miércoles, 14 de febrero de 2024

Kafka enamorado

 

Ahora que estamos en el año de Kafka, pues en junio se cumplen cien años del fallecimiento del formidable escritor checo, es bueno repasar un segmento particularmente íntimo de su obra: su correspondencia amorosa, dirigida primero a Felice Bauer, con quien estuvo prometido, y luego a Milena Jerenská, su traductora al checo. Franz Kafka, a pesar de haber nacido en Praga, escribía en alemán, como buen ciudadano del imperio austro-húngaro, por eso es considerado en los estudios literarios como parte de la literatura alemana, tal vez el exponente más notable de esa lengua en el siglo XX. No desconocía el checo; sin embargo, sabía que su producción cobraría dignidad al ser traducida a ese idioma por esta mujer, periodista y escritora, poseedora de una fina sensibilidad y una gran cultura, quien por cierto, le había solicitado antes su autorización para realizar la traducción de una de sus primeras obras.

Me centraré en su correspondencia con esta última, a propósito de la relectura de Cartas a Milena (Alianza Editorial, 1984), texto que vuelve a deleitarme después de más de treinta años. En aquella ocasión, me sirvió además de inspiración para las misivas que yo perpetraba teniendo como filosofía aquello que afirmaba con gran agudeza el poeta Luis Hernández: “Yo creo en el plagio, y con el plagio creo”. El tono reflexivo, las perspicaces descripciones de los escenarios y las situaciones, la penetración psicológica, la autoironía y un sentido del humor soterrado e inmanente, hacen de la lectura de estas cartas una gozosa aventura del sentimiento y de la imaginación.

Compiladas y anotadas por Willy Haas, las cartas que Kafka escribió a Milena comprenden desde 1920 hasta 1922, y recogen una relación que empezó siendo de amistad, por razones estrictamente literarias, y que lentamente va transitando hacia una singular pasión amorosa cuya intensidad va a la par de la eficaz y magnífica prosa del autor de El proceso. Las comunicaciones fueron enviadas sin fecha, por lo que el trabajo del compilador ha debido de ser muy arduo para ordenarlas cronológicamente. Milena pertenecía a una familia muy conocida de Praga y estaba casada con un intelectual bohemio. Cuando Kafka y Milena se conocieron, él tenía 37 años, y ella, 24.

De hecho, Kafka se comprometió dos veces, incluso algunos biógrafos dicen que hasta tres, pero no pudo llevar a cabo su propósito por razones que quizá son algo complejas y a la vez sencillas de analizar. Muchos fragmentos de las cartas poseen referencias y prefiguraciones de las atmósferas de sus escritos de ficción, especialmente de La transformación -más conocida como La metamorfosis-. Por ejemplo, en una carta le cuenta a Milena que no ha podido salvar a un coleóptero que yacía desesperado patas arriba. Cuando él creía que ya agonizaba, pasó una lagartija sobre el insecto, éste se incorporó presto y echó a volar. Esta escena nos remite inmediatamente al comienzo de su más afamada novela, donde Gregor amanece una mañana convertido en un monstruoso insecto sin poder levantarse y con las patitas agitándolas inútilmente en el aire.

Enseguida le comenta: “De algún modo eso me infundió un poco de ánimo a mí también; me levanté, bebí leche y empecé a escribirle.” No debemos olvidar que la bebida favorita de Gregor Samsa era la leche, y que en su nueva condición de insecto esta bebida le resulta indiferente, pues su hermana Gretel, durante los primeros días del terrible acontecimiento, le lleva un cazo de leche con pan remojado a su habitación, pero luego comprueba que ha dejado intacto el alimento. Entonces varía su dieta y a partir de ese momento le llevará desperdicios diversos.

La relación se hace cada vez más intensa, a menudo prolija en detalles que sólo una sensibilidad como la de Franz Kafka es capaz de detectar. Por desgracia, no contamos con las cartas que ella le escribió, las cuales apenas podemos deducirlas de las referencias y comentarios que realiza el propio Kafka. Aun así, adentrarse en el sentir y el pensar del novelista checo, constituye una aventura descomunal, una experiencia única en el conocimiento del espíritu y el corazón de un gran creador. Y pensar que durante todo ese tiempo sólo se vieron dos veces: una en Viena, donde radicaba Milena, encuentro que duró cuatro días; y otra, en Gmünd, en el centro oeste de Austria. Kafka se encontraba en Merano, un idílico valle alpino en Italia, donde pasaba una temporada de cura debido a la tuberculosis.

A la muerte del escritor, Milena escribe su obituario en un periódico de Praga, donde describe perfectamente la misteriosa personalidad de un Kafka tímido, reservado, demasiado sabio para la vida e incapaz de luchar contra un enemigo poderoso, a quien puede llegar a avergonzar precisamente por ese poder. Ella se vuelve a casar, tiene una hija, se divorcia otra vez. Se afilia al partido comunista checo, consolida su carrera como periodista y pronto se desencanta de la deriva del régimen soviético por los testimonios que recibe de personas amigas, como es el caso de Margaret Buber-Newman, quien escribirá un hermoso libro publicado después de la muerte de Milena en el campo de concentración de Ravensbrück, en 1944, donde estuvo confinada cuatro años por sus actividades en favor de ciudadanos judíos que huían de la barbarie nazi.

