que actuó bajo la protección directa de la soberana de Inglaterra. Otros nombres pueden ser los de Thomas Cavendish y Richard Hawkins, que junto a otros personajes de la misma estirpe aparecen en el libro, mejor dicho, los testimonios de sus viajes por los mares del Sur.

Los apuntes y anotaciones de varios de estos bucaneros recalan en observaciones sobre la geografía de las costas de Chile y el Perú, destacando su carácter yermo y neblinoso, además de las montañas que divisan en lontananza, concluyendo que son las más altas que hayan visto en sus muchas travesías, incluyendo el Pico de Tenerife, tenido en ese entonces como la cumbre más elevada de la Tierra conocida. El autor distingue el estilo seco y objetivo de la mayoría de los textos. Así describen el extenso litoral que va de Chile al Perú. Muestran especial curiosidad por las llamas, auquénidos de paso grácil que transportaban las cargas de los viajeros; las comparan a los carneros europeos, por su complexión y abundancia de lana, y a las mulas por su fortaleza para soportar los trayectos y el peso que llevaban.

Una planicie desolada y desértica, el clima templado y las imponentes montañas divisadas o entrevistas desde la costa, son las comunes impresiones de estos viajeros cuyo objetivo no era precisamente la contemplación estética del paisaje, ni el afán científico por el conocimiento de la geografía y las costumbres de los pueblos donde realizaban sus incursiones. Su avidez y codicia por el oro y la plata, por los tesoros en general, los hacía temibles en las costas por donde cruzaban. Los galeones españoles eran su presa favorita, así como los poblados que encontraban a su paso, los que eran saqueados sin misericordia ni contemplaciones. La ciudad peruana de Paita puede dar testimonio de ello. La leyenda de El Dorado subyacía en la imaginería de estos aventureros codiciosos que asolaban las costas del Pacífico.

Tal vez habría que precisar que las relaciones de los viajeros consignados, según lo reconoce el propio autor, carecían de un interés propiamente literario, siendo las más de las veces apenas notas de una bitácora de marinero, con algunos chispazos y aciertos descriptivos, apuntes de interés histórico para el registro de una época singular de estas tierras, signada por estos personajes más propios de una novela de aventuras, que fueron protagonistas y antagonistas de la historia del comercio marítimo internacional, y que estuvieron vigentes hasta el siglo XIX, cuando merced al desarrollo de la tecnología, entraron en una etapa de obsolescencia y pronto vieron su extinción. También es cierto que sus escritos no nos ofrecen una imagen completa del Perú, pues por razones obvias los piratas no tuvieron ocasión, ni quizás tampoco interés, por incursionar en la sierra y menos en la selva, por lo que sus visiones son parciales y focalizadas sólo a una de las llamadas regiones naturales del Perú. Más allá de ello, el libro se lee con agrado y vivo interés.

 

Lima, 2 de agosto de 2022.


sábado, 30 de julio de 2022

Una breve historia de la humanidad

 

Hace dos millones de años los humanos eran apenas unos animales insignificantes en África oriental. Varias especies humanas convivían en el mundo hasta hace aproximadamente 10 000 años, cuando una de ellas logró imponerse y dominar la Tierra como nadie lo había hecho hasta entonces. La historia de esta sorprendente travesía está narrada con gran precisión de datos y de una manera amena y documentada en Sapiens. De animales a dioses (Debate, 2013), del historiador israelí Yuval Noah Harari, profesor de historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén y autor de numerosos libros de difusión masiva donde expone sus fascinantes investigaciones sobre la materia en la que es todo un experto.

Me ha llevado un buen par de meses en la gratísima compañía de este texto que considero fundamental para el conocimiento de cómo el hombre actual ha logrado alcanzar el grado de desarrollo que le ha permitido enseñorearse del planeta, a veces pasando por encima de las vidas de otras especies y sobre la misma naturaleza, causando estragos increíbles que nos ponen al borde de nuestra propia extinción. El autor aborda el tema a partir de tres grandes revoluciones que ha atravesado la peripecia humana: la cognitiva, la agrícola y la científica. Pasos importantes en ese devenir han sido indudablemente la domesticación del fuego y la cocción de los alimentos, así como el cerebro extremadamente grande de los sapiens y el coste de pensar.

Uno de los factores decisivos para el predominio del homo sapiens ha sido la existencia del mito, pues como señala Harari «un gran número de extraños pueden cooperar con éxito si creen en mitos comunes». Esta sería la explicación de por qué los humanos pueden formar imperios que gobiernan a millones de personas, cuando el umbral en el caso de los chimpancés es de 150 individuos. Contrasta para el caso la realidad objetiva y la realidad imaginada en la leyenda de Peugeot, la marca francesa que es un verdadero modelo de organización en la esfera de esta abstracción. Concluye el autor: «La verdadera diferencia entre nosotros y los chimpancés es el pegamento mítico que une a un gran número de individuos, familias y grupos. Este pegamento nos ha convertido en los dueños de la creación».

Un aspecto de la preocupación moderna con relación a la salud de la población mundial encuentra una explicación bastante atendible en el razonamiento de Harari. Se trata de la propensión del hombre contemporáneo al consumo de exageradas dosis de calorías, que ha traído aparejado el problema de la obesidad en grandes sectores de la población de los países especialmente occidentales. «El instinto de hartarnos de comida de alto contenido calórico está profundamente arraigado en nuestros genes», pues en los tiempos en que éramos cazadores y recolectores la idea era aprovechar al máximo la ración disponible de los alimentos que encontráramos a mano, porque no podíamos saber si más adelante tendríamos la misma suerte para hallarlos.

Se detiene también en algunas características de este período de nuestra evolución, donde los cazadores-recolectores eran animistas, o suponemos que lo eran. «El perro fue el primer animal en ser domesticado por Homo sapiens, y esto tuvo lugar antes de la revolución agrícola», sentencia el autor confirmando un dato que la historia ha registrado hace ya un tiempo. Asimismo, pone de relieve el rol de los sapiens en la extinción del 90% de la megafauna australiana, adonde llegaron hace 45 000 años. Califica a nuestra especie como la «más mortífera en los anales del planeta Tierra», y de forma más contundente aún lo define como «un asesino ecológico en serie».

El relato de que la revolución agrícola fue un gran salto adelante para la humanidad constituye, para Harari, una fantasía, el mayor fraude de la historia, porque «no se tradujo en una dieta mejor o en más ratos de ocio». Sostiene que el trigo, el arroz y las papas domesticaron a Homo sapiens, pero este proceso duró miles de años, y al final fue una trampa de la que ya no pudimos salir. Diagnostica una contradicción entre el éxito evolutivo y el sufrimiento individual que se acentuó, o por lo menos permaneció inalterable. Con la agricultura surgió también la preocupación por el futuro. Insiste varias veces en que los mitos y los órdenes imaginados son los que permiten la existencia de redes de cooperación en masa.

Realiza un breve registro de las escrituras del mundo, iniciada entre los sumerios, en Mesopotamia, luego siguieron los egipcios, los chinos y la América central. Hay una importante mención al quipu inca como sistema de memoria para conservar datos que sirvieron para la administración de un imperio. Es importante recordar que los textos como la Biblia, La Ilíada, el Mahabharata y el Tipitika budista empezaron como obras orales. Agrega que los números que llamamos arábigos lo inventaron en realidad los hindúes, mientras que actualmente los árabes usan dígitos muy diferentes de los occidentales.

Una comprobación recorre estas elucubraciones del autor: las redes de cooperación que se fundan en ficciones, y también en la escritura, no reconocen que no son naturales, es por eso que persiste la injusticia en la historia. Una expresión de ello sería el mito creacionista hindú, según el cual el sol fue creado del ojo de Purusha; la luna, de su cerebro; los brahmanes, de su boca; los chatrias, de sus brazos; los vaishias, de sus muslos; los sudras, de sus piernas. Otra certeza que establece es que en realidad nada es antinatural desde la perspectiva de la biología. Los conceptos de natural y antinatural han sido tomados de la teología cristiana, no de la biología, así como la discusión sobre sexo y género, los mitos en los que se han fundado las sociedades patriarcales.

La flecha de la historia apunta en una sola dirección, los mundos humanos de los siglos pasados tienden a unificarse. La visión global se va imponiendo lentamente a través de tres órdenes fundamentales: el económico (monetario), el político (imperios) y el religioso. Por ello afirma categóricamente: «El dinero es el más universal y más eficiente sistema de confianza que jamás se haya inventado». En el acápite «Visiones imperiales», desdemoniza el término «imperio»; enfatiza los lados positivos de su vigencia; hace un recuento de los principales imperios que han prosperado en la historia y los múltiples beneficios aportados al desarrollo de la humanidad. El mundo marcha hacia el establecimiento de un imperio global. Y en seguida abona con una reflexión no exenta de polémica: «Hoy en día se suele considerar que la religión es una fuente de discriminación, desacuerdo y desunión. Pero, en realidad, la religión ha sido la tercera gran unificadora de la humanidad, junto con el dinero y los imperios».

Figura también una interesante explicación del politeísmo, así como una aclaración histórica sobre la relación entre Roma y el cristianismo, teniendo en cuenta que primero fue una religión perseguida y sorprendentemente luego se convierte en religión oficial. Otro lado de este fenómeno es la posterior ruptura entre católicos y protestantes, una lucha encarnizada por la interpretación auténtica del mensaje cristiano. Es sorprendente el caso de que esta secta judía se haya apoderado de todo un imperio. El mundo pasó de ser politeísta a monoteísta al comenzar el siglo XVI. «El cristiano cree en el Dios monoteísta, pero también en el Diablo dualista, en santos politeístas y en espíritus animistas», observa el historiador. Esto se llama sincretismo, que, reconoce, «podría ser la gran y única religión del mundo».

El budismo es una religión que prescinde de los dioses, o que no los considera tan importantes. Siddharta Gautama, el Buda, «resumió sus enseñanzas en una única ley: el sufrimiento surge del deseo; la única manera de liberarse completamente del sufrimiento es liberarse completamente del deseo, y la única manera de liberarse del deseo es educar la mente para experimentar la realidad tal como es», apunta con perspicacia Harari, para quien hay religiones humanistas como el liberalismo, el capitalismo y el comunismo; así como el humanismo liberal, el humanismo socialista y el humanismo evolutivo.

Sobre el conocimiento de la historia posee una visión bastante particular: «Estudiamos historia no para conocer el futuro, sino para ampliar nuestros horizontes, para comprender que nuestra situación actual no es natural ni inevitable y que, en consecuencia, tenemos ante nosotros muchas más posibilidades de las que imaginamos». De la misma manera: «Al igual que la evolución, la historia hace caso omiso de la felicidad de los organismos individuales. Y los individuos humanos, por su parte, suelen ser demasiado ignorantes y débiles para influir sobre el curso de la historia para su propio beneficio». Estamos por una parte ante los destellos purísimos de la libertad, cuyas alas desplegadas nos pueden servir provechosamente para cambiar nuestro destino, pero también ante los designios implacables de la fatalidad, o de la voluntad como diría Schopenhauer, sobre todo por nuestra propia incapacidad para hacerle frente con la fuerza de la inteligencia. La historia sería como ese jardín de senderos que se bifurcan de la ficción borgiana.