 

Lima, 12 de febrero de 2024.




lunes, 12 de febrero de 2024

Sobrevivientes

 

En octubre de 1972 se produjo una de las tragedias aéreas más sonadas de Latinoamérica, cuando un avión de la Fuerza Aérea Uruguaya, que transportaba a 45 personas, se estrelló en la cordillera de los Andes, en la frontera de Argentina con Chile. En ella viajaba la delegación del equipo de rugby del país, acompañados por algunos familiares y amigos de los jóvenes deportistas, más los miembros de la tripulación. Después de una breve escala en Mendoza, la nave rumbo a Santiago de Chile perdió el control, debido tal vez a la densa nubosidad de la zona, y terminó desintegrándose en choques sucesivos con las cresterías nevadas de una altura superior a los 5 mil metros sobre el nivel del mar.

Este es el tema de la reciente película La sociedad de la nieve, del español Juan Antonio Bayona, estrenada el año pasado y que compite para los próximos premios Oscar. Producida a partir del libro del mismo nombre de Pablo Vierci, la historia revive un hecho luctuoso de la aviación. La he visto la otra noche y me ha parecido muy interesante, un tratamiento bastante sobrio de un asunto que puede prestarse fácilmente a la truculencia. La actuación de artistas uruguayos y argentinos le proporciona una buena dosis de realismo al film, así como el escenario que es el mismo que vivieron las víctimas de hace medio siglo, aunque algunas escenas se hayan grabado en la Sierra Nevada española.

Durante el primer saldo de la violenta incursión sobrevivieron 27 viajeros, que empezarían a vivir a partir de ese momento una verdadera hazaña de supervivencia, debiendo soportar por 71 días los embates encarnizados de la baja temperatura, la falta de alimentos, los heridos sin atención suficiente y la desesperación gradual de todos. Una tormenta de nieve, a los pocos días del accidente, prácticamente los sepultó en la montaña, ocasionando la muerte de 9 personas más. En los siguientes días otros dos morirían al encontrarse muy mal heridos. Cuando a través de un equipo de radio escuchan que las labores de rescate se dan por concluidas, han pasado ya diez días de la caída. En ese instante son conscientes de que su salvación depende de ellos mismos.

Al agotarse los suministros, se produce una terrible disyuntiva que pone a prueba el valor moral de cada sobreviviente. Discuten sobre la posibilidad de consumir la carne de sus compañeros fallecidos. Un viejo tabú de la humanidad se coloca en el debate en circunstancias dramáticas para 16 seres humanos cuya única alternativa es sobrevivir o morir. Algunos toman la difícil decisión de salvarse, aun a costa de un hecho que para muchos es reprobable desde todo punto de vista; otros declinan por razones religiosas. Sin duda que es el momento más tenso de la película.

A los sesenta días de una peripecia increíble, dos de los muchachos deciden arriesgarse y salen a pedir auxilio cruzando los picos nevados, las abruptas laderas y desafiando la inclemencia de un clima extremo. Se dirigen al oeste, pues saben que en algún momento divisarán las estribaciones del lado chileno de Los Andes. La travesía de diez días es descomunal, una auténtica prueba de lucha por la vida, la voluntad humana puesta al límite, la resistencia personal al servicio de la afirmación práctica de la solidaridad, la empatía y la resiliencia. Una acción de heroísmo sin discusión alguna. Divisar al arriero chileno al otro lado de un río, es el santo y seña de un noble objetivo conquistado.

En 1976 se produjo la primera versión cinematográfica de la tragedia, Supervivientes de los Andes. Fue rodada en México por René Cardona, basada en el libro del mismo título de Clay Baird Jr. En 1993 se realizó una segunda película sobre este acontecimiento que la prensa bautizó como el milagro de los Andes. La producción titulada en inglés Alive (¡Viven!), fue producida y dirigida por Frank Marshall, basada en el libro homónimo de Piers Paul Reed de 1974. Tal parece, sin embargo, que la última versión posee un mayor calado en el tratamiento del tema como en la profundización de los personajes, así como en el enfoque centrado en los aspectos reflexivos y existenciales de un episodio de esta magnitud. De hecho, la primera versión fue muy mal recibida por la crítica, por el abordaje plano y efectista del hecho. La segunda estuvo mejor, a pesar del evidente acento puesto en el lado religioso de una vivencia así.    

Esta proeza de la sobrevivencia no se podría decir que es en realidad insólita, pues son numerosos los casos que registra la historia de personas que lograron sobreponerse a situaciones tan retadoras. Muchas fatalmente no pudieron hacerlo, pero lo intentaron, porque el instinto de vida es tan fuerte que es capaz de cosas tan extraordinarias o extremas con el único fin de salvarse, de no morir. Freud hablaba del eros y del tánatos, dos instintos poderosos y opuestos, uno de vida y el otro de muerte, que habitan en todo ser humano. Según la realidad, el carácter o las circunstancias, logra triunfar uno de ellos, y en este caso fue el primero que logró imponerse para que esos dieciséis sobrevivientes contaran al mundo su increíble experiencia.

Lima, 31 de enero de 2024.