Leyendo el capítulo titulado «El descubrimiento de la ignorancia», no pude evitar recordar las palabras de Sábato en uno de sus luminosos ensayos, donde afirmaba con gran sentido de la ironía y usando una de sus clásicas paradojas, que el porvenir de la ciencia era la ignorancia, pues cuanto más el ser humano había avanzado en su conocimiento del mundo, más se percataba de que la vastedad del saber humano era inabarcable. Más allá del sapere aude latino y del «saber es poder» de Bacon, lo cierto es que la parcela de nuestro dominio de la ciencia es infinitamente pequeña frente a la inmensidad de aquello que ignoramos. Aun así, el acto supremo de haber arrebatado el fuego del saber a los dioses, nos equipara al héroe mítico Prometeo, símbolo de esa innata aspiración humana por desentrañar las verdades de la existencia.

En esta perspectiva podemos entender mejor el maridaje entre ciencia, industria y tecnología, facilitado por la imposición del sistema capitalista a través de la revolución industrial, cuyo auge entre 1750 y 1850 significó un vuelco absoluto en las dimensiones del desarrollo moderno, que trajo consigo una serie de innovaciones que mejoraron de manera innegable la calidad de vida del hombre, aunque con la cuota injustificable de sufrimiento y degradación para importantes segmentos de la población, algo que tampoco debemos olvidar. Estos avances nos hicieron también contemporáneos de todos los hombres, aun cuando sujetos al molde cultural del Viejo Mundo. Harari lo demuestra de la siguiente manera: «En la actualidad, todos los humanos son, en mucha mayor medida de lo que en general quieren admitir, europeos por su manera de vestir, de pensar y por sus gustos. Pueden ser ferozmente antieuropeos en su retórica, pero casi todo el mundo en el planeta ve la política, la medicina, la guerra y la economía con ojos europeos, y escucha música escrita al modo europeo con letras en idiomas europeos». Una forma visible de ese «amor entre el imperialismo europeo y la ciencia moderna» que el autor ha rastreado en su estudio.   

En otro acápite aborda el tema de Colón, quien era todavía un hombre medieval, mientras que Américo Vespucci fue el primero moderno. Quizá ello explique el hecho de que el gran cartógrafo alemán Martin Waldseemüller le pusiera América al nuevo continente descubierto, creyendo que su descubridor era Vespucci. En fin, son los curiosos vaivenes de la historia y las decisiones muchas veces erradas que luego se prolongan por los siglos estableciendo verdades incontrastables. Por lo demás, así como las campañas napoleónicas permitieron que un estudioso francés descifrara la escritura jeroglífica, igualmente el oficial inglés Rawlinson, enviado a Persia en 1830, logró descifrar la escritura cuneiforme, tal vez la más antigua de la humanidad. Son conquistas surgidas del azar, consecuencias de hechos de armas muy concretos que terminan en aportes fundamentales para el acervo cultural mundial.

En otro orden de cosas, la extensión del crédito permitió el crecimiento de la economía, un acto de confianza en el futuro por parte del emprendedor. Pues el capitalismo consiste en esencia en invertir la riqueza obtenida, a través de dinero, bienes y recursos, en producción. Y a propósito del capitalismo intercala un dato histórico sorprendente. Resulta que la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales (WIC) logró el dominio de la costa atlántica de América y fundó Nueva Amsterdam a orillas del río Hudson; sin embargo, los indios y los ingleses atacaron dichas posesiones movidos por causas disímiles, por lo que los holandeses decidieron construir una muralla para defenderla. Finalmente, los ingleses logran apoderarse de la zona y rebautizan la colonia como Nueva York. Actualmente la muralla yace bajo la principal arteria de la ciudad, Wall Street, la calle de la muralla.  

Un apunte más sobre economía: entre los trastornos que trajo la revolución industrial, uno de los más notables fue la imposición del tiempo de los relojes. Sobre el mismo tópico hay una reflexión muy sagaz de Ernesto Sábato en su libro Hombres y engranajes (Alianza Editorial, 1980). La vida natural se rige por el tiempo de las auroras y los crepúsculos, por la presencia del sol vertical al mediodía y por las necesidades espontáneas de los hombres, no por el tiempo simultáneo de las oficinas y los horarios laborales. El despuntar del alba y la puesta del sol están hoy velados por esas torres babilónicas que dominan las ciudades; la hora del comer y del dormir ya no están determinadas por el hambre ni por el sueño, sino por los requerimientos cronométricos de las jornadas unánimes del trabajo que dictan la industria y la vida moderna.

El Estado y el mercado han fortalecido así cada vez más al individuo, pero a un costo muy alto: su alienación. Según Harari, el Estado y el mercado han sustituido a la familia tradicional y a las comunidades. Ahora hay nacionalismo y consumismo, lo que él llama «comunidades imaginadas». Demuestra con cifras que nuestra época, en comparación con otras del pasado, es esencialmente pacífica, tanto por los costes de la guerra como por los beneficios del comercio en tiempos de paz. No obstante, reconoce que es arduo el problema de medir la felicidad, porque ésta no sería objetiva, pues no siempre el dinero, la salud y las relaciones sociales nos proporcionan la dicha a todos por igual, sino que más bien depende de las expectativas subjetivas de las personas. La conclusión es clarísima: la historia no se ha preocupado de saber de qué manera los acontecimientos del mundo influyen o no en la felicidad humana.

Finalmente, avizora lo que nos depara el porvenir a partir de lo que contemplamos en estos albores del siglo XXI, donde Homos sapiens ha rebasado los límites de la selección natural a través del diseño inteligente que ya empieza a tener un asombroso futuro. Entre la bioingeniería, los cíborgs y la vida inorgánica se desenvolverá la humanidad en las próximas décadas. No sabemos a dónde puede llevarnos todos esos cambios que se avecinan, pero no cabe duda de que se trata de una realidad que sobrepasa cualquier previsión. El libro del profesor Harari es una valiosa contribución para entender la marcha de nuestra especie desde sus orígenes hasta nuestros días, escrito con la lucidez y el conocimiento propios de alguien que ha hurgado con paciencia y dedicación en los entramados más profundos de esta insólita especie a la que pertenecemos.

 

Lima, 28 de julio de 2022.



domingo, 10 de julio de 2022

Hay futuro si hay verdad

 

Colombia ha sufrido los últimos sesenta años uno de los conflictos armados más prolongados y cruentos del hemisferio, con cerca de medio millón de muertos y otros tantos millones de desplazados y desaparecidos. Esta tragedia humanitaria parece estar llegando a su fin, ese es el anhelo de todos los colombianos y latinoamericanos, con la entrega del Informe Final de la Comisión de la Verdad realizada el pasado martes 28 en Bogotá. Su presidente, el sacerdote jesuita Francisco de Roux, en una ceremonia acorde a las circunstancias, ha pronunciado un discurso muy sentido sobre las décadas de la violencia que ha padecido su país, incidiendo en la importancia del conocimiento de los hechos para no repetirlos. Se ha notado la ausencia en dicho acto del presidente Iván Duque, de visita en Europa, en un gesto bastante revelador, pues a lo largo de su mandato, que ya llega a su fin, poco o nada se hizo por apuntalar el trabajo de los comisionados y por implementar los acuerdos de paz firmados entre el gobierno y las Farc el año 2016.  

Quien sí estuvo presente es el presidente electo Gustavo Petro, quien asumirá las riendas del gobierno el próximo 7 de agosto. Esto da gratas esperanzas en medio de un clima de pesimismo por los años transcurridos sin ver materializados los puntos acordados en La Habana cuando el presidente de ese entonces, Juan Manuel Santos, llevó a cabo un encuentro positivo con los líderes de la guerrilla que habían decidido entregar las armas y encaminar a Colombia por un futuro de paz y reconciliación, arduo y saturado de obstáculos es cierto, pero fundamental para devolverle a toda la nación ese mínimo de tranquilidad y concordia que todo pueblo requiere para lograr su desarrollo y prosperidad.

Cerca de cuatro años ha trabajado la comisión bajo la batuta del padre Francisco de Roux, un hombre sumamente respetado por todos los sectores de la sociedad colombiana, filósofo, economista, sacerdote jesuita y voz dialogante de la comunidad religiosa. Durante ese tiempo han tenido la ocasión de visitar la mayor cantidad de poblados de las diversas regiones del territorio, escuchando los testimonios y dramas de miles de ciudadanos víctimas de una guerra demencial que ha transcurrido ante los ojos impasibles de un país jaqueado por los grupos guerrilleros, las fuerzas armadas, las bandas de paramilitares y los delincuentes del narcotráfico. Muchos de esos relatos son verdaderamente espeluznantes, tragedias que describen la vesania y bestialidad a la que puede descender el ser humano cuando es atrapado por la locura homicida del que piensa que el otro es sencillamente el enemigo.

Oyendo al padre Francisco, su elocuencia cauta y honesta, sus gestos mesurados y sabios, uno tiene la sensación de estar frente a un ser excepcional, alguien que a sus 79 años recién cumplidos ha forjado un espíritu poseedor de una agudeza tal que le permite entender en su cabal dimensión el laberinto inextricable de la condición humana, y que desde allí es capaz de proponer y preconizar salidas razonadas y justas a los increíbles callejones, en apariencia sin salida, en que cae el hombre cuando es jaloneado por las fuerzas oscuras del fanatismo, el odio, la venganza y la muerte. Esas ocho mil páginas de que se compone el informe son, como ha recordado el escritor Juan Gabriel Vásquez, el primer eslabón para pasar página a una era de horror y espanto que no debe repetirse jamás.  

Son tantos años en que el país entero vivió, como resume el padre Francisco, en “modo guerra”, sintiendo que la violencia que se apoderaba de todos los pueblos y ciudades era la forma única de la lucha política por el poder, un pueblo anestesiado por los sucesos que se iban precipitando arteros como si se tratara de una fatalidad inexorable. “¿Qué nos pasó a todos?”, es la pregunta que se hacen los comisionados, cuestionando la apatía o indiferencia de toda una sociedad que contemplaba con una mezcla de espanto y perplejidad, pero también paralizada por el miedo, lo que venía ocurriendo. Eran muy pocos los que levantaban sus voces demandando una acción frontal contra este enfrentamiento fratricida de los colombianos. Tal vez porque hacerlo les hubiese significado una segura condena a muerte de parte de alguno de los bandos enfrentados, tal vez porque confiaban que en algún momento iría a cesar la sinrazón desatada.

Es lo mismo que pasó en muchos de nuestros países, como el Perú, Argentina y Chile, donde después de duras épocas de terror llegó el momento de realizar el balance, para entender aquello que había pasado. Desde la memoria, desde la recuperación de lo vivido, se podría acceder posteriormente a la reconciliación y la reparación, con la promesa firme de no repetir jamás aquello que costó sangre, dolor y lágrimas para millones de ciudadanos. Lo terrible es que más del 80% de las víctimas fueron civiles, hombres y mujeres que no tenían ninguna razón de ser parte de la contienda, pero que sufrieron los peores castigos a manos de quienes se enzarzaron en aquella demencia cainita.

Celebro este logro la Comisión de la Verdad. Viene ahora un período de socialización de las conclusiones del informe, así como el seguimiento respectivo de su implementación en todo el cuerpo de la nación, con el fin de sanar heridas, restablecer la justicia, recuperar la paz y reconstruir la vida cotidiana bajo los cimientos del entendimiento, la armonía y el compromiso de edificar juntos el país que todos los colombianos merecen. He ahí la fe y la esperanza del padre Francisco de Roux, artífice de este magno instante en la historia del país de García Márquez, de la ubérrima tierra de las cumbias y los vallenatos, de la patria grande que soñó forjar alguna vez Simón Bolívar.

 

Lima, 9 de julio de 2022.


 

     

domingo, 3 de julio de 2022

La última noche es la primera noche

 

Uno de los grandes libros clásicos de todos los tiempos es, qué duda cabe, esa preciosa colección de cuentos persas, indios y árabes reunidos bajo el poético título de Las mil y una noches, fontana inagotable de un sinnúmero de episodios, aventuras y vicisitudes donde bulle la fantasía y el ingenio, la originalidad y la sorpresa, y cuya lectura mantiene en vilo al sagaz lector que tiene la dicha de internarse por sus meandros y vericuetos, gozando como un bendito ante las maravillosas historias que no son otra cosa, finalmente, que fieles retratos de nuestra real condición humana.

Es por eso gratificante que un escritor de nuestro tiempo haya tenido la feliz idea de cristalizar esos relatos en una presencia concreta a través de la escenificación teatral. No de todos, por supuesto, porque sería casi imposible, pero sí de una muestra representativa del genio y la desmesura que inspiraron a los contadores de historias del mundo antiguo. Así nace, pues, el proyecto concebido por Mario Vargas Llosa y llevado a la práctica por primera vez en el año 2008 en Madrid, con el concurso de un valioso contingente de hombres y mujeres que fueron quienes hicieron posible su realización, destacando sobre todo la figura de la actriz española Aitana Sánchez-Gijón, encarnando a la legendaria Sherezada, así como la presencia escénica del propio novelista en el papel principal del rey Sahrigar.

Dan cuenta de todo ello el libro que el autor publicó inmediatamente, Las mil noches y una noche (Alfaguara, 2008), y que he disfrutado en algunas noches y mañanas de este frío invierno limeño. El libro se lee prácticamente de un tirón, pero he tratado de prolongar un poco su lectura para retener en algo la sensación de donde parte toda la trama de la ficción. Pues, como es bien sabido, este rey sasánida ha experimentado la desventura de la traición, y no ha tenido mejor respuesta que saciar sus instintos de venganza, sacrificando cada noche a una muchacha de su pueblo, como pago por la afrenta recibida de su mujer y de sus servidores de palacio, quienes mientras su amo se iba de cacería, se entregaban a escandalosas orgías en los mismos aposentos de su señor.

Es así que decide desposar cada noche a una núbil súbdita del reino, para mandarla decapitar a la mañana siguiente. Ante tan cruel designio, los habitantes entran en pánico no sabiendo qué hacer para escamotear a sus hijas del cruento destino que les espera. Pero he ahí que insurge la salvadora figura de Sherezada, nada menos que la hija del visir, quien convence a su padre, el primer ministro, de que ella debe convertirse en la esposa de Sahrigar. El funcionario no puede negarse ante tan temeraria decisión, y se celebran las bodas en una fastuosa ceremonia que permanecerá en la memoria de las gentes por muchas generaciones. Lo insólito radica en que mientras las demás muchachas del pueblo eran llevadas a la fuerza a las garras del sátrapa, Sherezada lo haga por su propia voluntad, diferencia que al final notará el propio rey.

Sin embargo, en la primera noche después del enlace, Sherezada debe enfrentar su prueba de fuego. Para aplacar los deseos sanguinarios de su flamante esposo, concibe la idea de contarle una historia cada noche, con la audaz estratagema de dejar el final en suspenso por hallarse próximo el amanecer. Y como el rey, movido de su natural curiosidad, desea conocer el desenlace de la historia, va postergando la ejecución de la víctima manteniendo cada vez en su sitio la cimitarra del verdugo. Sherezada tiene la precaución de recordarle a Sahrigar de que la mañana ha llegado y debe marchar al sacrificio, pero éste le recuerda que es él quien tomará la final resolución. De esta manera, van pasando una, dos, tres… mil noches, y la ejecución se va aplazando. Los cuentos de la bella han obrado el milagro de ir amansando el carácter iracundo del monarca, devolviéndole su condición de hombre civil y sensible.

Es la literatura, a fin de cuentas, la que salva la vida de Sherezada, pues el rey en esa hora crucial percibe la auténtica belleza de su esposa y el poder seductor de sus historias. Se enamora de ella, reflexiona lo injusto que había sido hasta entonces, y a partir de esa noche celebran por fin su luna de miel y viven felices para siempre.

El cuento elegido por el autor para hacernos vivir todo el hechizo de las palabras es la historia del príncipe Camar Asamán, hijo de Sharimán, rey de Jalidán. Es una aventura prodigiosa, plagada de sucesos inesperados e inverosímiles, narrados por la diestra mano de un contador avezado, curtido en miles de páginas que ha dado a la imprenta para el solaz y admiración de sus incontables y agradecidos lectores. No he visto, desafortunadamente, la representación que se hizo en Lima en marzo del 2011 con la actuación de la hermosa y talentosa Vanessa Saba, pero ya puedo imaginarme en el teatro asistiendo a la puesta en escena de una vieja historia, rejuvenecida por la magia extraordinaria del dramaturgo y su exquisita parafernalia de parlamentos, actuación, vestuario y demás elementos que dan vida al arte dramático.

Como conclusión, a mí me queda claro que la literatura es un asunto de vida o muerte, que nos salva, como a Sherezada, de ser triturados por la pedestre realidad y sus prosaicos designios. Siempre podemos tener la esperanza de que antes de que llegue nuestro final, un caudal de fabulosas historias matizarán nuestras vidas de ilusiones y sueños que enriquecerán lo que de otra manera serían grises y aburridas existencias.

 

Lima, 2 de julio de 2022.




La muliza en el debate

 

A raíz del reconocimiento de la muliza, que se realizó el año 2014, como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación, vía una resolución ministerial, se produjo todo un debate en los medios artísticos e intelectuales de la provincia de Jauja, por la razón de que dicho documento legal no mencionaba por ningún lado el aporte de esta ciudad en el proceso de creación, desarrollo y práctica de este género musical emblemático de la región central del Perú. El asunto no pudo ser más motivador para que un grupo de estudiosos y cultores del género trataran de desvirtuar los vacíos en que incurrió la instancia oficial al momento de otorgar el valor que ya merecía la muliza desde hacía un buen tiempo.

Se suscitaron entonces debates, mesas redondas, discusiones y ponencias donde se argumentaba con fundamento la presencia central de Jauja en todo este proceso de consolidación de uno de los ritmos más apreciados, selectos y exquisitos de nuestro cancionero nacional. De entre todo ese material llega a mis manos el libro La muliza jaujina, del profesor Nicolás Martínez Oviedo, compositor e intérprete reconocido de la provincia y uno de los más acuciosos investigadores de la materia. Es él justamente una de las voces más airadas que se alzaron cuando en dicho reconocimiento no se nombró a Jauja para nada, descubriendo que una de las causas para este olvido fue una clamorosa negligencia de las propias autoridades del Concejo Provincial, quienes no enviaron en su momento la información requerida por el Ministerio de Cultura. Lamentable dejadez de ciertos funcionarios para quienes probablemente la cultura es la quinta rueda del coche de la gestión edil.

Sin embargo, como señala el prologuista, el debate sobre el lugar de origen de la muliza se revela estéril, pues se trataría de todo un proceso cultural de integración e intercambio, en una región que posee singularidades propias. Lo novedoso, acaso, como apunta al finalizar su introducción, es que la muliza en Jauja se baila, especialmente en los carnavales; es más ligera y termina en huaino, a diferencia de las versiones que se cultivan en Tarma y Cerro de Pasco. Además, la cuna exacta de esta expresión musical sigue siendo un enigma, pues hasta ahora no se ha demostrado de manera fidedigna el punto preciso de su nacimiento, a pesar de los muy serios y considerables argumentos que sustentan unos y otros, si bien en el caso de la muliza jaujina existe el poderoso fundamento de la historia, al ser un territorio políticamente más antiguo y que en algún momento comprendió a las mencionadas provincias donde también se cultiva la muliza.

Este fenómeno no es único. El hecho adicional de que las áreas culturales casi nunca coincidan con las demarcaciones políticas, hace difícil establecer teorías o hipótesis concluyentes. Es lo que pasa también con el tango, sin ir muy lejos, pues es bien sabido que Uruguay y Argentina se disputan su primacía, cuando la verdad es que en la cuenca del río de La Plata se gestó y desarrolló esta expresión musical, teniendo además a uno de sus máximos cultores y exponentes, como es Carlos Gardel, en medio de una controversia sobre si su nacimiento fue en Francia, Uruguay o Argentina. En fin, esto es lo de menos, pues lo importante aquí es cómo se forjó uno de los géneros más significativos de Latinoamérica.

Volviendo a la muliza, se entiende el surgimiento del mismo al tener presente el factor histórico, al suprimirse el monopolio comercial por el rey Carlos III en el siglo XVIII, decretándose el libre comercio. Esto trajo como consecuencia que los puertos de Cádiz, Sevilla, Callao y Cartagena de Indias ya no serían los únicos habilitados para el tráfico de especies, sino que surgen otros como Montevideo y Buenos Aires, más accesibles al Viejo Continente y convirtiéndose en los principales centros del movimiento económico durante la colonia. Esto trajo aparejado el surgimiento de un intenso tráfico comercial entre el noroeste argentino y las regiones del altiplano boliviano, peruano y la sierra sur de nuestro país, teniendo su punto de llegada la región central, donde ya gravitaba Jauja como primera ciudad fundada por los españoles en dicha zona, y la concurrencia de ciudades como Tarma y Cerro de Pasco en cuanto a su significación agrícola, ganadera y minera en el caso de esta última. Por tanto, los arrieros o muleros que hacían el largo camino, se acompañaban en el trayecto de guitarras y cantos que iban surgiendo al calor de los trabajos y los días, las fatigas y las nostalgias. 

Todos coinciden en que la muliza posee la estructura poética del zéjel, composición árabe-andaluza traída por los conquistadores; y que, musicalmente, deriva de la vidala, género colonial originario del Perú, pero muy bien aclimatado por cierto en las provincias argentinas de Tucumán, Salta, Jujuy y Santiago del Estero. Otros sugieren que un antecedente podría ser asimismo la chimaycha, especie de huaino cultivado en tierra tarmeña. Es decir, la muliza es el producto de un interesante mestizaje al que concurren distintas vertientes culturales que le dan su condición de expresión híbrida, creación que amalgama todas las corrientes que han forjado nuestra identidad nacional.

En el libro hay además testimonios de personalidades ligadas al mundo de la muliza, así como un cancionero que abarca más de la mitad del volumen. He leído con detenimiento las letras de las mulizas y recordaba mis primeros poemas de amor, malos poemas por supuesto, pues al ser de temática amorosa es muy difícil alcanzar la excelencia, que es la única condición de la poesía, como nos lo enseñó el gran Rainer María Rilke, que en sus Cartas a un joven poeta le recomienda que jamás escriba poemas de amor, por la razón ya apuntada. Se advierte por ello un prosaísmo demasiado evidente, una retórica al uso llena de lugares comunes, con una fraseología que ha echado mano a recursos muy manidos de la peor poesía “romántica”. Hay varias que empiezan bien, pierden brillo a medio camino y al final se enfangan en versos pueriles. Se pueden salvar algunas estrofas bien construidas y uno que otro destello lírico en ciertos versos de varias canciones. Es por ello que, después de un somero análisis de las letras, sinceramente, creo que carecemos de un gran letrista de mulizas. Tal vez pueda sonar muy lapidario lo que afirmo, pero mi juicio es apenas una visión subjetiva y relativa, pues no descarto la probabilidad de otras composiciones no insertas en el libro.

Hay aquí, en todo caso, un serio desafío para quienes van a continuar con el legado, para que puedan elevar la calidad poética de una melodía que es hermosísima, de una música entrañable que es representativa de nuestra tierra. El libro es, sin duda, una valiosa contribución al estudio y conocimiento de esta expresión artística del centro del Perú.

 

Lima, 25 de junio de 2022. 


 

sábado, 14 de mayo de 2022

Jauja en su historia

 

Un libro que ha aguardado por más de cuarenta años en mi biblioteca, y que apenas había hojeado ocasionalmente picoteando alguna información, lo he recorrido ahora sí de cabo a rabo. Los hallazgos son de gran interés, sobre todo para alguien que desee conocer un poco más de la historia de Jauja, y que por supuesto debiera serlo también para quien llamándose jaujino no puede desconocer aspectos centrales del devenir de su ciudad. El texto en mención es nada menos que Jauja Antigua (1964), del recordado periodista y poeta Clodoaldo Alberto Espinosa Bravo, testigo de buena parte de la historia de Jauja durante el siglo XX, habiendo nacido en el año 1900 y fallecido en 1969.

El libro es un compendio de artículos, notículas, relatos, reseñas, noticias y cartas que recogen los acontecimientos más relevantes de la provincia a través del anecdotario y la preocupación historiográfica del escritor, a lo largo de una vida fecunda, signada por la tragedia, a raíz del accidente ferroviario que sufrió en 1956, pero que nunca dejó que esa circunstancia desgraciada mermara un ápice su pasión por el saber y por difundir el conocimiento profundo de la ciudad que fue la materia central de toda su producción intelectual. El volumen que dormía en los anaqueles ha despertado para revelar todo el caudal de valiosa información que atesoraba, pues lo más importante de Jauja antigua es precisamente la cantidad de datos que aporta en cuanto a sus mitos, leyendas, sucesos políticos, sociales y culturales de la provincia y aledaños.

La dedicación a la historia por parte de Espinosa Bravo es notoria en muchos de los capítulos del libro, especialmente en aquellos donde revisa los hechos de la región desde épocas prehispánicas, cuando el origen y florecimiento de la civilización Wanka-Xauxa, o los episodios de la conquista a través de una lectura atenta de los cronistas. También figura el hecho trascendental del hallazgo del Acta de fundación de Jauja en los archivos peninsulares por el historiador Raúl Porras Barrenechea, quien tuvo el gesto de obsequiar una copia del mismo al autor, quien a su vez hizo todo lo posible porque fuera incorporado a los archivos de la Municipalidad de la provincia. Igualmente aparece el Acta de cancelación de la capitalidad de Jauja, cuando un grupo de vecinos notables, en reunión de noviembre de 1534, solicitó a Francisco Pizarro su traslado a la costa.

Detalles sobre la construcción de la Iglesia Matriz y el surgimiento del culto a la Virgen del Rosario; la fisonomía de la Plaza de Armas en los inicios de la presencia española; el nacimiento en la ciudad de Francisca Pizarro, la hija mestiza del conquistador; la configuración geográfica y política de Jauja durante la Colonia y la República; la participación de figuras heroicas, como fray Bruno Terreros, en los momentos álgidos de la patria; el encauzamiento del río Mantaro; el significado y trascendencia del Convento de Ocopa como foco civilizador en la zona central del país; el increíble episodio del abrazo de Maquinhuayo en los años aurorales de la independencia; la presencia de personajes importantes en la ciudad, como el expresidente Manuel Pardo, a raíz del Sanatorio para enfermos de tuberculosis; las fiestas tradicionales del pueblo, como el famoso Jala-pato; entre otros, dan cuenta de la diversidad de intereses de un autor cuya curiosidad y apasionamiento eran realmente admirables.

Sin embargo, quiero detenerme, en forma particular, en algunos datos que pueden ser de especial interés para un lector actual, sobre todo si es nacido en Jauja. Por ejemplo, saber que José Jacinto Ibarra, quien fuera diputado y senador, fue el principal gestor -junto a Manuel B. Cisneros- para la creación del legendario colegio “San José”, semillero de señeras personalidades de la provincia. Este centro de enseñanza nació como Colegio Municipal en febrero de 1858, siendo su primer rector don Antonio Díaz y Baca. Se nacionalizó en 1868, aprobándose la ley correspondiente el 20 de noviembre del mismo año. Se inauguró el 28 de julio de 1869, “siendo su primer rector don Manuel Mosquera, pedagogo huaracino”. El nombre del colegio tendría su origen en el del presidente de la República en cuya administración se puso en marcha su funcionamiento, José Balta, según costumbre de la época al crearse colegios, o en el propio nombre de su fautor, José Jacinto Ibarra, que por cierto es la denominación de la calle lateral del local actual del centenario recinto del saber.

Curiosamente sería el mismo Jacinto Ibarra quien presentó el proyecto de ley para la división de Jauja y por ende la creación de la provincia de Huancayo, hecho que se concretó en 1864. No faltará tal vez, por allí, un jaujino a rajatabla, que comience a mirar con otros ojos a este representante político y notable ciudadano, que tuvo la fortuna de estar tanto en un acontecimiento capital para el desarrollo educativo de la provincia, como en el controvertido nacimiento de una provincia que ahora ejerce la capitalidad de la región Junín. En fin, son los vaivenes de la historia, las muecas irónicas de un destino cuyos arcanos no podremos descifrar en su totalidad.

Otro dato interesante es aquel sobre la presencia en nuestra tierra del afamado compositor huanuqueño Daniel Alomía Robles, el archiconocido autor de “El cóndor pasa”, pieza notable de nuestra música nacional. Pero no sólo es eso, sino que estando en el distrito de Marco tuvo oportunidad de recoger la melodía de su “Himno al Sol”, otra de sus notables composiciones, de una belleza y ternura sin par. Escuchando tocar su quena a un indio de 117 años, el músico tuvo el convencimiento de que esos sones encerraban todo el drama y el misticismo del habitante del ande, sobrecogido por un sentimiento de hondo lirismo divino.

No sé si todos los jaujinos sabrán que en algún tiempo la ciudad tuvo su diario, como todo pueblo culto que posea el sentido de su trascendencia. Pues bien, el diario El Porvenir fue fundado en 1908 por Aníbal Motto Vivanco, otro hijo importante de la tierra, cuyo nombre ahora lleva la moderna avenida que nace en la Plaza de La Libertad y que enrumba hacia los distritos situados al este de la ciudad, como Julcán, Pancán y San Pedro de Chunán. Dicho periódico se publicó hasta 1963, donde por razones económicas dejó de salir, quedando Jauja huérfana de un medio de expresión fundamental para su propio desarrollo cultural.

De la misma manera, existieron en las primeras décadas del siglo pasado algunos clubes de renombre, de los cuales a duras penas subsisten algunos de ellos. Por ejemplo, el Hatun Xauxa Club, fundado el 6 de abril de 1928 por ciudadanos pertenecientes a familias conocidas de la ciudad, entre los cuales figuran nombres como Alfonso Ampuero Gutiérrez, Isaac Benavides Hurtado, Carlos Bonilla del Valle, Gabriel Bonilla Monge, Juan Pío Castro Fernandini, Ulises Castro Fernandini, Gerardo M. García Álvarez, Manuel Landa Vargas, Alejandro Palacios Castellanos, Sixto Monge Loli, Oswaldo Véliz Hinostroza, Juan A. Villanes Véliz, Artemio y Eduardo Villar Olivera. Por las informaciones orales que he recogido, este club dejó de existir alrededor de fines de la década del 60.

El emblemático Casino Jauja se fundó el 6 de abril de 1923. Se instaló el 29 de agosto del mismo año, teniendo como socios fundadores a José Manuel Noriega, Moisés Landa, Alejandro Yuli, César Méndez Ríos, Raúl Argüelles, Max E. Cordero, Alberto Castro Fernandini, Gregorio Suárez Galarza y otros. Su vigencia se prolongó por muchos años, funcionando en los altos del ala derecha del Concejo Provincial, por carecer de local propio. El objetivo de los socios fue justamente la construcción de su sede institucional, decisión que se fue postergando hasta quedar finalmente en el aire, sufriendo el desalojo del ambiente municipal que ocupaba hasta hace unos años. Este club fue centro neurálgico de la vida social de la ciudad, en cuyos salones se celebraban un sinnúmero de festividades de todo tipo: veladas culturales, fiestas de promoción, quinceañeros, etcétera. Casi no hay jaujino que frise la cuarentena que no se precie de haber sido partícipe de una de aquellas reuniones.

El Centro Social Jauja se fundó en Lima en 1954, instalándose la directiva el 31 de enero bajo la presidencia de Julio S. Morales Saravia. Reúne esta asociación a los jaujinos residentes en Lima, quienes en la actualidad ostentan un local propio en el distrito de San Miguel de la capital. Su amplio salón es escenario de diferentes actividades de corte festivo, cultural y patronal. Lo mismo se puede decir de la Sociedad Unión Artesanos, la más antigua institución de este tipo, fundada el 8 de mayo de 1890, cuya sede está en el céntrico Jr. Junín de la ciudad, y que también ha sido escenario de una variedad de actividades sociales de los habitantes de Jauja. Recuerdo haber asistido a presentaciones musicales, veladas literarias, fiestas promocionales y reuniones patronales en sus instalaciones. Tampoco olvido que allá por los años 80 mi madre accedió al cargo de presidenta de la institución, siendo, creo, la primera mujer en ocupar dicho sitial. Gracias a ella también pude conocer la biblioteca de la Sociedad, ubicada en el segundo piso del local.

Espinosa Bravo no era un estilista, su prosa posee ciertos rasgos retóricos y manieristas que resultan algo pomposos y altisonantes, pero ello no desmerece para nada su aporte historiográfico, por cuyas páginas uno puede pasearse con la placidez y la curiosidad de quien accede al pasado de una forma natural, encontrando siempre una información de primera mano sobre distintos tópicos relacionados con nuestra historia y sus protagonistas. Su lectura ha significado para mí un enorme servicio a mis propios intereses intelectuales, espoleando otras búsquedas y cotejando otros textos para tener una visión más precisa sobre Jauja y su historia.

 

Lima, 14 de mayo de 2022.